Fernández Artime: "San Francisco es un ejemplo de libertad que no domina, sino que sirve"
En la homilía de la misa para la celebración de la exposición del cuerpo del "Poverello" de Asís, el cardenal proprefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada invita a venerarlo como una exhortación concreta para afrontar los desafíos del presente
(Edoardo Giribaldi/Vaticano).- La libertad que no posee, sino que confía. Que no domina, sino que sirve. san Francisco encarnó esta independencia de la "lógica del mundo", y abrazarla no significa refugiarse en el pasado con una "mirada nostálgica", sino afrontar con firmeza los desafíos del presente. Esta es la clave de comprensión que ofreció el cardenal Ángel Fernández Artime, proprefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, en su homilía de la misa celebrada en la Basílica Superior de Asís, ayer, 22 de febrero, en el marco de la celebración de la exposición del cuerpo del "Poverello" de Asís, cuyos restos mortales podrán, por primera vez, ser venerados.
La verdadera libertad
El cardenal salesiano se inspiró en las lecturas litúrgicas, que presentaban las dos figuras de Adán y Cristo: el primero, representando al hombre que cede a la tentación de convertirse en Dios sin Dios, y el segundo, al Hijo que se entrega totalmente al Padre. "¿Queremos vivir según la lógica de la autosuficiencia y el poder, o según la lógica de la obediencia confiada a Dios?", es la pregunta que Fernández Artime nos invitó a plantearnos durante la Cuaresma. El camino está guiado por la elección de Francisco: hijo de un rico comerciante, podría haber vivido según las dinámicas mundanas, "pero escuchó otra voz". La voz que afirmaba que la verdadera libertad reside en la confianza y el servicio, más que en la posesión y el dominio.
Minoría, pobreza y obediencia
El Proprefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica recordó el relato evangélico de las tentaciones de Jesús, más actuales que nunca: convertir las piedras en pan, que significa «usar a Dios para satisfacer nuestras necesidades»; arrojarse del templo, que significa «buscar el éxito, lo sensacional»; recibir todos los reinos del mundo, que significa «elegir el poder pero adorar al maligno». Francisco conocía estas tentaciones, pero optó por no abrazar el orgullo, el acaparamiento ni la autosuficiencia: prefirió la minoría, la pobreza y la obediencia. En resumen, «eligió adorar solo a Dios».
"¿Cuál es mi desierto?"
El cardenal comparó entonces a Jesús, que sale del desierto para anunciar el Reino, con el santo de Asís que abandona su aridez interior para abrazar al leproso y a sus hermanos, reconstruyendo la Iglesia. «La victoria sobre la tentación nunca nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a los demás», afirmó Fernández Artime, quien también definió la veneración de los restos como algo más que un simple ejercicio de memoria con una «mirada nostálgica» sobre lo sucedido. Representa, más bien, una invitación fuerte y concreta a responder a las preguntas del presente: «¿Cuál es mi desierto? ¿Qué tentación me acecha? ¿Dónde me pide el Señor que dé un paso de confianza?».
La sobreabundancia de la gracia: dejarse salvar
Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia», escribió San Pablo. Francisco, afirmó el cardenal, es signo de esta superabundancia. No por una demostración de fuerza, sino «porque se dejó salvar por Dios», viviendo una vida que afirma que la santidad no está reservada a «unos pocos héroes», sino que representa «la plenitud de quienes confían en Cristo».
