Se cumplen 20 años del conflicto en Sierra Leona: 11 años y unos 250.000 muertos Testigos de la atrocidad: Hermanos de San Juan de Dios en Sierra Leona durante la Guerra Civil

El hermano Chávarri en Sierra Leona
El hermano Chávarri en Sierra Leona

El Hermano de San Juan de Dios, José María Chávarri, nos ofrece su testimonio durante los años que estuvo en Sierra Leona coincidiendo con la guerra civil

Once años de codicia, sangre y violencia. Una historia de niños a los que arrebataron su inocencia; de diamantes manchados en sangre

(Hermanos de San Juan de Dios).- La guerra de los diamantes comenzó en Liberia en 1989 y se extendió a Sierra Leona en 1991 con la rebelión del Frente Revolucionario Unido (FRU) del grupo étnico de los Temnes, ante el ejército del gobierno formado principalmente por la tribu de los Mende. La Guerra duró 11 años y causó unos 250.000 muertos. El objetivo era controlar la zona de diamantes para enriquecerse y adquirir armas para su causa.  

Once años de codicia, sangre y violencia. Una historia de niños a los que arrebataron su inocencia; de diamantes manchados en sangre.

Hoy en día, el país se encuentra en la difícil tarea de enfrentarse a sus fantasmas del pasado y superar los desafíos de este nuevo siglo.

El revolucionario liberiano Charles Taylor fue el promotor de la extensión del conflicto a Sierra Leona. El Tribunal Especial para Sierra Leona le condenó a 50 años de cárcel por organizar y financiar económicamente al FRU de Sierra Leona liderado por Foday Sankoh. Su lugarteniente, el sierraleonés Gibril Massaquoi, luchó tanto en Liberia como en Sierra Leona y se convirtió en uno de los señores de la guerra más crueles.

Al acabar el conflicto Massaquoi huyó a Finlandia donde se refugió hasta el 2020, año en el que fue arrestado por crímenes contra la humanidad entre los que destacan masacres, amputaciones, saqueos, violaciones, tráfico de diamantes, captación de niños soldados, etc.

El juicio contra este señor de la guerra comenzó el pasado febrero y hay 80 testigos en Sierra Leona dispuestos a declarar en su contra. Por esta razón un grupo de jueces finlandeses se desplaza este año a Freetown para escuchar las acusaciones y así poder juzgar en Finlandia al señor Massaquoi.

Hermanos en tiempos de guerra

El Hermano de San Juan de Dios, José María Chávarri, fue testigo durante 3 años las atrocidades de la guerra, mientras trabajaba en el Hospital al que acudían miembros de las dos fracciones en contienda.

“Como miembro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fui destinado a este país en 1992 y permanecí hasta 1995 en el Hospital que la Orden tiene en Mabesseneh a cuatro kilómetros de Lunsar y a unos 80 de Freetown. El Hospital tiene una capacidad de 110 camas, con especialidades en pediatría, maternidad, cirugía y traumatología; además de quirófanos, laboratorio, rayos X, una sección para enfermos de tuberculosis y actualmente una escuela de Enfermería. A este hospital acudían enfermos de las dos facciones del país: las fuerzas nacionales y las rebeldes. A todos ellos se trataba sin distinción de ideología, religión o condición social”.

La Comunidad de Hermanos del Hospital estaba formada por ocho hermanos: siete españoles y uno ghanés. El hno. Chávarri era el responsable del equipo de la Orden en el Hospital y, por sus responsabilidades, “tenía que tramitar gestiones y hacer las compras en la capital del país, Freetown, donde vi cosas muy difíciles de entender como barreras de control vigiladas por ambos bandos militares, en los que, con demasiada frecuencia, me encontraba a jóvenes de 11-15 años con metralleta en mano, algunos drogados o embriagados que en cualquier momento te podían disparar pues no eran conscientes de lo que hacían, era algo terrible. Más tarde, un sacerdote javeriano creó un centro para rehabilitar a estos niños guerreros”.

Testigo del avance rebelde

El Hermano relataexperiencias muy duras a lo largo de esos tres años guerra civil.

“A lo largo de las 24 horas del día teníamos una idea fija y constante de que en cualquier momento algo podría suceder. No lográbamos concentrarnos en lo necesario, con frecuencia la imaginación divagaba en distintos asuntos, se nos interrumpía con frecuencia solicitando todo tipo de ayudas. Cuando en ocasiones se oían ruidos fuertes nos sobresaltábamos pensando que podrían ser disparos o alguien que venía para robar. Era una situación complicada. A todos nos pasaba lo mismo”.

Recuerda la impotencia ante determinadas situaciones sanitarias críticas. “¿Qué hacer ante determinados problemas? Muchas veces no teníamos una solución que dar ante tantas situaciones de necesidad que afloraban. La muerte de alguien por un simple disparo, una persona gravemente herida, problemas familiares serios…etc. Eran demasiados los casos a los que no podíamos dar respuestas adecuadas por falta del abastecimiento sanitario necesario, ya que el hospital se encuentra en el interior y no había facilidad de desplazamiento en esas circunstancias para adquirir suministros”. 

Sin los medios suficiente no podían satisfacer algunas necesidades básicas como comida y ropa.” Un niño, vecino nuestro, vino una tarde para comunicarnos que su padre había fallecido en una emboscada no lejos del hospital. ¿Qué hacer? Eran situaciones fuera de nuestro alcance”.

“Nunca abandonamos el Hospital”

El ruido de disparos era constante, pero había momentos de ataques centrados en las localidades cercanas al Hospital. “Cuando esto ocurría, se creaba una gran confusión. Los vecinos del poblado más próximo venían buscando refugio en el Hospital, y los enfermos allí atendidos salían llenos de miedo a refugiarse entre la maleza y el bosque. La gente entraba y salía en estampida y desorden.

El Hospital abría en esos momentos de par en par las puertas para que se pudiera circular libremente. “En los casos en que el enfermo tenía un dosificador de suero, se le desconectaba, si él así lo pedía, para poder huir. Los trabajadores y enfermeros dejaban alarmados el hospital para poder controlar a su propia familia, algunos niños se perdieron al unirse a gente extraña. Nosotros siempre permanecimos en el Hospital”.

Poco a poco los voluntarios que trabajaban dejaron el hospital para irse o refugiarse en la Embajada Española y esperar la ocasión para salir del país; la clínica oftalmológica evangelista, cercana al hospital, cerró ante tal situación; el párroco italiano de Lunsar también se fue tras la llamada del Obispo “y las cuatro religiosas misioneras carmelitas mejicanas que trabajaban con nosotros se fueron a otra comunidad por sentirse más seguras allí”.

"Quedaron 6 personas solo, pero valió la pena solo por la visita de un grupo de personas para darnos las gracias por no habernos ido. Nos dijeron que el hecho de ver por las noches las luces del hospital suponía para ellos una gran tranquilidad y seguridad para poder seguir en sus casas, de lo contrario habrían tenido que huir perdiendo lo poco que tenían"

La recogida de cadáveres empezó a ser otro de sus objetivos para darles sepultura en una zona que habilitaron detrás de la Comunidad. También recuerda que nunca fueron un objetivo, ya que, “por cuidados médicos o necesidad de alimentos todos nos necesitaban”.

Todo era dar y ofrecer ante tanta necesidad.

Las reservas de alimentos se agotaban y cada vez era más difícil viajar a la capital. “Uno de los hermanos empezó a cocinar tres calderas de arroz diarias. Es muy difícil vivir esta situación, incluso creerla sin verla con los propios ojos. Se te desgarra el corazón. El Hermano en cuestión, persona seria y recia, se transformó totalmente en bonachón y espléndido, no escatimaba nada, todo era dar y ofrecer ante tanta necesidad”.

Una mención especial al Hno. Manuel García Viejo, uno de los fallecidos por ebola en 2014, y al personal del Hospital.

“Podría relatar muchos más hechos reales que se sucedieron a lo largo de los días, pero no puedo dejar de mencionar al Hno. Manuel, médico cirujano e internista, entregado totalmente a su trabajo de salvar vidas, siempre fiel a su misión y disponible tanto de día como de noche ante cualquier urgencia que se presentara”.

Él siguió en Sierra Leona hasta 2014, año en el que se contagió de ebola, en ese hospital y falleció en España como todos conocemos.

Varios trabajadores murieron por la misma infección. “Quiero dar un recuerdo especial para todos ellos. En 2015 la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, por su trayectoria de quinientos años de existencia al servicio de las personas marginadas, enfermas y necesitadas de la sociedad. Son varios los hermanos de la Orden que han fallecido en África a causa de su entrega incondicional viviendo la filosofía, valores y herencia de nuestro fundador San Juan de Dios”.

Hospital hoy

“Es tiempo de recapacitar y de cargar sobre nuestras espaldas las necesidades de los demás”.

Experiencia muy dura pero muy positiva al mismo tiempo. Tiempos difíciles que deseamos que nunca se repitan. Nunca jamás desear una guerra, los conflictos se tienen que solucionar por otras vías. Tantas familias destruidas, muchas personas muertas, retroceso de la economía del país a una pobreza absoluta, barbarie y brutalidad por doquier, mujeres violentadas, menores que han perdido a sus padres, brotes de enfermedad mental causados por heridas psicológicas que jamás van a curar, y un sinfín de problemas sin posible solución.

Es tiempo de recapacitar, de madurar, de cargar sobre nuestras espaldas las necesidades de los demás, de evitar el enriquecimiento personal en detrimento del de los demás. Posicionémonos en contra de la corrupción, de la explotación humana y de tantas muchas situaciones que causan las guerras y el odio entre los humanos. Nunca más. Jamás repetir los mismos errores.

Decía más arriba que conformábamos la comunidad un grupo de hermanos españoles y un africano; pero ahora la forman un grupo de africanos y ningún europeo. Bonita realidad. La semilla que en un principio se sembró ahora ha dado su fruto. Son los hermanos de San Juan de Dios africanos quienes eficientemente llevan adelante la misión juandediana y el carisma de la hospitalidad”.

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