Valerie Daou, desde el Líbano al Vaticano para dar voz a los temores de las familias en zonas de guerra
Al margen del encuentro dedicado a 'Amoris Laetitia', la psicoterapeuta familiar libanesa Valerie Daou cuenta a los medios de comunicación del Vaticano las dificultades de las familias marcadas por el conflicto: «Cuando las primeras palabras que se oyen son una condena, la conversación se interrumpe».
(Edoardo Giribaldi / Vatican News).- Animar a «arraigarse en la realidad», cuando lo único que uno desearía es alejarse de ella. Si el amor no es una «certeza garantizada» y el mundo está marcado por los horrores de la guerra, por las inquietudes de la pobreza y por la fragilidad de las relaciones, ¿dónde encontrar el valor? No en las respuestas, quizá imposibles de encontrar, sino en saber que no estamos solos: «Somos dos los que afrontamos ese miedo. Y eso marca la diferencia». Estos son algunos de los temas planteados en una entrevista con los medios de comunicación vaticanos por Valérie Daou, psicoterapeuta familiar y profesora de la Universidad Saint-Joseph de Beirut, capital del País de los Cedros.
Mantener el diálogo
Daou interviene al margen de la rueda de prensa celebrada el 12 de octubre, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, sobre los trabajos del encuentro « A diez años de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy», que se ha celebrado en el Vaticano del 7 al 14 de octubre. A raíz de los debates surgidos en estos días, Daou se muestra «cada vez más convencida de que no se puede responder en solitario a los retos de la familia». Ante las fragilidades e incertidumbres que caracterizan a gran parte de los hogares actuales, es necesario un discernimiento común, especialmente en zonas marcadas por el temor inminente a una guerra que llama a la puerta a diario, como es el caso del Líbano. «Me doy cuenta de que lo más difícil tiene que ver con las personas que se sienten juzgadas», explica Daou, que también trabaja con prisioneros de guerra. «Esto les impide escuchar su propia voz interior. Cuando las primeras palabras que se escuchan son una condena, la conversación corre el riesgo de interrumpirse por completo».
¿Cómo ser una familia a distancia?
Otra cuestión propia del Líbano, planteada por la terapeuta, se refiere al hecho de que muchas familias se ven obligadas a emigrar. «Hay padres que se quedan allí mientras sus hijos se trasladan a Canadá, otros a Estados Unidos. Y entonces surge una pregunta: ¿cómo se mantiene la unión familiar a distancia?». En este caso, la tecnología viene al rescate, con las comunicaciones en línea, que suponen «una bendición maravillosa» para poder mantener el vínculo a pesar de la distancia.
El coraje de amar
«Conservar» es la palabra clave. «Sigamos hablando de ello, porque nuestra responsabilidad es transmitir a los jóvenes las herramientas para hacerlo». La realidad es cambiante y hace que las incertidumbres crezcan de forma desproporcionada: «Vivimos en un mundo en el que debemos seguir adelante enfrentándonos continuamente a lo imprevisible». El sentido de este encuentro, y de la pastoral familiar de la Iglesia, es, por tanto, educar en el amor que, aunque cada vez más oscurecido y menos «garantizado», sigue siendo «un camino que puede ser fecundo, incluso cuando no se logra alcanzar el resultado esperado». «Creo que este es precisamente el mensaje que transmitiría a los jóvenes seminaristas, a los jóvenes sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, y no solo a las parejas jóvenes y a las personas casadas. Es una realidad que se vive de forma concreta y a la que hay que saber abrirse con delicadeza y sensibilidad».
«Somos dos»
Estos son los valores que necesitan los jóvenes, cada vez más «informados» —o, al menos, con acceso a innumerables conocimientos—, pero poco preparados para enfrentarse al mundo. «Creo que la única respuesta es la presencia: estar a su lado y ser capaces de escucharlos». Una presencia que sepa acoger y tranquilizar, «aunque no sea capaz de dar respuesta a todos los retos», permitiendo al menos que no se sientan solos: «Somos dos los que afrontamos ese miedo. Y eso marca la diferencia. Es lo que han atestiguado muchos jóvenes, en muchos países».
