Jordi-Agustí Piqué, el monje catalán que recibe a León XIV en la histórica abadía de Montecassino
La visita del Papa a Montecassino deja una imagen con acento catalán
La visita privada del papa León XIV a la abadía de Montecassino ha dejado una de las imágenes más significativas de la semana. Junto al pontífice aparece Jordi-Agustí Piqué, el monje de Montserrat nombrado prior del monasterio en 2025, que lo recibe en uno de los centros espirituales más emblemáticos de la orden benedictina. Más allá de la fotografía, la escena simboliza la presencia discreta, pero relevante, de la Iglesia catalana en uno de los espacios fundacionales del monacato occidental.
La imagen muestra a León XIV y Jordi-Agustí Piqué caminando juntos por los patios de la abadía, inmersos en una conversación serena mientras recorren el conjunto monumental de Montecassino. El blanco de la sotana papal contrasta con el hábito negro del prior benedictino, haciendo que ambas figuras destaquen sobre la piedra clara del cenobio. Detrás de ellos, miembros de la comunidad benedictina y del séquito pontificio completan una escena de gran naturalidad, con la basílica y los claustros al fondo, un marco que recuerda que este encuentro tiene lugar en el corazón mismo del monacato occidental.
El encuentro se produjo durante la visita que León XIV realizó el pasado 20 de julio a la abadía fundada por san Benito. En un ambiente de máxima sencillez, el pontífice rezó ante la tumba del patrón de Europa, compartió la oración de la hora sexta con la comunidad benedictina, visitó la biblioteca y el archivo del monasterio y almorzó con los monjes antes de regresar a Castel Gandolfo. Una estancia privada que refleja la voluntad del Papa de vivir estos días de verano alejado de los grandes actos públicos y en contacto con las raíces espirituales del cristianismo europeo.
En este contexto, la figura de Jordi-Agustí Piqué adquiere una relevancia especial. El religioso catalán llegó a Montecassino hace solo unos meses, tras ser nombrado prior de la abadía, asumiendo una de las responsabilidades más destacadas de la orden benedictina. Después de toda una vida vinculada a Montserrat, su traslado a Italia representa una de esas «diásporas» monásticas que, lejos de separar a los monjes de sus raíces, proyectan el carisma benedictino allí donde la Iglesia los necesita.
El prior que llegó desde Montserrat
Cuando la Agencia Flama entrevistó a Jordi-Agustí Piqué tras su nombramiento como prior de Montecassino, el monje definió esta nueva etapa como un "reto" y, al mismo tiempo, como una "gracia". Lejos de entender el cargo como un reconocimiento personal, insistía en que se trataba de una oportunidad para servir a una comunidad con casi quince siglos de historia y una influencia decisiva en el desarrollo del monacato occidental.
Piqué destacaba especialmente que Montecassino es el lugar "donde san Benito escribió su Regla y donde reposan sus restos", un hecho que convierte a la abadía en una referencia espiritual única. También interpretaba su nombramiento como "un reconocimiento de toda la orden benedictina a la labor de Montserrat", una afirmación que pone de manifiesto el prestigio internacional que la comunidad catalana sigue manteniendo dentro de la familia benedictina.
El prior montserratino expresaba igualmente su deseo de seguir caminando "bajo el amparo de Santa María de Montserrat", a pesar de su nuevo destino. Una forma de recordar que su nueva misión no representa una ruptura con sus raíces, sino una prolongación del servicio que ha desarrollado durante décadas en el monasterio catalán.
