Konrad Krajewski: “Cuando nos ocupamos de los pobres, estamos en el centro del Evangelio”
El cardenal polaco y el médico Massimo Ralli explican el funcionamiento del ambulatorio del Vaticano para personas vulnerables
El pasado 14 de noviembre de 2025 fue inaugurado en el Vaticano el Ambulatorio San Martino, un centro médico que supone un nuevo paso en el compromiso de la Santa Sede con la atención sanitaria a las personas más vulnerables de Roma. En esta entrevista, el doctor Massimo Ralli, director de los ambulatorios de la Limosnería Apostólica, y el cardenal Konrad Krajewski, prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, explican el origen del proyecto, el impacto del nuevo servicio de radiología y el sentido de una asistencia que quiere curar, pero también acoger y devolver dignidad a los pobres.
Pregunta.¿Cómo nace la idea del Ambulatorio San Martino?
Respuesta.Ralli: El Ambulatorio San Martino, una nueva estructura que acompaña al ambulatorio Madre de Misericordia, nace de una doble necesidad. Por un lado, ampliar la posibilidad de atender a los pobres que acuden a las estructuras de la Limosnería Apostólica, añadiendo dos consultas equipadas con instrumentación de vanguardia. Por otro, ofrecer un servicio hasta ahora inexistente pero muy importante, es decir, la radiología. En particular, la ampliación de la oferta, tanto en términos numéricos como de servicios, se ha vuelto no solo útil sino necesaria, dado el continuo aumento de la demanda de atención médica por parte de personas que viven en situaciones de indigencia, marginación o dificultad, a menudo sin documentos ni otras posibilidades de curarse.
P.¿Cuál ha sido la impresión de León XIV al constatar el número de personas —más de 10.000— que reciben asistencia en el ambulatorio?
R.Krajewski: Las cifras de pobres que acuden a nuestros ambulatorios son notables; hay días en que incluso superan las cien personas. Se trata de personas que, en muchos casos, no tendrían ningún otro lugar adonde ir para recibir atención y medicamentos. Y esto golpea y conmueve el corazón de cada uno de nosotros, así como el del papa León XIV.
P.¿Qué impacto se espera del nuevo servicio de radiología en el diagnóstico de las enfermedades entre las personas en situación de pobreza?
R.Ralli: Quien vive en situaciones difíciles, durmiendo en la calle y expuesto a factores atmosféricos como el frío y la lluvia, tiene más posibilidades de desarrollar infecciones, pero también es más susceptible a patologías osteoarticulares, fracturas y enfermedades oncológicas. Lamentablemente, las condiciones de fragilidad de estas personas conducen a menudo a un diagnóstico en fases ya avanzadas, lo que dificulta los tratamientos y empeora aún más las condiciones generales de salud. Precisamente por eso, la rapidez a la hora de poder realizar una prueba radiológica —a menudo necesaria para que el médico pueda formular un diagnóstico y establecer una terapia— es crucial. Gracias a la activación de este servicio, será posible realizar exámenes radiológicos de manera inmediata, permitiendo el inicio rápido de tratamientos adecuados y contribuyendo así a mejorar la calidad de vida de quienes no tienen nada.
P.¿Cómo se articula la colaboración entre la Limosnería Apostólica, la Dirección Sanitaria Vaticana y los voluntarios que hacen posible este proyecto?
R.Ralli: Es una colaboración virtuosa, ¡un pequeño gran milagro! Cuando se activó el primer ambulatorio de la Limosnería (Madre de Misericordia) en 2016, todo comenzó con tres médicos voluntarios que se ofrecieron para atender a los pobres una vez por semana. Desde entonces, ha habido un crecimiento constante tanto de la demanda de atención por parte de los pacientes como del número de voluntarios, que al conocer esta realidad se ofrecían a su vez para servir al prójimo.
Hoy, los ambulatorios de la Limosnería Apostólica cuentan con una plantilla de más de 120 médicos —generalistas y especialistas—, enfermeros, farmacéuticos y técnicos sanitarios, todos voluntarios, que ofrecen su profesionalidad y su tiempo a los más frágiles siguiendo el espíritu del Evangelio. Al mismo tiempo, la Dirección de Sanidad e Higiene del Gobernatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano ha apoyado a la Limosnería desde los primeros días en el cuidado de los pobres, proporcionando apoyo activo, competencias y colaboración que han contribuido de manera significativa a la realización de este maravilloso proyecto.
P.¿Qué mensaje desean dirigir a las comunidades cristianas sobre la responsabilidad hacia los pobres?
R.Krajewski: Cuando nos ocupamos de los pobres, estamos en el centro del Evangelio, haciendo lo mismo que hacía Jesús. Y es precisamente Él quien hoy, a través de nosotros, cuida de ellos.
P.¿De qué manera se concretan, en la vida cotidiana, la acogida y el acompañamiento de las personas vulnerables que acuden a los ambulatorios?
R.Ralli: Cada día, hasta 100 personas acuden a los ambulatorios de la Limosnería Apostólica buscando acogida y cuidados. Son personas sin documentos, solas, ignoradas. Cuando cruzan el umbral de nuestros ambulatorios, son acogidas por los voluntarios, que les preguntan qué necesitan, llamándolas por su nombre y mirándolas a los ojos. A continuación, se les entrega un número de turno y, al cabo de unos minutos, el paciente es acompañado a una de las consultas, donde es escuchado, examinado y atendido por los médicos de servicio.
El proceso de atención a menudo prevé la realización de pruebas complementarias que, en la mayoría de los casos, se llevan a cabo in situ gracias a la disponibilidad de instrumental y a la presencia de numerosos especialistas, o bien se deriva a centros con los que colaboramos para prestaciones más avanzadas. Tras la visita, cada persona recibe del médico los medicamentos y las terapias que necesita, de manera absolutamente gratuita, así como un informe sanitario informatizado que indica de forma clara y concisa la evaluación sanitaria, el diagnóstico, las pruebas posteriores y la terapia a seguir.
P.¿Las personas atendidas por el ambulatorio pueden acceder gratuitamente a la Farmacia Vaticana con recetas de los médicos del ambulatorio?
R.Ralli: Sí. La posibilidad de recibir gratuitamente los medicamentos necesarios al final de la visita es muy importante para garantizar la continuidad del tratamiento y la adherencia al mismo en los días siguientes. Si están disponibles, los medicamentos se entregan directamente en el ambulatorio; en caso contrario, el médico emite una receta informatizada con la que el paciente puede acudir a la Farmacia Vaticana y obtener gratuitamente el medicamento. El acceso a la Farmacia Vaticana no solo permite recibir cualquier tratamiento necesario, sino que también contribuye a devolver dignidad a los pobres, permitiéndoles acceder al Vaticano para ser atendidos en la farmacia más famosa del mundo.
P.¿Hay alguna historia o testimonio que les haya conmovido especialmente durante estos años de asistencia sanitaria a los más pobres?
R.Ralli: Cada persona tiene su propia historia, que lleva consigo. Y esta se manifiesta a través del cuerpo marcado, las arrugas, la mirada. Y también en la soledad y en no tener nada, tan evidentes cuando vemos a los pobres llevar consigo, durante las visitas, esas pocas bolsas que contienen todo lo que poseen, y dejarlas cuidadosamente en un rincón de la consulta. Las historias más hermosas son muchísimas y nacen cada vez que vemos a alguien volver para decirnos que se encuentra mejor, que hemos aliviado al menos uno de sus muchos sufrimientos. O cuando nos muestran la sonrisa con los “dientes nuevos”, como ellos los llaman, gracias a nuestro servicio odontológico que ofrece prótesis dentales. O, finalmente, aquellos que vuelven a ver gracias a las gafas hechas a medida para ellos, o a oír gracias a las prótesis auditivas que de otro modo les serían inaccesibles.
P.¿Cuál es hoy su vínculo, cardenal, con las personas que viven en la calle en Roma? Es conocido que muchas de ellas tienen su número personal y que a veces usted mismo las visita de noche por las calles de la ciudad.
R.Krajewski: La tarea del Limosnero es ayudar a los pobres y necesitados según la lógica del Evangelio, tal como hacía Jesús. Y para ayudarlos, lo primero es estar presentes y dispuestos a escucharlos hoy, no mañana, porque las necesidades de quienes no tienen nada son del presente. Precisamente por eso, los pobres tienen un contacto directo conmigo, tanto por teléfono móvil como en persona.
P.¿Qué retos supone garantizar y mantener una asistencia médica de calidad a personas de diferentes nacionalidades y lenguas?
R.Ralli: Nuestro objetivo es acoger y cuidar a los pobres que llaman a nuestra puerta de la manera más atenta, profesional y completa posible, devolviéndoles al mismo tiempo la dignidad. Afortunadamente, especialmente en una gran ciudad como Roma, existen muchas realidades caritativas que pueden atender a quien lo necesite, y el propio Servicio Sanitario Italiano garantiza la atención de urgencia a cualquier persona que la requiera, independientemente de sus ingresos o de la posesión de un documento de identidad.
Sin embargo, para estas personas las dificultades a menudo se manifiestan por otras causas, como el acceso a la atención sanitaria —también y sobre todo primaria—, a las pruebas diagnósticas y a los medicamentos. En estos casos, nuestro objetivo es poder garantizar todo esto de la mejor manera posible, tanto desde el punto de vista sanitario como evangélico. La acogida, mirar a los ojos y escuchar a quien tenemos delante poniéndolo en primer lugar, no tratándolo como un número o una enfermedad sino como un hermano en quien vemos a Jesús, desempeña un papel central en la atención, especialmente de los más frágiles y marginados.
P.¿Cómo imaginan la evolución de este servicio en los próximos años?
R.Ralli y Krajewski: Como hoy, siempre presente para quien lo necesite.
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