'¿Quo vadis, humanitas?' El Vaticano, ante los desafíos del transhumanismo, el posthumanismo y la Inteligencia Artificial
El texto ofrece "pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios para el futuro de la humanidad" ante la irrupción del desarrollo científico y tecnológico sin precedentes
"La irrupción de un desarrollo científico y tecnológico sin precedentes en la historia del planeta debe ir acompañada de un correspondiente crecimiento de la responsabilidad que oriente el progreso hacia el bien del ser humano". Con estas palabras se abre el documento "¿Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios para el futuro de la humanidad", publicado este miércoles por la Comisión Teológica Internacional (CTI).
El texto, aprobado por unanimidad durante la sesión plenaria de 2025 y autorizado para su publicación el 9 de febrero por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con el consentimiento del papa León XIV, conmemora el 60.º aniversario de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (1965-2025).
El primero engloba la voluntad de mejorar concretamente, a través de la ciencia y la tecnología, las condiciones de vida de los pueblos, superando sus límites físicos y biológicos. El segundo vive el "sueño" de sustituir incluso al ser humano, enfatizando el cyborg, es decir, el híbrido que difumina la frontera entre el hombre y la máquina
El documento se estructura en torno a cuatro categorías clave: desarrollo, vocación, identidad y la dramática condición del ser humano. En el centro se encuentra una comparación crítica entre el transhumanismo y el posthumanismo, presentados como movimientos que "desubican la integralidad del ser humano".
La reflexión concluye con la propuesta de la vida como vocación: "Todo ser humano está llamado a recibirse a sí mismo como don, a compartir el don de la diferencia, a hacerse don para los demás, a reconocer la trascendencia del don como divino".
Transhumanismo y posthumanismo
El primero de los cuatro capítulos del texto está dedicado al desarrollo, caracterizado por dos polos: el transhumanismo y el poshumanismo. El primero engloba la voluntad de mejorar concretamente, a través de la ciencia y la tecnología, las condiciones de vida de los pueblos, superando sus límites físicos y biológicos. El segundo vive el "sueño" de sustituir incluso al ser humano, enfatizando el cyborg, es decir, el híbrido que difumina la frontera entre el hombre y la máquina. Entre estos dos polos se sitúa la fe cristiana, que "impulsa a buscar una síntesis" de las tensiones humanas en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado.
Lo digital como ambiente de vida
Tras un rápido repaso de la relación entre desarrollo y tecnología en el magisterio más reciente -desde san Juan XXIII hasta Francisco-, el documento se centra en particular en la tecnología digital, a la luz de las reflexiones de León XIV. "La tecnología digital -precisa- ya no es solo una herramienta, sino que constituye un verdadero entorno de vida", ya que estructura las actividades humanas y las relaciones. Por eso, la era digital ha inaugurado "un nuevo horizonte de sentido": "Cambia igualmente la noción de lo que es universal, que en vez de remitir a una naturaleza común alude a lo que se comparte en la conexión global".
El crecimiento del poder de la IA
Así, emerge cada vez con mayor fuerza el poder de la Inteligencia Artificial, tanto la entendida en sentido estricto (IA) como la general (IAG). La primera puede procesar rápidamente grandes cantidades de datos, de un modo no siempre controlable por el ser humano, las empresas o los Estados, resultando por ello poco fiable. La segunda, mucho más invasiva, en el futuro será capaz de sustituir todos los aspectos de la inteligencia humana, tanto computacionales como operativos, con consecuencias profundas y radicales. En un mundo tan hiperconectado -afirma el texto-, las dinámicas económicas, políticas, sociales o militares corren el riesgo de volverse "incontrolables y, por tanto, ingobernables", y aumenta el peligro de "control social y manipulación".
En un mundo tan hiperconectado -afirma el texto-, las dinámicas económicas, políticas, sociales o militares corren el riesgo de volverse "incontrolables y, por tanto, ingobernables", y aumenta el peligro de "control social y manipulación"
La pérdida de neutralidad en los medios de comunicación
La comunicación también sufre las repercusiones de este escenario, la CTI advierte sobre "un mercado infinito de noticias y datos personales, no siempre verificables y muchas veces manipulados". En esencia, hoy los medios de comunicación no son "instrumentos neutrales" y, por lo tanto, su influencia sobre la ética y la cultura interpela directamente a la antropología.
La infosfera y la crisis de las democracias occidentales
En esta "infosfera", el individuo se muestra cada vez más inseguro respecto a su propia identidad y, por ello, reclama el reconocimiento de los demás: un reconocimiento que debe conquistarse incluso "falseando la realidad" o afirmando los propios derechos "contra el otro". De ahí surgen conflictos sociales que a menudo se convierten en conflictos identitarios. Y también de ahí brota "la crisis actual de las democracias occidentales", inconscientes de la "creciente dificultad" para reconocer, de manera compartida, "lo que nos une como seres humanos". Además, cuando la opinión se homologa mediante los "me gusta", el debate político se "tribaliza", es decir, se fragmenta en grupos fuertemente polarizados que se enfrentan de manera "conflictiva y violenta".
El human enhancement y la búsqueda de equilibrio entre tecnología y ser humano
La revolución de la información también cambia la manera de percibir el conocimiento, cuyo horizonte podría reducirse únicamente a aquello que la IA puede procesar. Los principios de la filosofía, la teología o la ética podrían considerarse entonces cuestiones subjetivas o de "gusto" personal. Algo similar podría ocurrir con la corporeidad. Igual de riesgoso es el human enhancement: en sí mismo, este término indica todas aquellas tecnologías biomédicas, genéticas, farmacológicas y cibernéticas orientadas a mejorar las capacidades del ser humano. Pero si tal concepto se entiende "sin límites ni cautelas", entonces se vuelve urgente una reflexión sobre la necesidad de equilibrio entre "lo técnicamente posible y lo humanamente sensato".
La relación entre lo digital y la religión: luces y sombras
Amplia es también la reflexión sobre la relación entre la tecnología digital y la religión: en este ámbito existen tanto aspectos positivos -como la facilidad para el conocimiento y la información- como negativos. Entre estos últimos, se señala la creación en la web de "un gigantesco 'mercado religioso' que ofrece una elección a la carta según los intereses individuales". En esta "metamorfosis en el modo de creer", la propia tecnología termina por fungir como "guía espiritual y mediadora de lo sagrado", con casos extremos de "bendiciones y exorcismos virtuales y espiritualismo digital". Tampoco faltan formas de "neo-gnosticismo" que, en nombre de una humanidad libre de todo límite, comunidad e historia, consideran la religión únicamente como un obstáculo para la investigación y el progreso.
La cultura de la anamnesis y la amnesia de la cultura
El segundo capítulo del documento se enfoca en la vocación integral: la experiencia humana debe considerarse en las categorías concretas de tiempo, espacio y relación. En la actualidad -explica la CTI- se ha perdido el sentido de la historia; todo se reduce a un "presente cerrado en sí mismo" y "la cultura de la anamnesis" ha cedido el lugar a la "amnesia de la cultura". Frente a todo ello, el Evangelio se presenta como una "contracultura" por dos razones: porque valora y promueve todas las dimensiones auténticamente humanas y porque, en la "aceleración horizontal" que sufre la historia, el Verbo le ofrece un sentido, es decir, Jesucristo, punto de encuentro entre el tiempo del hombre y la eternidad de Dios.
Además, la cultura global y la facilidad en la movilidad hacen que el hombre sea "ciudadano del mundo", pero también un "nómada" errante en no-lugares anónimos y uniformes, como los aeropuertos y centros comerciales. "Así se pierde la figura del peregrino", señala el documento, es decir, aquel que, sin perder la relación con su tierra, se pone en camino para responder a la llamada de Dios.
Central, en este segundo capítulo, también es el principio del bien común, con un llamado a las instituciones financieras para que estén "atentas a la economía real más que a las lógicas del lucro" y no pierdan el enfoque ético ni la solidaridad hacia los más frágiles.
Desafortunadamente, hoy, sobre todo en Occidente -subraya el documento- se fomenta una "cultura de la no-vocación" que priva a los jóvenes de una apertura al sentido último de la existencia, así como de la esperanza. El futuro, entonces, se reduce a la elección del trabajo, al lucro económico, a la satisfacción de necesidades materiales. Al contrario, la "cultura de la vocación" es más necesaria que nunca para permitir el correcto proceso de maduración de la identidad de la persona y de los pueblos.
La identidad madura en el amor
Y es precisamente la identidad el tema del tercer capítulo: "Ningún ser humano puede ser feliz si no sabe quién es", afirma la CTI; por lo tanto, cada uno debe asumir "la tarea" de convertirse en sí mismo y de transformar el mundo según el diseño de Dios. Además, como hijos amados del Señor, los seres humanos maduran su identidad sobre todo en el amor. Pero existen otros factores -culturales, naturales, sociales y religiosos- que hacen que la identidad sea particularmente compleja. Por ello, debe buscarse principalmente en el corazón, "el centro de la persona", donde se crea unidad y se construyen vínculos auténticos, en una relación justa con el mundo.
Del texto surge con claridad la importancia de las relaciones interpersonales, porque cuanto más las vive el hombre "de manera auténtica", más madura "su propia identidad personal". Se ofrece también una reflexión sobre la relación entre la humanidad y el cosmos. Este no puede reducirse a mero "objeto" -se subraya- ni puede ser "humanizado", como sucede sobre todo en Occidente con los animales domésticos. Más bien, los seres humanos deben asumir el papel de "administradores responsables" de la Creación, convirtiéndose en agentes de la evolución del universo físico, "pero siempre respetando sus propias leyes".
Las tensiones polares de la identidad humana
El cuarto y último capítulo del documento analiza la dramática condición del proceso de realización de la identidad humana, el cual atraviesa diversas "tensiones o polaridades" entre material y espiritual, masculino y femenino, individuo y comunidad, finito e infinito. Estas tensiones, se explica, "no deben interpretarse bajo una lógica dualista, sino como 'unidad de los dos'", mostrando así "el justo e irrenunciable valor de la diferencia".
En consecuencia, la tendencia actual a "negar o querer ignorar esta diferencia natural" se convierte en "una forma peligrosa de borrar la identidad corporal real", en favor de una "auto-contemplación endogámica". Desde la perspectiva teológica, en cambio, la tensión hombre/mujer encuentra su adecuada perspectiva en la vocación a la unidad de los dos "con idéntica dignidad".
El segundo énfasis se refiere a la polaridad entre material y espiritual: cuando se pierde "la armonía" entre estas dos dimensiones, todas las cosas dejan de ser "signos de un misterio más grande" y se reducen a "material para manipular arbitrariamente con vistas únicamente al lucro". Desde el punto de vista teológico, en cambio, la tensión entre material y espiritual encuentra su "significado pleno" en la resurrección: gracias a ella, el ser humano es salvado por completo, en cuerpo y alma.
El ejemplo de la Virgen María
En conclusión, el documento de la CTI subraya con claridad que "el futuro de la humanidad no se decide en los laboratorios de bioingeniería, sino en la capacidad de habitar las tensiones del presente", sin perder el sentido del límite y de la apertura al misterio de Cristo resucitado. Ejemplo admirable de ello es la Virgen María: quien acogió libremente el don de Dios se convierte en "el paradigma" del ser humano que se realiza en plenitud. La "verdadera humanización, entonces, será dejarse 'divinizar' por un Amor que 'nos precede y nos hace protagonistas de una humanidad nueva'".
