Monseñor Claudio Palumbo: "La historia es un espacio teológico, no una amenaza"
El obispo de Termoli-Larino inauguró la segunda jornada del encuentro que se celebra en el Augustinianum. En su intervención, definió a los santos como "anticuerpos históricos": aunque no sean "teólogos de profesión", traducen el Evangelio en acciones concretas
(Edoardo Giribaldi/Vatican News).- A la historia le corresponde la tarea «titánica y noble» de narrar el «cómo» de las cosas; a la teología, la responsabilidad, igualmente esencial, de desvelar su «porqué». En medio se encuentran el transcurrir del tiempo y la vida real, que Dios no anula, sino que «provoca» mediante las figuras de los santos, «anticuerpos históricos» y testimonio concreto de una reciprocidad operativa entre dos ámbitos —la teología y la historia— considerados incompatibles durante demasiado tiempo. Estas fueron algunas de las reflexiones propuestas por el obispo de Termoli-Larino, monseñor Claudio Palumbo quien ayer, 20 de octubre, inauguró la segunda jornada del congreso «La santidad en la historia», organizado por el Dicasterio para las Causas de los Santos y programado hasta el día siguiente en el Instituto Patrístico Augustinianum de Roma.
La historia, "espacio teológico"
Al comenzar su conferencia inaugural, moderada por monseñor Gianpaolo Rizzotti, jefe de oficina del Dicasterio, Palumbo recordó una perspectiva ya esbozada por santo Tomás de Aquino, pero ampliamente acogida en la época moderna: la historia no es una «amenaza de la que haya que defenderse», sino un «espacio teológico en el que tiene lugar el diálogo entre Dios y la humanidad, entre la Iglesia y el mundo contemporáneo».
Cultivar una mirada «sintética» entre la fe y el curso de los acontecimientossignifica, por tanto, vivir «la misión que el Resucitado, en el terreno de la historia, ha confiado y sigue confiando a su Iglesia».
"¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?"
El prelado reconoció la aparente incompatibilidad entre ambos ámbitos de estudio. «Por un lado está la historia: el reino del cambio, de lo contingente, del fragmento, donde todo fluye y nada permanece idéntico. Por otro, encontramos la teología: la mirada dirigida hacia lo Eterno, lo Inmutable, lo Absoluto que trasciende el tiempo. La pregunta es: ¿cómo pueden dialogar lo transitorio y lo eterno?».
Ya desde el siglo II, la «tentación» era la separación: «¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?», se preguntaba el escritor y filósofo cristiano Tertuliano. Sin embargo, con el paso del tiempo, teólogos e historiadores fueron adquiriendo conciencia de la necesidad de un diálogo. «Reconocer la frontera de la diversidad» fue «el primer paso para descubrir que, aunque hablen lenguas diferentes, ambas disciplinas contemplan un mismo e idéntico misterio: el camino del hombre en el mundo».
Sustraerse al "sinsentido"
En la experiencia vivida por la humanidad resuena, en efecto, el anuncio kerigmático de Jesús. Este se realiza en el desarrollo de los acontecimientos, en cuyo interior Dios se da a conocer «hablando a los hombres como a amigos», explicó monseñor Palumbo. «Si el cristianismo es la religión de la intervención de Dios en la historia, puede decirse que la categoría de la historia se introduce en él precisamente por esta intervención. La historia se convierte en el tejido mismo de la Revelación».
Por su parte, la teología se ha ofrecido al estudio de las vicisitudes humanas como «hermenéutica», es decir, como «ciencia de la interpretación», sustrayéndolas al «sinsentido» de una existencia que, para retomar la imagen de Shakespeare, es «una historia contada por un idiota, llena de ruido y furia, que no significa nada».
La "mutua autonomía"
El principio que vincula la teología y la historia es, por tanto, el de la «mutua autonomía», sin que ninguna de las dos quede subordinada a la otra. «La historia ofrece a la teología el contexto real. Le recuerda que el hombre no es una idea abstracta, sino un ser inmerso en los desafíos de su tiempo: la pobreza, las guerras, las transiciones tecnológicas y los cambios culturales. La teología, por su parte, ofrece a la historia una orientación basada en los valores. Introduce en el flujo de los acontecimientos históricos una interpelación ética, una llamada a la dignidad intrínseca del ser humano que ningún poder temporal puede pisotear».
Una teología arraigada a la experiencia vivida
En la segunda parte de su intervención, el obispo de Termoli-Larino se detuvo en el valor de la santidad, situada en el punto de encuentro entre la teología y la historia. Entendida como «vida de perfección cristiana», esta se sitúa entre el devenir histórico de la humanidad y la búsqueda de una comprensión cada vez más profunda de los contenidos de la fe cristiana.
«Las numerosas figuras de santos que la Iglesia propone a la devoción, admiración e imitación de todos los creyentes demuestran la influencia recíproca que la teología y la historia ejercen continuamente». Como afirmaba el sacerdote y teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, «no hay verdadera teología si no está arraigada en la experiencia vivida y santa».
Miradas sobre el camino del hombre
En conclusión, ambas disciplinas de estudio no se han revelado como realidades incompatibles, sino como dos «miradas diferentes sobre el hombre en su camino» y en su relación con Dios. «En la historia de la Iglesia resulta evidente cómo los santos han contribuido a la comprensión del misterio revelado y a la inteligencia de la fe, aunque quizá no hayan sido “teólogos de profesión” ni hayan desempeñado funciones académicas. Se trata de una contribución innegable a la teología, debida no solo a su agudeza especulativa, sino también a la santidad vivida o al carisma santo al que pertenecían».
El método de los Acta Sanctorum
Tras la intervención de monseñor Sandro Corradini, antiguo promotor de la Fe del Dicasterio para las Causas de los Santos, dedicada al nacimiento de la sección histórica de la Congregación de Ritos y a la reforma de los procesos de beatificación y canonización, intervino el jesuita padre Robert Godding, quien abordó las principales cuestiones relacionadas con la investigación documental y archivística, exponiendo los instrumentos disponibles para llevarla a cabo. El religioso recordó que esta disciplina recibió un impulso fundamental con Jean Bolland y los Acta Sanctorum, una obra cuyos principios metodológicos siguen siendo válidos en la actualidad.
En la Praefatio Generalis se establecía un método basado en el examen de las fuentes, con el objetivo de elaborar un inventario de los santos a través de calendarios y martirologios. Un principio fundamental era la exhaustividad en la recopilación de los testimonios relativos a cada santo: no bastaba con examinar una sola Vita, escogiendo la más antigua o la más completa; era necesario considerar todas las fuentes disponibles o, al menos, aquellas que aportaran elementos originales e informaciones que, de otro modo, no estarían documentadas.
Este minucioso trabajo de investigación ayuda a comprender, explicó el padre Godding, por qué en abril de 2025 la UNESCO inscribió los Acta Sanctorum y su archivo en el registro internacional «Memoria del Mundo».
Los desafíos de la digitalización y de la IA
En 1876 se produjo un cambio fundamental en el método de trabajo de los bolandistas con la llegada del padre De Smedt, inspirado por la renovación de las ciencias históricas y filológicas en Alemania. Ya no bastaba con basarse en uno o dos manuscritos para publicar un texto hagiográfico: la edición crítica exigía entonces catalogar todos los testimonios manuscritos, a fin de establecer sobre qué bases debía elaborarse el texto.
Con el tiempo, estos instrumentos evolucionaron aún más gracias a la digitalización y a la creación de bases de datos electrónicas. Al abordar los desafíos futuros, el padre Godding subrayó cómo la informática y, más recientemente, la inteligencia artificial han transformado el trabajo de investigación.
Por una parte, estas tecnologías permiten localizar datos difícilmente accesibles mediante los métodos tradicionales y pueden ayudar, por ejemplo, a detectar posibles plagios. Por otra parte, entrañan el riesgo de generar información inexacta: todo dato que no vaya acompañado de una referencia a las fuentes debe ser verificado. Existe, además, el peligro de que se difundan contenidos falsos, no solo textos, sino también fotografías, vídeos y grabaciones de audio.