Francisco Ostos, misionero en Congo, epicentro del nuevo brote del ébola: “Hemos pasado por mucho en estos 53 años y no voy a decir adiós ahora”
El Padre Blanco explica a Obras Misionales Pontificias cómo se está viviendo este brote y el papel esencial que está ejerciendo la Iglesia para atender a los enfermos
(omp.es).- El noreste de la República Democrática del Congo es una zona de gran inestabilidad desde hace años por las guerrillas, la ocupación del ejército ugandés y los campos de refugiados de Sudán del Sur. A todo ello ahora se suma un nuevo brote de ébola, que ha sido declarado por la Organización Mundial de la Salud como emergencia de salud pública de importancia internacional.
Desde allí Francisco Ostos, un misionero Padre Blanco en la zona desde hace 53 años, explica a Obras Misionales Pontificias (OMP) cómo se está viviendo este brote y el papel esencial que está ejerciendo la Iglesia para atender a los enfermos y prevenir la propagación del virus. Y reafirma su voluntad de seguir entregando la vida allí.
“Es el 17º brote de ébola que se da en República Democrática del Congo, pero la particularidad esta vez es que se trata de una variante para la que no hay vacuna ni tratamiento”, explica Francisco Ostos, de los misioneros de África (más conocidos como Padres blancos) desde Ituri. “Hay muchas más personas que habrán muerto o que están infectadas de las que oficialmente se tienen datos, porque piensan que lo que tienen no es ébola, que es meninguitis, malaria o fiebre tifoidea…”, describe.
P. Francisco Ostos, misionero en República Democrática del Congo
Esto se agrava en el caso de los fallecidos. “Cuando hay uno contagiado o muerto, no respetan el aislamiento y lo llevan a su pueblo para enterrarlo, y todo el mundo tiene que llorarlo y abrazarlo, van a limpiarlo… Y naturalmente es un foco de contagio increíble”. Gracias a Dios, según explica el misionero, la experiencia acumulada con los anteriores brotes de ébola y con la pandemia del COVID-19, está ayudando en las campañas de prevención.
“Si los misioneros no estuviéramos aquí, esto sería como para que el pueblo se haga un ‘suicidio colectivo’, porque a nivel de escuela y de sanidad, más allá de lo que hace la Iglesia católica y la anglicana, prácticamente no se hace nada”, explica Francisco Ostos. La diócesis cuenta con 5 hospitales, y varias maternidades y ambulatorios. En Mahagi, ciudad de Ituri donde se encuentra el misionero, solo hay un hospital del Estado y está en condiciones deplorables. Allí suelen acercarse los misioneros para acercar comida a los enfermos. “No hay ninguna asistencia, no tienen medicinas, no tienen medios para analizar, no tienen nada”. Sin embargo, en los hospitales de la Iglesia sí que hay medios y condiciones dignas para los pacientes.
Prevención en los centros de salud diocesanos
Además de la atención sanitaria, Ostos subraya la importancia de la prevención que se está realizando en los centros de salud diocesanos, pero también en las 29 parroquias que hay en la diócesis. “Han hecho posters y los han pegado en diferentes paredes, se están haciendo sesiones de formación en las escuelas y las Iglesias”… Toda difusión es poca, y por ello también desde la radio diocesana se está realizando una labor enorme de prevención. “Se están dando instrucciones a la gente en sus diferentes lenguas para que tengan cuidado y tomen precauciones”. Indicaciones como cocinar bien los alimentos por encima de 60º, lavarse las manos regularmente, que haya separación entre personas, que se aíslen…
El ébola no es el único problema que asola al noreste de R. D. Congo. “Hace cinco años que estamos en estado de sitio, porque hay cuatro grupos rebeldes que son auténticos salvajes, que se dedican a eliminar a esta población y a hacerla sufrir”, afirma. “Estos no matan con fusiles, estos matan con machetes, y cuando atacan van con mujeres y con los hijos. Mientras ellos matan, las mujeres prenden fuego a las chozas de la gente para que huyan, y así cogen ellos las cabras, las vacas, todo lo que tenga valor”.
A pesar de los esfuerzos de la ONU y del ejército ugandés, no hay ninguna solución por ahora. “Los cuatro grupos rebeldes campan y hacen lo que quieren, y han obligado a las poblaciones a desplazarse creando campos de desplazados con muy mala higiene, lo que se convierte en foco de epidemias”. A ello se suma la ocupación desde hace un año del ejército gubernamental de Uganda -país que se encuentra a tan solo 12 kilómetros de donde está el misionero-; y los campos de refugiados que llegan de Sudán del Sur.
Ante tanto sufrimiento, la gente encuentra en la Iglesia un hogar. “La gente sabe que en Jesucristo está la respuesta, y por eso las Iglesias se llenan de personas todas las mañanas, porque saben que ahí es el único lugar donde ellos encuentran seguridad”, afirma Ostos. “Es curioso que cuando una persona va a las oficinas del Estado, va a la defensiva, sabiendo que van a intentar aprovecharse de él. Pero cuando vienen a la parroquia, saben que son atendidos como personas, que se les va a ayudar, que no se les va a explotar.”
“No voy a decir adiós ahora”
Con 77 años -53 de ellos en R. D. Congo-, Francisco Ostos no se plantea dejar la misión. “El misionero tiene que estar donde hay necesidades”, defiende. “Hemos pasado por mucho estos 53 años de guerra y otras epidemias, no voy a decir adiós porque ahora haya una cosa más que sea negativa”, subraya de forma contundente. “Si pensara en mi confort, sí me volvería a España”.
La vocación de este misionero andaluz se remonta a cuando tenía 15 años, cuando por una lesión tuvo que permanecer en cama un mes, y allí escuchó en la radio la noticia del martirio de seis Padres Blancos en República Democrática del Congo. Ante esta noticia, sintió dentro que él asumiría su relevo. Años después, tras varias vicisitudes, decidió ser misionero Padre Blanco, y sus superiores, sin saberlo, le mandaron a reabrir esa misión que estaba cerrada desde el martirio. 53 años después, esa llamada a la misión sigue viva.
Este misionero tiene un mensaje para los españoles: “Hay que rezar, pedir la ayuda del Señor. Lo podéis hacer desde España, rezar para que este brote pase lo más pronto posible, que el Señor acoja a los que se han ido a causa de este virus y ayude a los médicos sobre todo”.
