Monseñor Lorenzelli: "Más que obispo, me siento un educador"
El obispo auxiliar de Santiago de Chile asume la presidencia de la OIEC y apuesta por fortalecer la identidad de las escuelas católicas, escuchar a los jóvenes y responder a los desafíos educativos de un mundo en transformación
(Sebastián Sansón Ferrari/Vatican News).- "Más que un reconocimiento, es ponerse al servicio". Así vive monseñor Alberto Lorenzelli SDB su elección como presidente de la Organización Internacional de Educación Católica (OIEC), una responsabilidad que recibe con humildad y que, según reconoce, hunde sus raíces en una vocación que ha marcado toda su vida: la educación.
El obispo auxiliar de la arquidiócesis de Santiago de Chile fue elegido durante la XXII Asamblea General de la OIEC, celebrada en Roma el 20 de octubre de 2026, con la participación de representantes de más de 79 países y miembros asociados. La Asamblea renovó los órganos de gobierno de la Organización para el período 2027-2030 y confirmó a Hervé Lecomte como secretario general para un nuevo mandato de cuatro años.
En diálogo con Vatican News, monseñor Lorenzelli subraya que uno de los principales desafíos de la OIEC consiste en fortalecer la identidad y los proyectos educativos de las instituciones católicas en contextos culturales y sociales muy diversos. "Evangelizamos educando y educamos evangelizando", afirma, al sintetizar la misión que, a su juicio, debe orientar el trabajo de la Organización.
Una escuela católica presente en las fronteras
La renovación de la presidencia y del Consejo de la OIEC abre una nueva etapa para una red internacional llamada a acompañar a las comunidades educativas en los cinco continentes. Para el prelado salesiano, esta misión adquiere especial relevancia allí donde las condiciones sociales son más difíciles.
No se trata únicamente de transmitir conocimientos, sino de sostener una presencia que promueva la dignidad humana y acompañe a niños y jóvenes en circunstancias de vulnerabilidad
La escuela católica, observa, está presente en territorios rurales y también en zonas de conflicto y de guerra, incluso allí donde muchas veces no llega el Estado. En esos escenarios, la Iglesia continúa ofreciendo una propuesta educativa inspirada en los valores del Evangelio.
No se trata únicamente de transmitir conocimientos, sino de sostener una presencia que promueva la dignidad humana y acompañe a niños y jóvenes en circunstancias de vulnerabilidad. La identidad católica, explica, debe expresarse en proyectos educativos capaces de responder a las necesidades reales de las personas y de las comunidades.
Escuchar a los jóvenes y educar desde la humanidad
Durante su estancia en Roma, monseñor Lorenzelli participó también en el Congreso Internacional "Trazar nuevos mapas de esperanza", promovido por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, donde tuvo lugar un encuentro con el Papa León XIV.
Al recordar los desafíos abordados, destaca la necesidad de colocar a la persona en el centro del proceso educativo, sin descuidar la dimensión académica. El aprendizaje, sostiene, se enriquece cuando existe una atención particular a cada estudiante, acompañamiento y escucha.
"Hoy los jóvenes piden ser escuchados", señala. Por ello, considera fundamental que los educadores no se limiten a ofrecer respuestas prefabricadas, sino que sepan acoger las preguntas, las inquietudes y las críticas de las nuevas generaciones.
En este sentido, recuerda una conversación con un joven que expresó su temor ante una sociedad construida para los adultos y los ancianos, en la que las nuevas generaciones se sienten cada vez menos escuchadas y cargadas de responsabilidades frente al futuro.
Para monseñor Lorenzelli, esta realidad interpela directamente a las comunidades educativas. Escuchar a los jóvenes significa reconocerlos como protagonistas de su formación y no simplemente como destinatarios de respuestas elaboradas por los adultos.
"Tenemos que dar respuestas junto a ellos, pero las respuestas que ellos necesitan, no las que queremos nosotros ofrecerles", explica.
La CIEC, una red fundamental para la OIEC
La relación entre la OIEC y la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC) ocupa un lugar destacado en la reflexión del nuevo presidente. Lorenzelli reconoce que su llegada a la Organización internacional está estrechamente vinculada a su experiencia en el ámbito educativo latinoamericano.
Define a la CIEC como "la red educacional más importante que tenemos en la OIEC", al destacar la amplitud de su presencia, con miles de colegios y comunidades educativas y millones de niños y jóvenes.
La labor de la Confederación, explica, permite afrontar desafíos específicos de América Latina, el Caribe y el ámbito interamericano, entre ellos los cambios demográficos, las diferencias legislativas y las diversas condiciones sociales de los países.
A su juicio, la experiencia acumulada por la CIEC constituye también una aportación para otras regiones del mundo. Su trabajo pastoral y educativo, así como los espacios de reflexión que promueve, pueden ofrecer herramientas para actualizar los grandes principios de la educación católica en las comunidades escolares.
En esta perspectiva, el nuevo presidente de la OIEC expresa su voluntad de continuar acompañando la actividad de la CIEC y de contribuir a que sus iniciativas sigan enriqueciendo la cooperación internacional.
La vocación de educar
La trayectoria personal de monseñor Lorenzelli ayuda a comprender el lugar que concede a la educación en su nueva misión. Durante 26 años fue profesor, ejerció como rector de colegio y desempeñó diversas responsabilidades educativas. Actualmente, preside también el Área de Educación de la Conferencia Episcopal Chilena.
Al hablar de este recorrido, establece una relación profunda entre su vocación sacerdotal y su compromiso con los niños y los jóvenes. "Más que obispo, me siento un educador", confiesa.
Esta experiencia, considera, puede ayudarlo a comprender las necesidades de las comunidades escolares y a acompañar los desafíos que afrontan las instituciones católicas en distintos contextos.
Entre ellos, menciona la circulación de noticias falsas, la necesidad de formar el pensamiento crítico y la importancia de ofrecer a los estudiantes herramientas para buscar la verdad. Una tarea que no corresponde exclusivamente a las escuelas y universidades, sino que requiere también la participación activa de las familias, a las que reconoce como las primeras educadoras.
Familia, comunidad educativa, docentes y demás miembros de la vida escolar están llamados, por tanto, a colaborar en un proceso compartido de formación.
Cuatro años para renovar la esperanza
El mandato 2027-2030 se presenta como una oportunidad para reforzar la cooperación entre las instituciones educativas católicas, profundizar su identidad y responder a las preguntas de las nuevas generaciones.
Monseñor Lorenzelli asume este servicio desde una convicción que atraviesa toda su trayectoria: educar requiere cercanía, escucha y disponibilidad para caminar junto a los jóvenes, incluso cuando sus preguntas no encuentran respuestas inmediatas.