Rudelli en Pompeya, alegato de paz: "Llega un momento en que es necesario cambiar de rumbo"
Antes de la Súplica a la Virgen del Rosario, el sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado invitó a confiar a Dios "las realidades de hoy, especialmente las más atribuladas, para que venza la vida, avance la paz, prevalezca la justicia"
(Lorena Leonardi/Vatican News).- Existe “quien se organiza para hacer el mal, quien actúa con prepotencia y elige la vía destructiva de la opresión”, y bien lo sabe una tierra que, “aunque rica en una belleza extraordinaria”, soporta el peso de “heridas profundas” y de las dificultades cotidianas, alimentadas “por la indiferencia y por el riesgo de la resignación”. Pero “Dios no se resigna y sigue amando su viña, la libera del mal y la salva mediante el perdón”. Son palabras pronunciadas por el arzobispo Paolo Rudelli, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, durante la homilía de la celebración eucarística que tuvo lugar esta mañana, domingo 4 de octubre, en el Santuario de Pompeya, antes del rezo de la súplica a la Santísima Virgen del Rosario.
En primer lugar, el prelado dio gracias “porque participamos en el triunfo de la vida y estamos llamados a servir a la vida, en un mundo marcado, por desgracia, por múltiples injusticias y conflictos”. Después, con motivo de la fiesta litúrgica de san Francisco de Asís —ayer se cumplió el octavo centenario de su muerte—, destacó cómo la figura del Pobrecillo sigue inspirando “a muchos jóvenes a vivir con radicalidad el Evangelio y a todos nosotros a redescubrir la exigente belleza de la vida cristiana”. A continuación recordó a san Bartolo Longo, fundador, hace 150 años, del santuario mariano levantado en el lugar de la erupción del Vesubio del año 79 d. C.: un “simple bautizado” que se atrevió a emprender el camino de la santidad, “llamando a toda una ciudad a la renovación espiritual y civil”, señaló, haciéndose eco de las palabras pronunciadas por León XIV el pasado 8 de mayo durante su visita pastoral a esta localidad de Campania.
Entre memoria y responsabilidad
Al reflexionar sobre la relación entre la “memoria del pasado” y la “responsabilidad por el futuro”, Rudelli destacó la “paradoja” de Pompeya, cuya gran civilización no fue destruida, sino preservada por la catástrofe que la golpeó. Algo parecido ocurrió cuando, ante los desafíos de la modernidad, entre los siglos XIX y XX, san Bartolo —cuya memoria litúrgica y cuyo centenario de la muerte se celebran mañana— “no se dejó intimidar al mirar al presente y al futuro, sino que, como dice el papa León, sentó las bases de una nueva ciudad”.
Por una nueva civilización
La idea de una “ciudad mariana” no está lejos de “la invitación a construir la ‘civilización del amor’, que recorre de principio a fin la encíclica Magnifica humanitas ni de la exhortación a proteger a la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial. “Mariana es una ciudad que acoge, honra y protege la vida, especialmente cuando es más frágil e indefensa”, señaló el arzobispo al encomendar a Dios “las realidades de hoy, especialmente las más afligidas, para que venza la vida, avance la paz y prevalezca la justicia”. Así, a partir de la oración, “se sientan las bases de toda una ciudad, de una nueva civilización”.
¿Qué más podemos hacer?
Tomando como referencia el relato evangélico propuesto por la liturgia de este domingo, en el que Jesús habla de una viña confiada a unos labradores que, en lugar de entregar sus frutos al dueño, se niegan a hacerlo, matan a sus siervos y finalmente también a su hijo, el sustituto Rudelli observó que “el bien encuentra oposición” y que “incluso el Reino de Dios sufre violencia”.
“¿Qué más debía hacer por mi viña que no haya hecho?” es la pregunta del profeta Isaías, que describe el cuidado con el que el Señor atiende su tierra. Son palabras de Dios que recuerdan, reflexionó el arzobispo, las de tantos padres “que sienten que han fracasado ante las decisiones y las caídas de sus propios hijos”. También reflejan el dolor “de quien ha visto terminar un matrimonio o fracasar un proyecto en el que había puesto energía y pasión”, y evocan las dificultades pastorales de sacerdotes, religiosas y religiosos, así como las preocupaciones de administradores honrados, educadores y profesores, empresarios y trabajadores que se preguntan qué más pueden hacer.
Seguir esperando
Son preguntas que, como señaló el Papa durante la asamblea de la Diócesis de Roma el pasado 18 de septiembre, deben tomarse en serio y compartirse “para aprender a vivir en la verdad”: quien tiene el don de la fe “no esconde sus interrogantes ni sus fracasos debajo de la alfombra, sino que sigue buscando y esperando”.
Rudelli invitó a “levantar la mirada”, no “por presunción, sino por vocación a mirar más allá de la muerte”. Quien lo hiciera ante el imponente Santuario de Pompeya, a los pies de la estatua de la Bienaventurada Virgen del Rosario, encontraría una sola palabra: Pax. San Bartolo Longo quiso que la fachada del templo fuera “un monumento a la paz universal”, aunque entonces aún no podía conocer las tragedias que el mundo habría de afrontar en los siglos posteriores. Pero aquella palabra —paz— “ha sido colocada y permanece como promesa y comienzo de otra civilización, que no borra las huellas del pasado, sino que encuentra ante ellas el valor de la conversión”.
Un cambio para transformar el mundo
Al anticipar la “disponibilidad personal y colectiva al arrepentimiento” expresada en la oración mariana escrita en 1883 por san Bartolo Longo, que sería recitada al final de la misa, el arzobispo Rudelli subrayó que tanto en la vida del apóstol del Rosario como en la del Pobrecillo de Asís “llega un momento en que es necesario cambiar de rumbo, porque siempre hay que comenzar por uno mismo para que el mundo cambie”.
Se trata, añadió, de un “principio de responsabilidad que responde a la gracia de Dios, la reconoce y desea ponerse a su servicio. Sin esta seriedad —una seriedad gozosa— nuestra devoción corre el riesgo de perder su autenticidad evangélica”.
En relación con la “paz para la sociedad humana” invocada en la Súplica, el sustituto de la Secretaría de Estado volvió a hacer suyo el llamamiento del Pontífice a rezar el Rosario durante el mes de octubre con la intención particular de que cesen las guerras y llegue la paz entre los pueblos en conflicto.
Finalmente, expresó el deseo de que se confirmen los “propósitos de bien”, uniendo a todos “en un solo corazón y una sola alma, para que Pompeya, ciudad de María, siga siendo centro espiritual de la civilización del amor”.
