León XIV pide a los cristianos que se sometan "a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza"

"Un Dios que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin hacer ruido". Es decir, someterse a la "lógica de la semilla"

El Papa en Castel Gandolfo
El Papa en Castel Gandolfo

Desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, León XIV rezó el ángelus y, en su alocuión, recordó que "Dios prefiere la pequeñez y el signo de amor discreto". Por eso, "con estos relatos, Jesús nos advierte contra la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal". Y predica "un Dios que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin hacer ruido". Es decir, someterse a la "lógica de la semilla".

Trigo y cizaña
Trigo y cizaña

Catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! 

Después de la parábola del sembrador, Jesús sigue hablándole a las multitudes a través de  algunas imágenes: el trigo bueno y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la harina (cf. Mt  13,24-43). 

Se trata de tres pequeñas parábolas que pretenden evocar la entrada del Reino de Dios en la  historia, su acción en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo  desde dentro. Con estos relatos, Jesús nos advierte contra la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma  triunfal. Por el contrario, Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres  para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de  forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin  hacer ruido.  

El Papa en Castel Gandolfo
El Papa en Castel Gandolfo

Hermanos y hermanas, con estas parábolas Jesús nos dice algo importante sobre la forma en  que Dios actúa en nuestra vida y en la historia. A veces esperamos algo espectacular, deseamos un  Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal. Nos imaginamos a un  Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos también a esta imagen nuestra forma de ser  cristianos y de ser Iglesia. En cambio, el Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y nos  pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo  de inmediato; viene como la más pequeña de las semillas y, por eso, exige la paciencia de saber acompañar los procesos, reconociéndolo en la pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida  ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina, y así nos libera del desánimo y  nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios está ausente. Porque, en realidad, Él  siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor. 

Trigo y cizaña
Trigo y cizaña

Este estilo de Dios debe convertirse también en la forma en que, ya sea como individuos, que como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea. Estamos llamados a adoptar un estilo evangélico,  sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin imponernos con el poder y la fuerza, sin  perder la confianza en la obra de Dios. Se trata —decía el entonces cardenal Ratzinger— de  someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que  nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas (cf. Discurso en el Jubileo de los  catequistas y de los profesores de religión, 10 diciembre 2000). De este modo, nosotros mismos nos  convertiremos en una pequeña semilla del Evangelio que germina y en una levadura de amor que  transforma la masa del mundo. 

El Papa en Castel Gandolfo
El Papa en Castel Gandolfo

Invoquemos a María Santísima, que supo acoger la semilla de la Palabra en su humildad, para  que nos sostenga en nuestro camino e interceda por nosotros. 

Al final de su alocución y antes de saludar a la gente en la plaza, León XIV recordó a los países "desgarrados por la guerra y la violencia" y pidió: "No nos olvidemos de quienes sufren y mueren a causa de los conflictos y el generoso compromiso por la paz".

El Papa en Castel Gandolfo
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