Pagliarani: “La ruptura no proviene de la Fraternidad San Pío X (…). Hay que dejar de pedir perdón al mundo por haber intentado convertirlo”

El líder lefebvriano seguirá adelante con el cisma, y tilda de "desastre" el pontificado de Francisco: "La participación de un Papa en un ritual en honor de la Pachamama, en los jardines del Vaticano, es una locura y un escándalo que no tiene nombre", sostiene, lamentando el "silencio" de León XIV, quien sigue sin querer recibirle

Davide Pagliarani, superior general de los lefebvrianos
Davide Pagliarani, superior general de los lefebvrianos | SSPX.ORG

“La ruptura no proviene de la Fraternidad San Pío X, sino de la divergencia flagrante de las enseñanzas oficiales con la Tradición y el Magisterio constante de la Iglesia”. El superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, vuelve a echar un órdago a las autoridades vaticanas, a dos meses de la consagración inválida de obispos que conllevará, de nuevo, la excomunión de sus responsables, y un nuevo cisma en la Iglesia, cuando no se han superado todavía los ecos de lo sucedido en 1988.

En una extensa entrevista concedida a la web de la fraternidad, Pagliarani confirma que seguirán adelante con sus propósitos: “Las próximas consagraciones son un acto de fidelidad que busca conservar los medios para salvar la propia alma y las de los demás”.

“Hay quienes todavía esperan una respuesta de la Santa Sede a los dubia formulados hace diez años por cuatro cardenales —dos de los cuales hoy han fallecido— sobre Amoris Lætitia, o bien la eventual publicación de un nuevo motu proprio sobre la misa tridentina”, sacude el lefebvriano, quien insiste en “la gravedad real de los problemas actuales y a tomar una posición concreta”.

“Nada es más urgente hoy. Sin haberlo buscado, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentra siendo el instrumento de una sacudida saludable —sacudida de la que, en definitiva, solo la Providencia es artífice—. Providencialmente, se le concede contribuir a algo que la Iglesia necesita hoy más que nunca, para su bien y para su regeneración”, sugiere. 

Tucho Fernández y el superior general de los lefebvrianos
Tucho Fernández y el superior general de los lefebvrianos | Vatican Media

No evita Pagliarani las críticas al Papa Francisco, directa (“La palabra ‘desastre’ es la más apropiada para resumir el legado que dejó”) e indirectamente: “Hay que saber reconocer con sencillez que la participación de un Papa en un ritual en honor de la Pachamama, en los jardines del Vaticano, es una locura y un escándalo que no tiene nombre; finalmente, y sobre todo, hay que dejar de engañar a las almas y a la humanidad haciéndoles creer que todas las religiones adoran al mismo Dios bajo nombres diferentes”.

La 'confusión' de Sarah o Müller

“En una palabra: hay que dejar de pedir perdón al mundo por haber intentado convertirlo, cristianizarlo, y por haber condenado el error durante siglos”, defiende el superior de la Fraternidad, autoerigido en el guardián de las esencias de lo católico. Tanto, o más, que ultraconservadores como Sarah o Müller, que han criticado con dureza el pulso de los lefebvrianos a León XIV. “Estos cardenales, como otros, viven en una especie de dicotomía permanente que corre el riesgo de anular sus buenas intenciones: colocan estas dos exigencias una al lado de la otra, al modo cartesiano, y se encuentran como aplastados o desbordados por la aparente contradicción”.

La Fraternidad San Pío X puede ser sancionada, la misa tridentina prohibida… pero esos dos mil años nunca podrán ser suprimidos

Frente a ellos, otros conocidos por los grupos tradicionalistas, como Schneider o Strickland, que han apoyado a los lefebvrianos. Sobre Prevost, Paglarani muestra su “deseo más sincero” de encontrarse con él (de hecho, es una de las premisas para evitar el cisma). “Sin embargo, me sorprende que, por parte del Santo Padre, no haya habido hasta ahora ninguna respuesta ni reacción personal (…). Me cuesta comprender este silencio, sobre todo cuando tantas veces se nos recuerda la necesidad de escuchar el clamor de los pobres, el de las periferias, e incluso el de la Tierra”.

Sobre el futuro, lo ve claro: “La Fraternidad San Pío X puede ser sancionada, la misa tridentina prohibida… pero esos dos mil años nunca podrán ser suprimidos (…). Vendrá un día en que un Papa decidirá quitarse esta espina del pie: podrá entonces utilizarla como un instrumento dócil para contribuir —tal es nuestro deseo más profundo— a restaurarlo todo en Nuestro Señor Jesucristo”.

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