Pide que "que la comunidad internacional no se olvide de la población birmana" La pregunta que nos plantea el Papa ante la guerra de Ucrania: "¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano?"

Ucrania
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"No olvidemos al martirizado pueblo ucraniano, pueblo que está sufriendo. Querría que todos ustedes se planteasen esta pregunta: ¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano? Y que cada cual se responda en su corazón"

"Me uno al llamamiento de los obispos de aquella amada tierra, para que la comunidad internacional no se olvide de la población birmana, para que la dignidad humana y el derecho a la vida sean respetados, al igual que los lugares de culto, hospitales y escuelas"

"No nos da  solo la ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en  nuestras historias, visita nuestras soledades"

Oración del Papa en Corpus: “¡Señor, dame el pan cotidiano para ir adelante, y sáciame con tu presencia!”

Desde la cátedra de la venta y en la fiesta del Corpus, el Papa Francisco aborda, en su catequesis, el tema de la eucaristía, centro de la vida de las personas y de la Iglesia. Una fiesta en la que Cristo “no nos da  solo la ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en  nuestras historias, visita nuestras soledades”. Y invita a pronunciar esta oración: “¡Señor, dame el pan cotidiano para ir adelante, y sáciame con tu presencia!”.

En los saludos tras el ángelus, el Papa recordó a los mártires dominicos, beatificados ayer en Sevilla y pidió un aplauso para ellos. Además, quiso tener presente a Myanmar: “Llega de Myammar el grito de dolor de tantas personas a las que les falta asistencia humanitaria básica y que se ven obligadas a dejar sus casas, porque son quemadas, y para escapar de la violencia”. Y, por es, pidió a la comunidad internacional “que no se olvide de la población birmana”.

Desesperación en Myanmar
Desesperación en Myanmar

Y, por último, como viene siendo habitual desde que comenzó la guerra, Francisco volvió a insistir: “No olvidemos al martirizado pueblo ucraniano, pueblo que está sufriendo” e invitó a los fieles católicos a plantearse esta pregunta: ¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano?

Las palabras del Papa en la oración del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo! 

En Italia y en otros países hoy se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.  La Eucaristía, instituida en la Última Cena, fue como el punto de llegada de un recorrido, a lo largo del  cual Jesús la había prefigurado a través de algunos signos, sobre todo la multiplicación de los panes,  narrada en el Evangelio de la Liturgia de hoy (cfr Lc 9,11b-17). Jesús cuida de la gran multitud que lo ha  seguido para escuchar su palabra y ser liberada de varios males. Bendice cinco panes y dos peces, los  parte, y los discípulos distribuyen, y «comieron todos hasta saciarse» (Lc 9,17). En la Eucaristía cada uno  puede experimentar esta amorosa y concreta atención del Señor. Quien recibe con fe el Cuerpo y la  Sangre de Cristo no solo come, sino que queda saciado. Comer y quedar saciados: se trata de dos  necesidades fundamentales, que se satisfacen en la Eucaristía.  

Comer. «Comieron todos», escribe San Lucas. Al atardecer los discípulos aconsejan a Jesús que  despida a la multitud, para que pueda ir a buscar comida. Pero el Maestro quiere proveer también a esto:  quiere dar también de comer a quien le ha escuchado. Pero el milagro de los panes y de los peces no  sucede de forma espectacular, sino casi de forma reservada, como en las bodas de Caná: el pan aumenta  pasando de mano en mano. Y mientras come, la multitud se da cuenta de que Jesús se encarga de todo.  Este es el Señor presente en la Eucaristía: nos llama a ser ciudadanos del Cielo, pero mientras tanto tiene  en cuenta el camino que debemos afrontar aquí en la tierra. Si tengo poco pan en la bolsa, Él lo sabe y se  preocupa.  

A veces se corre el riesgo de confinar la Eucaristía a una dimensión vaga, quizá luminosa y  perfumada de incienso, pero lejos de las situaciones difíciles de la vida cotidiana. En realidad, el Señor se  toma en serio nuestras necesidades, empezando por las más elementales. Y quiere dar ejemplo a los  discípulos diciendo: «Dadles vosotros de comer» (v. 13). Nuestra adoración eucarística encuentra su  verificación cuando cuidamos del prójimo, como hace Jesús: en torno a nosotros hay hambre de comida,  pero también de compañía, de consuelo, de amistad, de buen humor, de atención. Hay hambre de ser evangelizados. Esto encontramos en el  Pan eucarístico: la atención de Cristo a nuestras necesidades, y la invitación a hacer lo mismo hacia quien  está a nuestro lado. Es necesario comer y dar de comer.  

Pero, además del comer, no debe faltar el quedar saciados. ¡La multitud se sació por la abundancia  de comida, y también por la alegría y el estupor de haberlo recibido de Jesús! Ciertamente necesitamos  alimentarnos, pero también quedar saciados, de saber que el alimento nos es dado por amor. En el Cuerpo  y en la Sangre de Cristo encontramos su presencia, su vida donada por cada uno de nosotros. No nos da  solo la ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en  nuestras historias, visita nuestras soledades, dando de nuevo sentido y entusiasmo. Esto nos sacia, esto  nos da ese “algo más” que todos buscamos: ¡la presencia del Señor! Porque al calor de su presencia  nuestra vida cambia: sin Él sería realmente gris. Adorando el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pidámosle con  el corazón: “¡Señor, dame el pan cotidiano para ir adelante, y sáciame con tu presencia!”.  

Que la Virgen María nos enseñe a adorar a Jesús vivo en la Eucaristía y a compartirlo con nuestros  hermanos y hermanas.  

Saludos tras el ángelus

"Ayer, en Sevilla, fueron beatificados algunos religiosos de la familia dominica...Todos asesinados por odio a la fe, en la persecución religiossa que se verificó en España en el contexto de la guerra civil del siglo pasado. Su testimonio de adhesión a Cristo y el perdón hacia sus asesinos nos muestran la via de la santidad y nos invitan a hacer de la vida una oferta de amor a Dios y a los hermanos. Un aplauso a los nuevos beatos.

Llega de Myammar el grito de dolor de tantas personas a las que les falta asistencia humanitaria básica y que se ven obligadas a dejar sus casas, porque son quemadas, y para escapar de la violencia.

Me uno al llamamiento de los obispos de aquella amada tierra, para que la comunidad internacional no se olvide de la población birmana, para que la dignidad humana y el derecho a la vida sean respetados, al igual que los lugares de culto, hospitales y escuelas. Y bendigo a la comunidad birmana en Italia, hoy aquí representada.

No olvidemos al martirizado pueblo ucraniano, pueblo que está sufriendo. Querría que todos ustedes se planteasen esta pregunta: ¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano? ¿Rezo, ayudo, intento entender? ¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano. Y que cada cual se responda en su corazón".

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