La cruz de Belén que protegió y acompañó al Papa en el Gemelli
El crucifijo remite a la artesanía de las Hermanas de Belén y a una espiritualidad centrada en la contemplación
En una habitación de hospital, una cruz puede ser algo más que un objeto religioso y convertirse en un punto donde descansar la mirada, una ayuda para rezar y un recordatorio de compañía en la fragilidad. Ese es el sentido de la cruz de Belén que León XIV habría elegido para acompañarlo durante su hospitalización en el Policlínico Gemelli.
El Pontífice ingresó el 13 de octubre para someterse a una intervención por un nódulo pulmonar. El viernes 16, el Vaticano difundió las primeras fotografías de su convalecencia, en las que aparece celebrando misa junto a su secretario, Edgar Rimaycuna. Las imágenes sitúan la oración y la celebración eucarística dentro de su vida hospitalaria y en una pequeña capilla presidida por la cruz de Belén.
Una obra vinculada a las Hermanas de Belén
La Fundación Contemplare incluye en su catálogo el ‘Crucifijo de Belén’ y lo atribuye a las Hermanas de Belén. La autoría que figura es, por tanto, comunitaria y remite al trabajo artesanal de las religiosas, no al nombre de un escultor individual.
Se trata, como explica la web Contemplare, de una de las obras más representativas del taller de artesanía religiosa de las Hermanas de Belén, que viven en soledad, oración y recogimiento, en una constante búsqueda del rostro de Cristo, siguiendo la llamada monástica heredada de Oriente y Occidente, y alimentándose de la liturgia, la Palabra y el trabajo manual.
La Familia Monástica de Belén es una joven orden de clausura fundada en Francia en 1951 y sus monjas consagran su rutina al silencio y la adoración en el monasterio de la Bondad de Dios en la pequeña aldea onubense de Marigenta, en Zalamea la Real (Huelva). El impresionante Cristo de Madera que presidió la misa del Papa en Cibeles medía 4,5 metros de altura. Ahora, y con unas dimensiones mucho más reducidas vuelve a colocarse en el foco de la actualidad en la capilla del Papa en el Gemelli de Roma.
La cruz como compañía, no como amuleto
El sentido espiritual de una cruz junto a un enfermo no está en atribuir al objeto una protección automática. Es una ayuda para dirigir la oración a Cristo y reconocer su cercanía en el sufrimiento.
En esa lectura cristiana, el crucifijo recuerda que la vulnerabilidad no deja a la persona fuera del amor de Dios. La cruz no niega el dolor ni sustituye la atención médica, sino que ofrece un lenguaje para atravesarlo desde la confianza.
La palabra compañía expresa mejor ese significado que cualquier idea de garantía frente a la enfermedad. Ante la cruz, el creyente puede pedir fortaleza, agradecer los cuidados recibidos, expresar miedo o permanecer en silencio.
Del silencio del monasterio al silencio del hospital
La presencia de una obra nacida de la vida contemplativa en un entorno hospitalario permite una lectura sencilla. Y es que el trabajo de unas manos dedicadas a la oración puede convertirse en apoyo para la oración de otra persona.
En las primeras fotografías oficiales difundidas durante su recuperación, León XIV celebra la misa en el espacio habilitado para su estancia. La enfermedad ha cambiado el lugar y el ritmo de sus jornadas, pero no ha apartado de ellas la Eucaristía ni la cruz.