'Alegato de Navidad por la paz' del prepósito general de los jesuitas Arturo Sosa, sj.: "¿Cuándo diremos ¡basta!, cuándo nos levantaremos con los pobres, los excuidos y las víctimas?"

“Hace décadas, el Papa Pío XII clamaba: ‘Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra’. El Papa Francisco no se cansa de repetir que la guerra es siempre, siempre, una derrota para la humanidad”

"Cuando vemos los rostros de los niños en Afganistán, o de las mujeres que anhelan allí una oportunidad para educarse... Cuando vemos los rostros de los niños en Ucrania separados de sus padres o que viven en campos de refugiados... Cuando vemos los rostros de los niños en Gaza... Cuando vemos los rostros de los hijos e hijas de israelíes asesinados en los ataques de Hamás... Cuando vemos todo eso tenemos que decir en voz alta y sin ambigüedades: “Esto tiene que parar”.

En su mensaje de Navidad, el padre Arturo Sosa, superior general de la Compañía de Jesús, quiere apoyar el deseo, la esperanza y la oración por la paz de los jesuitas y de tantos de sus compañeros en la misión. Invita a dejarse inspirar por Francisco de Asís, pero también por monseñor Romero, Rupert Mayer, Ignacio Ellacuría y sus compañeros “que han luchado con todas sus fuerzas contra la injusticia, la violencia y la guerra”.

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Mensaje de navidad por la paz en el mundo

La espera y el anuncio del nacimiento del “Príncipe de la Paz” que alimenta la segunda venida del Salvador del mundo es una oportunidad para reflexionar sobre la paz y expresar el anhelo de paz que hay en el corazón de tantos jesuitas y de tantos de los que son nuestros compañeros de misión.

“Hace décadas, el Papa Pío XII clamaba: ‘Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra’. El Papa Francisco no se cansa de repetir que la guerra es siempre, siempre, una derrota para la humanidad”

Esto tiene que parar

Cuando vemos los rostros de los niños en Afganistán, o de las mujeres que anhelan allí una oportunidad para educarse... Cuando vemos los rostros de los niños en Ucrania separados de sus padres o que viven en campos de refugiados... Cuando vemos los rostros de los niños en Gaza... Cuando vemos los rostros de los hijos e hijas de israelíes asesinados en los ataques de Hamás... Cuando vemos todo eso tenemos que decir en voz alta y sin ambigüedades: “Esto tiene que parar”.

“¿Cuándo aprenderemos que la guerra no consigue nada más que acumular odio y resentimiento, lleva, además, a entrenar a la próxima generación de guerreros? ¿Cuándo aprenderemos que la guerra hace cada vez más difícil perdonar? ¿Cuándo aprenderemos que amarga a las generaciones futuras y perpetúa un ciclo de odio cada año, cada mes, cada década?”

¿Cuándo veremos que en lugar de gastar miles de millones de dólares o euros en armamento, podríamos gastar esos miles de millones en aliviar la pobreza? Parece que nunca se encuentran los dólares y los euros para aliviar la pobreza y, sin embargo, siempre se encuentra dinero suficiente para iniciar la próxima guerra, construir la próxima bomba, armar nuevos ejércitos.

¿Cuándo diremos ¡basta!?

“¿Cuándo nos levantaremos con los pobres, los excluidos y las víctimas no sólo para denunciar la inmoralidad, sino para encontrar la manera de cambiarla?”

Podemos inspirarnos en santos como Francisco de Asís, monseñor Romero, el beato Rupert Mayer, o mártires como Ignacio Ellacuría y compañeros que ante tanta injusticia, violencia y guerra, sintieron tal aversión que lucharon contra ellas en todas sus dimensiones.

“En este contexto, al acercarse la Navidad, como Compañía de Jesús nos preguntamos: qué se puede hacer, cómo podemos incidir, cómo podemos utilizar mejor los recursos con los que contamos en nuestras obras apostólicas en todo el mundo, para clamar por la paz. Paz con justicia es lo que el mundo grita y anhela”

Que esta Navidad 2023 el Príncipe de la Paz toque nuestros corazones; pedimos que toque también los corazones de aquellos que tienen la posibilidad y la responsabilidad de cambiar la situación y abrirse al diálogo que abra el camino que conduce a la paz duradera

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