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Jornada de la Vida Consagrada

Consagradas y consagrados, semillas de paz donde la dignidad está herida

Ante la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada ha enviado una carta titulada "Profecía de Presencia: La Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba"

Jubileo de la Vida Consagrada

(Lorena Leonardi/Vatican News).- "Profecía de Presencia y Semilla de Paz" en el contexto histórico, hombres y mujeres consagrados de todo el mundo son los destinatarios de la carta firmada el miércoles 28 de enero, por la hermana Simona Brambilla, misionera de la Consolata y prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; por el proprefecto, el cardenal Ángel Fernández Artime, salesiano; y por la secretaria, Tiziana Merletti, de las Hermanas Franciscanas de los Pobres. La carta, titulada "Profecía de Presencia: Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba", ante la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrar este lunes 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor, y culminará con la Misa presidida por León XIV en la Basílica de San Pedro esta tarde a las 17:00 h.

Una presencia que permanece

Los responsables del dicasterio escriben que, durante el último año, durante sus viajes y visitas pastorales, han tenido el don de tocar y ser tocados por la vida de muchas personas consagradas, encontrando los rostros de muchas de ellas llamadas a compartir situaciones complejas: contextos marcados por conflictos, inestabilidad social y política, pobreza, marginación, migración forzada, minorías religiosas, violencia y tensiones, elementos todos ellos que ponen a prueba la dignidad, la libertad y, a veces, la fe misma de las personas. Pero, continúan, estas son experiencias que revelan simultáneamente la dimensión fuerte y profética de la vida consagrada como presencia que perdura: junto a pueblos e individuos heridos, en lugares donde el Evangelio se vive en condiciones de fragilidad y prueba.

Cartel XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada | 5

Señales de un Dios que no abandona

Un "permanecer" que asume diferentes rostros y desafíos, al igual que varían las complejidades de las sociedades, según si la vida cotidiana está marcada por la fragilidad e inseguridad institucional o si las minorías religiosas experimentan presiones y restricciones, pero también donde la prosperidad coexiste con la soledad, la polarización, nuevas formas de pobreza y la indiferencia. Esto incluye contextos donde la migración, la desigualdad y la violencia generalizada desafían la convivencia civil. En muchas partes del mundo, "la situación política y social pone a prueba la confianza y erosiona la esperanza", afirma la carta, por lo que la presencia "fiel, humilde, creativa y discreta" de las personas consagradas se convierte en un "signo" de que "Dios no abandona a su pueblo".

“Permanecer” según el Evangelio

Además, el documento profundiza en el concepto de "permanencia" evangélica, que nunca es "inmovilidad", ni mucho menos "resignación", sino "esperanza activa" capaz de generar "actitudes y gestos de paz" mediante "palabras que desarman" donde las heridas del conflicto parecen borrar la fraternidad, y "relaciones que dan testimonio" del deseo de diálogo entre culturas y religiones. Esto incluye "opciones que protegen" a los pequeños incluso cuando estar a su lado exige un precio; "paciencia" en los procesos, incluso dentro de la comunidad eclesial; "perseverancia" en la búsqueda de caminos de reconciliación; y "valentía" al denunciar situaciones y estructuras que niegan la dignidad humana y la justicia. A la luz de todos estos elementos, este "permanencia" no es meramente una opción personal o comunitaria, enfatizan, sino que se convierte en una "palabra profética para toda la Iglesia y el mundo".

Muchas expresiones de una sola profecía

Precisamente «como semilla que acepta la muerte para que la vida florezca», la profecía de toda vida consagrada, en sus diversas y complementarias formas, se expresa en la capacidad de permanecer: la vida apostólica, por ejemplo, hace visible una proximidad trabajadora que sostiene la dignidad herida; la vida contemplativa custodia, mediante la intercesión y la fidelidad, la esperanza cuando la fe se pone a prueba. Además, la carta continúa enumerando los estados de vida: los institutos seculares dan testimonio del Evangelio como «levadura discreta» en contextos sociales y profesionales; el Ordo virginum manifiesta el poder de la generosidad y la fidelidad que «abre al futuro»; la vida eremítica recuerda «la primacía de Dios y lo esencial que desarma el corazón». En la diversidad de todas estas formas, enfatiza la carta, «se configura una única profecía: permanecer con amor, sin abandono, sin silencio, haciendo de la propia vida la Palabra para este tiempo y para esta historia».

Semilla que permanece

Floreciendo como semillas de paz

Y dentro de esta "profecía de permanencia", se desarrolla un testimonio de paz, entendido —afirma el documento— como un "camino exigente y cotidiano" de escucha, diálogo, paciencia, conversión de mente y corazón, y rechazo a la lógica de la opresión del más fuerte. Por ello, explica el documento, la vida consagrada, al permanecer cerca de las heridas de la humanidad "sin ceder a la lógica del conflicto", pero "sin renunciar a decir la verdad de Dios sobre la humanidad y la historia", se convierte en "artesana de paz". El documento concluye con un agradecimiento a los consagrados por su perseverancia, una invitación a permanecer, tras el Jubileo que se les dedicó el pasado 10 de octubre, como peregrinos de esperanza en el camino de la paz, y una encomienda al Señor para que nos permita "permanecer", "consolar" y "recomenzar", y así ser, en la Iglesia y en el mundo, "profecía de presencia y semilla de paz".

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