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Una heroica página de la historia de las misiones católicas
(Vatican News).- Bajo el lema “Sembradores de esperanza” y con el objetivo de “renovar el espíritu misionero y recordar que las dificultades y el dolor del martirio pueden solventarse con sentido de fe, con diálogo y perdón, con ejemplaridad, sin caer en odios ni violencias”, la Orden de Agustinos Recoletos se disponen a celebrar los 100 años de la misión china.
Por ello, los Agustinos Recoletos abren este 5 de diciembre a las 17:30 horas en la Parroquia de Santa Rita de Madrid, España, las celebraciones por el primer centenario de una de las páginas más acendradas de su historia y de su presente y que concluirán el 20 de octubre de 2024. Los Agustinos recuerdan una historia que aúna la ejemplaridad de unos pocos misioneros con el ímpetu de mujeres y hombres que viven su fe aun en medio de enormes dificultades y de intensas presiones ideológicas.
En Shangqiu, Henan, China, propios y extraños visitan hoy una hermosa catedral. Después del budismo y el taoísmo, el catolicismo es la tercera religión, algo nada común en un país donde solo el 9% de la gente practica una religión. Esta heroica página de la historia de las misiones católicas y de los Agustinos Recoletos que dura hasta hoy comenzó en 1924, cuando solo 700 de los 2,5 millones de habitantes de la prefectura eran católicos. Durante los siguientes 30 años fueron enviados 26 misioneros y seis monjas desde España y Filipinas. Con su palabra y ejemplo hasta 10.000 personas abrazaron la fe, y las vocaciones locales sumaron 22 religiosas y 17 religiosos chinos.
Durante estos años, señalan los Agustinos, el Evangelio fue bien acogido por su mensaje de amor en una sociedad muy castigada por la miseria y la violencia. Aunque sufrieron el azote de las guerras y la persecución, los misioneros sembraron a su alrededor esperanza, paz y seguridad, sobre todo con quienes más sufrían, como las niñas y los enfermos. Dos de ellos, Mariano Gazpio y Esperanza Ayerbe, están en proceso de canonización.
En 1952 los religiosos españoles son expulsados, y cinco recoletos y un seminarista chino murieron en campos de trabajo forzado. Los que sobrevivieron lograron desde 1989 poner en pie de nuevo a la Iglesia. La tarea de los laicos y, especialmente, de las mujeres, ha sido clave en este mantenimiento de la fe y de la comunidad.
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