El Vaticano pide que los Estados renuncien a las armas nucleares
En su intervención en la 70ª Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que se celebra actualmente en Viena, el secretario de Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales insta a un uso consciente de la tecnología atómica
(Edoardo Giribaldi / Vatican News).- El uso pacífico de la tecnología nuclear es posible, sobre todo «para hacer frente a la creciente demanda de energía», y constituye un ejemplo significativo de cómo el progreso científico puede ponerse al servicio de la humanidad. Sin embargo, no siempre es así. Por lo tanto, es fundamental recordar que el uso responsable de estos instrumentos conlleva compromisos y responsabilidades ineludibles: garantizar que los programas de desarrollo no conduzcan a la adquisición de armas nucleares, proteger las instalaciones en situaciones de guerra y aplicar la inteligencia artificial siendo conscientes de los riesgos que conlleva y con normas de seguridad sólidas.
Estos son los puntos que ha abordado el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, en su intervención pronunciada hoy, 15 de septiembre, durante la 70ª Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), inaugurada ayer en Viena y que se prolongará hasta el viernes 18 de septiembre.
Transmitiendo los mejores deseos de éxito en su labor por parte del papa León XIV, Gallagher recuerda el compromiso de larga duración de la Santa Sede —uno de los signatarios originales del OIEA hace setenta años— en la convicción de que una tecnología con un potencial tan vasto como el nuclear «debía regirse por sólidos principios éticos, utilizarse al servicio de la paz y del desarrollo humano integral y estar protegida contra cualquier uso destructivo». Aunque la realidad geopolítica y la misma tecnología han evolucionado, la perspectiva del Vaticano sigue siendo la misma: «el uso pacífico de la energía atómica debe seguir guiándose por esos mismos principios éticos fundamentales y duraderos».
El papel único del OIEA
El arzobispo destaca además el valor del uso pacífico de la tecnología nuclear como aplicación de las innovaciones científicas al servicio del bien común. Sin embargo, es esencial garantizar que no haya discriminaciones en el acceso a sus beneficios. En este sentido, a través de su programa de cooperación técnica, las iniciativas de fortalecimiento de capacidades y el apoyo a las instituciones nacionales, el OIEA «desempeña un papel único a la hora de reforzar la capacidad de los Estados para aplicar las tecnologías nucleares en ámbitos como la salud humana, la producción alimentaria y la energía». El compromiso únicamente de la Agencia no es suficiente. De hecho, Gallagher recuerda que «el ejercicio responsable del derecho al uso pacífico de la tecnología nuclear es inseparable de los compromisos y responsabilidades que lo acompañan, sobre todo del compromiso de los Estados que no poseen armas nucleares de no adquirir dichas armas».
Seguridad y protección recordando Chernóbil
Con motivo del 40º aniversario de la catástrofe de Chernóbil, en la que la explosión de un reactor nuclear causó enormes daños a corto y largo plazo, el secretario del Vaticano subraya que «los beneficios del uso pacífico de las tecnologías nucleares, en particular para hacer frente a la creciente demanda de energía, deben equilibrarse siempre con la responsabilidad, la transparencia y un firme compromiso con la seguridad y la protección nucleares». En este sentido, garantizar «la seguridad y la protección física de las instalaciones nucleares es una preocupación urgente y compartida, sobre todo en situaciones de conflicto armado».
También en este caso, la postura de la Santa Sede se mantiene inalterable: «los ataques contra las instalaciones nucleares no deben producirse jamás», ya que podrían provocar fugas radiactivas con graves consecuencias humanitarias y medioambientales, tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales. Los «recientes y preocupantes acontecimientos» a nivel internacional, señala Gallagher, ponen aún más de manifiesto la necesidad de «adoptar enfoques responsables y sostenibles respecto a todas las actividades nucleares, incluidas la extracción de uranio y la gestión de los residuos radiactivos, teniendo en cuenta la protección del medio ambiente, la salud pública y el bienestar de las generaciones presentes y futuras».
Aplicar la IA con conciencia
Por último, el secretario dedica un fragmento de su discurso al uso de la inteligencia artificial en el ámbito nuclear. La Santa Sede acoge con satisfacción las iniciativas del OIEA e insta a realizar una reflexión ética minuciosa y a adoptar una gobernanza responsable. Tal y como subrayó el Papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas: «Si nos centramos únicamente en las contingencias, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias dicte el rumbo de nuestro camino». La aplicación de la IA en el sector nuclear, concluye Gallagher, «debería, por lo tanto, estar respaldada por la conciencia de los riesgos asociados, una supervisión humana eficaz, normas sólidas de seguridad y protección, así como una cooperación internacional reforzada, para que dichas tecnologías puedan promover realmente la paz, la seguridad, la salud humana y la prosperidad de las generaciones presentes y futuras».
