Parolin denuncia un contexto geopolítico en donde “se pueden cometer atrocidades sin que nadie responda por ellas”
Dialogando con miembros de Jóvenes Universitarios en el Parlamento, el cardenal Secretario de Estado recordó la responsabilidad de las nuevas generaciones, la crisis de confianza entre las naciones y la necesidad de colaboración internacional para afrontar las guerras, la IA y la carrera armamentística
(Paolo Ondarza / Vatican News).- “El desarrollo es un camino hacia la paz”, subrayó el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, reafirmando el compromiso de la Santa Sede por una paz basada en relaciones positivas entre los pueblos, la cooperación internacional y un uso de los recursos que tenga en cuenta las necesidades de los más vulnerables. “La seguridad solo se crea manteniendo buenas relaciones con todos, y no creando enemigos ni fabricando armas. Si se quiere la paz, hay que construir la paz, no la guerra”, afirmó el secretario de Estado al término de la conferencia internacional dedicada a Juan Pablo I, promovida por la Fundación Vaticana Juan Pablo I, en colaboración con la Pontificia Universidad Gregoriana y el Comité Pontificio de Ciencias Históricas.
En un diálogo muy directo y espontáneo con los Jóvenes Universitarios en el Parlamento (GUP, por su sigla en italiano), en conclusión de las sesiones de trabajo en la universidad pontificia, el cardenal Parolin abordó algunas de las principales cuestiones internacionales, desde la crisis del multilateralismo hasta los conflictos actuales, desde la regulación de la inteligencia artificial hasta la instrumentalización religiosa, además de la responsabilidad de las nuevas generaciones en la vida pública.
Dos pueblos, dos Estados
Sobre la cuestión de Oriente Medio, el cardenal reiteró la posición de la Santa Sede a favor de la solución de dos Estados. “¿Existe una solución mejor que la de dos Estados? Si la hay, la Santa Sede es la primera en acogerla, pero actualmente esta alternativa no existe”, observó. Por el momento, explicó, esta es la única perspectiva que puede garantizar el derecho a la autodeterminación y dos realidades soberanas, con fronteras definidas, capaces de vivir en paz.
El cardenal Parolin recordó que la Santa Sede ha apoyado esta solución desde 2015, con el Acuerdo Global que reconoció al Estado palestino, y recordó la Resolución 181 de las Naciones Unidas de 1947, que preveía la creación de dos Estados y un régimen internacional especial para Jerusalén. Una paz justa y duradera, subrayó, debe también tutelar la libertad religiosa y garantizar el libre acceso a los lugares santos.
La crisis de confianza y el derecho internacional
El principal problema que enfrenta la comunidad internacional hoy es la impunidad, afirmó el purpurado: “Se pueden cometer atrocidades sin que nadie responda por ellas”, a pesar de la existencia de instrumentos para sancionar las violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad. La eficacia de las organizaciones internacionales, resaltó el cardenal Parolin, depende, sin embargo, de la voluntad de los Estados de reconocer su autoridad y cooperar. Cuando los países eluden las normas comunes para proteger sus propios intereses, la capacidad de actuar conjuntamente se debilita. “El problema del multilateralismo es un problema de confianza. Si falta confianza, es imposible colaborar”, añadió, advirtiendo sobre las consecuencias de un sistema internacional en el que cada uno tiende a perseguir exclusivamente sus propios intereses. Este enfoque, advirtió, corre el riesgo de alimentar la “tercera guerra mundial a pedazos” de la que hablaba el Papa Francisco. En este escenario, la Santa Sede continúa ofreciendo oportunidades para el diálogo, aprovechando también la disposición de los interlocutores a escuchar sus posiciones.
La inteligencia artificial, un desafío que debemos afrontar juntos
Entre las cuestiones que requieren una respuesta compartida, la inteligencia artificial ocupa sin duda un lugar prioritario. El secretario de Estado identificó tres preocupaciones principales: las consecuencias para el empleo, la aplicación de las nuevas tecnologías al armamento y la brecha entre los países que pueden utilizar estas herramientas y aquellos que aún están excluidos. La Santa Sede considera esencial el diálogo internacional, incluyendo el desarrollo de un instrumento jurídico que regule su uso, especialmente en el sector militar. Al mismo tiempo, debe evitarse que el acceso desigual a las nuevas tecnologías amplíe la brecha entre las naciones.
“La solución es muy clara: una colaboración sincera entre las naciones. Si no existe, cada uno seguirá su propio camino y la inteligencia artificial se convertirá en una herramienta para competir y luchar entre sí”, afirmó el cardenal, indicando la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV como guía. Es necesario involucrar a los países que actualmente no tienen acceso a estas herramientas y garantizar que este invento trascendental se ponga al servicio de toda la humanidad, sin perder de vista la centralidad de la persona.
Diálogo interreligioso contra la instrumentalización de la fe
Otra forma de contribuir a la paz es el diálogo interreligioso. Para el cardenal Parolin, los líderes de las diferentes confesiones están llamados a unirse contra el uso de la religión para justificar la violencia. “El nombre de Dios no puede ser una justificación para promover la violencia”, subrayó, recordando la conciencia que se ha desarrollado en el diálogo interreligioso, también a partir de la oración por la paz convocada por Juan Pablo II en Asís. Por lo tanto, el cardenal insta a los líderes religiosos a ser más valientes al denunciar la violencia cometida por miembros de sus propias comunidades. En un momento en que la diplomacia internacional enfrenta dificultades, observó, la llamada “diplomacia de las religiones” también puede representar una posible solución.
Este compromiso también incluye la formación en participación política. La Santa Sede, dijo el cardenal Parolin, recuerda a los obispos que vienen a Roma en visita ad liminala necesidad de formar cristianos capaces de llevar los principios de la doctrina social de la Iglesia a la sociedad, tarea que concierne especialmente a los jóvenes: “Deben sentir una responsabilidad y un deber especial: formarse para ser protagonistas en la promoción de los principios de la doctrina social de la Iglesia”. Es un camino difícil, pero necesario, si se quiere lograr un cambio.
Recursos para el desarrollo, no para armamento
La reflexión sobre la paz también lleva a la cuestión de la carrera armamentística. El cardenal Parolin recordó que, desde la época de Pablo VI, la Santa Sede ha pedido que una parte de los recursos destinados a armamento se asigne al desarrollo de los pueblos. El gasto militar, observó, no puede considerarse sin tener en cuenta las necesidades de las personas: desde el hambre hasta la enfermedad, desde la educación hasta las condiciones de vida de quienes sufren las consecuencias de los conflictos. El cardenal recordó la invitación del Papa Francisco a no contemplar los problemas de la humanidad de forma abstracta, sino a tener presentes los rostros concretos de quienes sufren. Las guerras, las minas antipersona y otras formas de violencia demuestran la urgente necesidad de un cambio de perspectiva. El purpurado observó cómo en Europa la cuestión del rearme se considera ahora en relación con la necesidad de reforzar la defensa, dado el debilitamiento del apoyo estadounidense. Pero esto, aclaró, no puede justificar un gasto que descuide las necesidades de las poblaciones. “Debemos tener la convicción de que todos estamos en la misma barca. Las soluciones a los conflictos son para el beneficio de todos”. La paz, concluyó, no riñe con la seguridad: es una condición que debe construirse mediante relaciones positivas y cooperación”.
El legado de Juan Pablo I
El llamamiento a la paz remite al núcleo de la conferencia, dedicada a Juan Pablo I y a su compromiso de “proteger y fomentar la paz en este mundo convulso”. El título del encuentro evoca la última de las seis declaraciones de “queremos” del mensaje Urbi et Orbi de Albino Luciani, el 27 de agosto de 1978, un día después de su elección.
Los trabajos profundizaron las diversas dimensiones del compromiso por la paz durante el breve pontificado de Juan Pablo I: desde la evolución de la doctrina de la Iglesia sobre la guerra y la paz hasta la acción diplomática de la Santa Sede y los contextos internacionales en los que vivió el Papa Luciani. Entre los temas tratados se incluyeron los Acuerdos de Camp David de 1978, la relación entre la Iglesia Católica y los regímenes comunistas más allá de la “Cortina de hierro”, la dimensión internacional del pontificado y la relación entre religión, poder y conflictos, junto con reflexiones sobre el legado del Concilio Vaticano II.
Fue una jornada de estudios que, en palabras del cardenal Parolin, confirma la actualidad de la inspiración subyacente de la diplomacia eclesiástica. Incluso cuando los hombres cambian y pasan, los objetivos a perseguir permanecen: la construcción de una paz posible, a través del diálogo, la confianza mutua y la promoción del desarrollo humano.