Parolin en el centenario del Ordinariato Militar para Italia: "Pedimos al Señor que haga callar las armas y que los hombres se reconcilien"
El secretario de Estado presidió, ayer martes 3 de marzo de 2026, una Misa en la Basílica de San Pablo Extramuros con motivo del centenario del Ordinariato Militar en Italia, creado en 1926 para ocuparse de la vida religiosa de los soldados
(Daniele Piccini/Vatican News).- “En este momento que todos conocemos, pedimos al Señor que haga callar las armas y que los hombres se reconcilien”. Fue la oración sentida del cardenal secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, durante la Misa que presidió esta mañana, 3 de marzo, a las 10:00, en la Basílica de San Pablo, en el marco de las celebraciones del centenario del Ordinariato Militar para Italia, creado en 1926 para atender la asistencia espiritual y religiosa de los militares italianos y sus familias. Carabineros, militares del Ejército Italiano, Guardia de Finanzas, Fuerza Aérea y Marina conformaban esta mañana la asamblea, con los colores de sus uniformes combinados con los azules y verdes de los mosaicos de la Basílica papal.
La lógica del servicio y de la Cruz
El detallado análisis que Jesús hace del comportamiento de los fariseos, leído durante la liturgia de la Palabra del Evangelio de Mateo, debe ser fuente de inspiración -explicó el purpurado durante la homilía- para el ministerio de los capellanes en contextos militares. “La palabra severa del Evangelio -añadió el secretario de Estado- no queda como una acusación contra ‘otros’, sino que se convierte en criterio de comportamiento para cada uno de nosotros. Nos invita a una coherencia humilde, a una autoridad que se exprese en el servicio, a una presencia que no oprime ni se exhibe, sino que acompaña y orienta”.
La Iglesia no deja de promover una cultura de paz, entendida no como ingenuidad desarmada, sino como construcción paciente de justicia, diálogo y tutela de los derechos fundamentales
“La Cruz”, subrayó nuevamente el cardenal Parolin, debe ser “el paradigma de toda autoridad cristiana”. “Dentro de esta lógica -añadió- se comprende también la misión del Ordinariato en el contexto internacional actual, marcado por conflictos persistentes y tensiones geopolíticas que hacen más complejo el discernimiento ético. La Iglesia no deja de promover una cultura de paz, entendida no como ingenuidad desarmada, sino como construcción paciente de condiciones de justicia, diálogo y tutela de los derechos”.
La coherencia silenciosa de la escucha
La primera “fractura” en la actitud de los fariseos es la “coherencia”, puntualizó el cardenal Parolin. La misión de los capellanes militares consistirá, por tanto, en mantener “una coherencia silenciosa, la capacidad de escuchar sin juzgar, de sostener sin invadir, de hablar de Dios sin moralismo”.
La segunda “fractura” se refiere a la manera de entender la norma: los fariseos, dice Jesús en el pasaje del Evangelio citado por el cardenal Parolin, “atan cargas pesadas y las imponen sobre los hombros de la gente”.
“En el contexto militar, ya marcado por disciplina y responsabilidades graves -observó el cardenal en la homilía- la presencia eclesial no puede añadir cargas a las cargas. El capellán está llamado a ser un espacio de respiro, lugar de discernimiento, compañero que ilumina la conciencia para que la obediencia no se convierta en desresponsabilización y la disciplina no se transforme en automatismo moral”.
Custodiar la conciencia, el espacio más sagrado del hombre
La “conciencia”, como enseña el Concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et spes, citada por Parolin, “es el núcleo más íntimo y el santuario del hombre, donde él está solo con Dios”. La tarea de la Iglesia es, por tanto, “custodiar e iluminar este espacio inviolable de la persona”.
De esto se desprende también la labor de los capellanes que viven junto a los militares y deben, por tanto, “educar en la responsabilidad y la libertad interior”. En la “fatiga de la ausencia”, en el “miedo al peligro”, en la “herida del sacrificio” que caracterizan los deberes de los militares en los contextos difíciles en los que son llamados a operar, “la presencia discreta y fiel del capellán”, señaló el cardenal Parolin, “se convierte en un signo concreto de la maternidad de la Iglesia”.
El respeto de la dignidad de cada persona
La tercera “fractura” en la vida pública de los fariseos consiste en su “ostentación”: todo lo que hacen, advierte Jesús, es para “ser admirados por la gente”. Esto, subrayó Parolin, también puede ser una tentación para los capellanes militares: “La búsqueda de visibilidad, el cuidado de la imagen, la necesidad de aparecer”.
En escenarios de guerra es especialmente importante preservar y cuidar la conciencia militar, ya que este es el lugar decisivo donde se juega el respeto de la dignidad humana, incluso en el corazón del conflicto
El cardenal recordó además la enseñanza de Cristo que debe aplicarse también al Ordinariato: “El mayor entre vosotros sea vuestro servidor”. Este es el enfoque que debe inspirar al Ordinariato, que “será fiel a su vocación no tanto reforzando estructuras o buscando visibilidad, sino generando un discernimiento maduro, capaz de conjugar fuerza y responsabilidad, fidelidad al Estado y respeto por la dignidad inviolable de cada persona”.
En escenarios de guerra, agregó finalmente el cardenal, es especialmente importante preservar y “cuidar” la “conciencia militar”, ya que este es “el lugar decisivo donde se juega el respeto de la dignidad humana, incluso en el corazón del conflicto”.
La victoria sobre la violencia
Al final de la homilía, la oración por la paz del secretario de Estado es también un deseo: “Que el Señor, que en la Pascua venció toda violencia y reconciliò al mundo consigo, haga que vuestro servicio sea un signo creíble de justicia y paz”.
A estas palabras se sumó la oración del arzobispo Gian Franco Saba, Ordinario Militar para Italia desde abril de 2025, quien, saludando al cardenal Parolin, dedicó un pensamiento a los soldados comprometidos en escenarios internacionales: “Mientras asistimos a los conflictos del mundo, nuestra voz se convierte en oración por los heridos, por los militares en misiones en el extranjero, por sus familias y por los jefes de las naciones”.
