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Audiencia de León XIV con representantes políticos y civiles de Francia
(Vatican News).- No «una simple devoción privada», sino «una forma de vivir en sociedad impregnada de amor a Dios y al prójimo que, en Cristo, ya no es un enemigo sino un hermano»: esto es el cristianismo y León XIV lo recuerda con claridad a unos cuarenta miembros de la delegación de representantes políticos y personalidades civiles de Val de Marne, en la diócesis francesa de Créteil, recibidos en audiencia esta mañana, jueves 28 de agosto.
Dirigiéndose en francés a los presentes, acompañados por el obispo, monseñor Dominique Blanchet, el Papa recuerda que «ante las derivas de todo tipo» de las sociedades occidentales, el cristiano debe «volver la mirada hacia Cristo» para pedirle ayuda en el ejercicio de las propias responsabilidades.
Responsabilidades de las que el obispo de Roma dice ser «muy consciente»: la dificultad de «actuar y decidir en coherencia con la propia fe» debido a «una laicidad a veces malinterpretada»; la complejidad de llevar adelante «el compromiso abiertamente cristiano» en algunas sociedades occidentales donde «Cristo y su Iglesia son marginados, a menudo ignorados, a veces ridiculizados».
Sin olvidar «las presiones, las directrices de los partidos y las colonizaciones ideológicas» —afirma León XIV, citando a su predecesor Francisco— a las que están sometidos los políticos. Ante todo esto, subraya el Pontífice, es necesario «el valor de decir, a veces, “¡No, no puedo!”», sobre todo cuando «está en juego la verdad».
Por lo tanto, el consejo que el Papa ofrece a la delegación francesa es uno: unirse cada vez más a Jesús, vivir de Él y dar testimonio de Él, porque en la personalidad de una persona pública no se puede llevar a cabo una separación: «No está por un lado el político y por otro el cristiano», sino que «está el hombre político que, bajo la mirada de Dios y de su propia conciencia, vive cristianamente sus compromisos y sus responsabilidades».
De ahí la referencia a la doctrina de la Iglesia —en particular a la doctrina social— cuyos fundamentos, subraya el Pontífice, están «sustancialmente en sintonía con la ley natural» que incluso los no cristianos y los no creyentes «pueden reconocer». Por eso, «no hay que temer proponerla y defenderla con convicción», ya que «es una doctrina de salvación que mira al bien de todo ser humano, a la edificación de sociedades pacíficas, armoniosas, prósperas y reconciliadas».
León XVI se detiene también en las «grandes cuestiones sociales» de la región francesa, citando en particular la violencia, la inseguridad, la precariedad, la droga, el desempleo y la desaparición de la convivialidad. Todos ellos son retos —añade— que el responsable cristiano está llamado a afrontar con «la caridad social y política», que hace «amar el bien común y buscar efectivamente el bien de las personas». También porque la promoción de valores que, aunque evangélicos, estén «vaciados de Cristo», no permite «cambiar el mundo».
Por último, el Pontífice desea a la delegación, llegada a Roma en peregrinación, que regrese a sus compromisos fortalecida en la esperanza y más firme en trabajar «por la construcción de un mundo más justo, más humano, más fraternal», que no es otra cosa que «un mundo más impregnado del Evangelio».
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