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El consistorio reclama a los cristianos que "no sean meros espectadores de una ruina social, sino sabios arquitectos que reconstruyan la ciudad de todos"

Se necesita un lenguaje del corazón para superar el conformismo, la corrupción y la sensación de imposibilidad generada al constatar que las propiedades y los recursos para alcanzarlo están en manos de unos pocos

El consistorio extraordinario, con el Papa
El consistorio extraordinario, con el Papa | Vatican Media
27 jun 2026 - 15:40

(Síntesis de la Sala Stampa).- Tras la Santa Misa celebrada por Su Eminencia el cardenal Re, a las 9:30 los cardenales se reunieron en la Sala Pablo VI para la tercera sesión del Consistorio, moderada por el cardenal Rugambwa. El Papa León XIV dirigió la oración del Adsumus y, en su nombre, el cardenal moderador agradeció al Colegio las palabras de apoyo a sus llamamientos a la paz y exhortó a que estos fueran aún más eficaces, asumiendo su responsabilidad en las diócesis y regiones de origen, para que se eleve un llamamiento unánime que dé aún más fuerza a este compromiso común.

A continuación, tomó la palabra el cardenal Brislin para presentar su informe introductorio sobre el tema «Construir en el bien: las obras de nuestro tiempo». Tras un momento de oración y silencio, el cardenal Rugambwa dio inicio a los trabajos en grupo y fijó la reanudación de la sesión plenaria, tras la pausa, a las 11:30.

Tercera sesión del consistorio
Tercera sesión del consistorio | Vatican Media

El Papa, presente al inicio de la sesión, regresó antes de que comenzaran las ponencias de los grupos. Once grupos presentaron sus informes en el Pleno: los ocho del primer grupo y los tres del segundo.

individualismo exacerbado, IA y polarización

Gran parte de los grupos centraron su reflexión en un análisis de las profundas fracturas de nuestro tiempo, entre los pueblos, las naciones, dentro de las sociedades y de las propias familias, y en cómo estas generan heridas, especialmente entre los más pobres, los más débiles, los jóvenes —a quienes les falta el sentido de la novedad— y los adultos que carecen de la sabiduría que da la edad. Muchas de las ponencias ponían de relieve el peligro de la falta de sentido y de relaciones significativas, de identidad, que empujan hacia una actitud tribal. Todas subrayaban el papel de un individualismo exacerbado que lleva a la ilusión de que los demás existen para nuestro éxito.

En este contexto se inserta el reto de la inteligencia artificial, como una dimensión antropológica sobre la que reflexionar identificando valores humanos compartidos, partiendo de la llamada a dar un nombre a los seres vivos —y no reducirlos a números y estadísticas—, a experimentar y aceptar el sentido humano del límite —que la IA tiende a negar— y a defender la dignidad del trabajo.

En este marco, muchos grupos han hablado del valor del bien común, como algo difícil de asimilar y comprender, que a menudo la política no busca; de cómo se necesita un lenguaje del corazón para superar el conformismo, la corrupción y la sensación de imposibilidad generada al constatar que las propiedades y los recursos para alcanzarlo están en manos de unos pocos. El sentido del bien común tiene su origen en la fe, han afirmado numerosos grupos, en la fe en Dios y en lo trascendente que hay en cada persona, que lleva al hombre a superar toda frontera, la primera que lo lleva más allá de sí mismo, a vivir la solidaridad con los pobres, como respuesta al individualismo, viviendo plenamente la catolicidad, construyendo relaciones desinteresadas —no instituciones— a todos los niveles, y buscando un lenguaje capaz de dialogar con entornos ajenos a la fe cristiana.

Misa presidida por Re
Misa presidida por Re | Vatican Media

En esto es esencial el papel de la política, así como el compromiso de las instituciones eclesiásticas en la formación de los futuros servidores públicos, para que se conozca y se estudie la doctrina social de la Iglesia, como remedio para las divisiones. El antídoto contra el individualismo y las fracturas —convenían muchos grupos— es el Evangelio, una Iglesia que transmita un sentido de pertenencia, capaz de aliviar las heridas de nuestro tiempo, renovada para evitar formas de integralismo y polarización, que haga visible su rostro samaritano; cristianos que no sean meros espectadores de una ruina social, sino sabios arquitectos que reconstruyan la ciudad de todos. En este contexto, es un signo de esperanza el reconocimiento de que nos enfrentamos a los mismos retos, en muchos ámbitos y en muchas partes del mundo, y de cómo la comunión con Cristo nos hace preocuparnos menos por lo que piensan los demás.

Varios grupos subrayaban, en este sentido, el valor de la sinodalidad, como vía de escucha y diálogo, y también de responsabilidad eclesial.

Al término de las ponencias, se dio la palabra a algunos cardenales, que retomaron los temas de la sesión en términos más personales. Otros expresaron su gratitud al Papa por sus recientes viajes apostólicos y su compromiso en favor de la paz. La sesión concluyó a las 12:45 con la oración del Ángelus, dirigida por el Santo Padre.

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