Francisco sigue velando por la vida consagrada
"Su imagen seguirá viva entre nosotros y su palabra resonará en nuestros corazones para abrirnos a la luz, al amor, a la solidaridad y a la esperanza. Su ejemplo de vida profética y ardor misionero seguirá estimulando nuestra vida consagrada como signo y aliento evangelizador"
El 21 de abril de este año 2025, estando en curso el Jubileo de la Esperanza, murió el Papa Francisco. Sus últimas intervenciones fueron consideradas como una auténtica despedida, envuelta en el misterio de la resurrección de Jesús. Antes de partir a la casa del Padre bendijo al Pueblo de Dios con la bendición pascual. La celebración de su funeral fue todo un signo de fe y de gratitud por su vida y su magisterio. La Iglesia, consciente de ser misterio, comunión y misión y que cree en la comunión de los santos, sabe que su presencia seguirá siendo real a través de la memoria del ejemplo de su vida y de la fuerza profética de su palabra en el servicio al Evangelio. La convicción de que la Iglesia, pueblo fiel santo de Dios, es misterio, le hizo repetir con frecuencia que no la miremos como una ONG, a la que “servimos”, sino el misterio que nos envuelve, que nos abraza y urge a salir a comunicar el amor que Dios nos tiene.
En este mundo, en que todo pasa, en que todo sucede con vertiginosidad y se palpa la caducidad, solo permanece lo bueno, lo bello y lo auténtico. Permanece la imagen de la vida de los justos, de los hombres íntegros y libres. “El recuerdo del justo es bendito” (Pr. 10,7). Francisco camina en presencia del Señor en el país de la vida (Sal 114) y, ante el Cordero, canta ya el himno de los redimidos (Ap 15, 3-4). Su imagen seguirá viva entre nosotros y su palabra resonará en nuestros corazones para abrirnos a la luz, al amor, a la solidaridad y a la esperanza. Su ejemplo de vida profética y ardor misionero seguirá estimulando nuestra vida consagrada como signo y aliento evangelizador. Esta es la razón de nuestra memoria agradecida a su persona y a su servicio a la Iglesia y a la humanidad.
1. Conocer a Bergoglio para conocer al Papa Francisco
En enero de este año 2025 se publicaba la Autobiografía del Papa Francisco. Es de agradecer que nos revelase los momentos claves de su vida, porque son un testimonio de fidelidad y coherencia. El título es Esperanza. Es la palabra que lo define. Creo que es la que más se repite en todas sus publicaciones: siendo sacerdote jesuita[1], obispo y Papa. Basta repasar su abundante bibliografía dedicada al tema. Lo más relevante es que siempre fue un hombre de esperanza. Unas palabras de Nino Costa, puestas en la primera página de la autobiografía, confirman su talante: “Directos y sinceros, tal y como son se muestran: testarudos, pulso firme e hígado sano, hablan poco, pero saben lo que dicen; aunque caminan despacio, van lejos”.
En esta autobiografía ofrece el texto de una oración que compuso en vísperas de su ordenación sacerdotal. En ella afirma: “Creo en la vida religiosa”. Francisco ha seguido creyendo en su vocación religiosa como jesuita. Lo ha manifestado de múltiples formas, muchas de ellas conocidas. Se ha sentido “primereado”. Su vocación es el quicio de su vida, el arraigo y el dinamismo de su misión evangelizadora. El don de la vocación le ha llevado a ponerle en horizonte de universalidad y a estar siempre disponible. Desde su juventud tuvo la ilusión de ir a las misiones lejanas de oriente. Afianzó su vocación y cultivó sus convicciones, como alguna vez ha expresado, en la oración de adoración y de alabanza.
Para entender su interés y preocupación por la vida consagrada, es obligado recordar que, además de ser un fiel hijo de San Ignacio, se empapó del Concilio Vaticano II, del Magisterio de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ha escrito orientaciones muy profundas y valiosas para consagrados y consagradas: Meditaciones para religiosos (1982). En 1992 escribe Reflexiones espirituales sobre la vida apostólica. En 1994 participó en el Sínodo de la vida consagrada.[2]Quedé admirado al escuchar tan densa intervención en el Sínodo. Era obispo Auxiliar de Buenos Aires y se sentaba en el aula sinodal junto a la M. Teresa de Calcuta. Me causó tal impacto lo que dijo que me acerqué a felicitarle y, de paso, saludé a la M. Teresa. Al recordar esta aportación al Sínodo, quiero resaltar que en ella se ofrece un cuadro de orientaciones que han sido desarrolladas por Bergoglio siendo papa Francisco. En su intervención resaltó que la vida consagrada es un Don del Espíritu a su Iglesia, que sólo tiene razón de ser en ella y para ella. “Una familia religiosa es familia en cuanto está integrada en la gran familia, en el santo pueblo fiel de Dios”. Subrayó hacia dónde había de apuntar el dinamismo de la renovación y su empeño por la evangelización. Ya en ese momento denunció el funcionalismo y -haciéndose eco de H. De Lubac- la mundanidad, como peligros para la vida consagrada del futuro.
Disponemos de no pocas obras de su magisterio episcopal en torno al servicio y a la educación. Son luminosas sus orientaciones pastorales para el Pueblo de Dios y las diversas formas de vida cristiana. Afortunadamente contamos con muchas obras escritas sobre la figura del Bergoglio-Francisco. A través de ellas se puede percibir su personalidad, su calidad humana, su capacidad de relación, su empeño por cuidar los encuentros y fomentar la reconciliación. La viveza de su lenguaje ha consagrado una serie de “bergoglismos”.[3] En su modo de expresarse y en su estilo de comportamiento era popular, pero no vulgar. Entre los autores que alimentaron su privilegiada inteligencia están: Lucio Gera, Rafael Tello, Alberto Methol Ferré, Juan Carlos Scannone. También Eduardo Pironio, de quien era amigo. Entre los teólogos europeos que influyen poderosamente en él están: Henri de Lubac, Yves M. Congar, Gaston Fossard, Michel Certeau, Hans Urs Von Balthasar y Romano Guardini. De ahí la altura, densidad y perspectiva que adquiere su pensamiento, siempre vigilante, discernidor y emprendedor. Desde los primeros años de ministerio apostó por los procesos de crecimiento y transformación, tal como aparecen ya en Meditaciones para Religiosos, pp. 49-50, publicado en 1982.
Añado un testimonio del amor del Cardenal de Buenos Aires por la vida consagrada. En mi relación personal con él, desde 1994, pude apreciar sus sentimientos e interés por la vida consagrada en las Plenarias de la Congregación de Religiosos, de la que éramos miembros en aquellos años. Aún recuerdo sus aportaciones cuando se preparaba el documento “Caminar desde Cristo”. Y, en una conversación en Buenos Aires, pude apreciar su austeridad en su vida, en el uso de los medios públicos y el amor a los pobres.
Un dato de no menor importancia en su vida ministerial fue su aportación a la V Conferencia del CELAM, celebrada en Aparecida en el 2007. Se sabe cuánta fue su influencia en la redacción del documento final. Sobre la vida consagrada resalto estos dos párrafos: “En un continente, en el cual se manifiestan serias tendencias de secularización, también en la vida consagrada, los religiosos están llamados a dar testimonio de la absoluta primacía de Dios y de su Reino. La vida consagrada se convierte en testigo del Dios de la vida en una realidad que relativiza su valor (obediencia), es testigo de libertad frente al mercado y a las riquezas que valoran a las personas por el tener (pobreza), y es testigo de una entrega en el amor radical y libre a Dios y a la humanidad frente a la erotización y banalización de las relaciones (castidad)” (n. 219). Y un poco más adelante añade: “Los pueblos latinoamericanos y caribeños esperan mucho de la vida consagrada, especialmente del testimonio y aporte de las religiosas contemplativas y de vida apostólica que, junto a los demás hermanos religiosos, miembros de Institutos Seculares y Sociedades de Vida Apostólica, muestran el rostro materno de la Iglesia. Su anhelo de escucha, acogida y servicio, y su testimonio de los valores alternativos del Reino, muestran que una nueva sociedad latinoamericana y caribeña, fundada en Cristo, es posible” (n. 224).
2. Velar, verbo clave en el ministerio de Bergoglio-Francisco
Como gran pastor que era, ya siendo obispo, usaba con frecuencia el verbo velar, que, en él, significa implicarse activamente en la vida y cuidado de los fieles. Implica estar atento a sus necesidades, preocupaciones y sufrimientos, y responder con amor y solicitud pastoral. Creo en la comunión de los santos y, como tuvo una especial solicitud por la vida consagrada en el tiempo en que fue obispo en Buenos Aires y Obispo de Roma, como le gustaba ser llamado, también ahora seguirá cuidando.
En el Sínodo sobre el Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo, celebrado en el otoño del 2001, tuvo el cardenal Bergoglio una intervención que hizo pensar. Vino a afirmar que la misión del obispo no es de “vigilancia”, sino de “vela”, como Dios vela sobre su pueblo, como san José vela sobre la Sagrada Familia. En la Exhortación postsinodal, en cuya preparación participó, aparecen estas palabras: “La unción del Espíritu Santo, en fin, al configurar al Obispo con Cristo, lo capacita para continuar su misterio vivo en favor de la Iglesia. Por el carácter trinitario de su ser, cada Obispo se compromete en su ministerio a velar con amor sobre toda la grey en medio de la cual lo ha puesto el Espíritu Santo para regir a la Iglesia de Dios: en el nombre del Padre, cuya imagen hace presente; en el nombre de Jesucristo, su Hijo, por el cual ha sido constituido maestro, sacerdote y pastor; en el nombre del Espíritu Santo, que vivifica la Iglesia y con su fuerza sustenta la debilidad humana” (PG 7).
Al comienzo de su servicio como Obispo de Roma, dijo: “sólo el que sirve con amor sabe custodiar”. Velar, para el Papa Francisco, implica un compromiso profundo y una entrega total a aquellos a quienes se sirve. Velar es cuidar con amor y esmero, como dijo el 4 de mayo del 2018. Velar supone atención a los problemas y necesidades de los demás; participar activamente en la vida de la comunidad y preocuparse, haciendo lo que esté en sus manos por el bienestar de sus hermanos. Velar comporta defender y proteger, acompañar y orientar. La vida del obispo “está envuelta en la vida del rebaño” y, por eso, se interesa, defiende y cuida de sus ovejas. Francisco, que tanto insistió en este velar del Pastor, ¿nos dejará solos?
3. El papa Francisco, implicado y solícito por la vida consagrada
No ocultó nunca que era religioso. Cabe subrayar estos tres puntos: 1) Su manera de definirse: “Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada...”. La experiencia del amor y de la misericordia divina. Primerear lo lleva dentro de sí. 2) La práctica del discernimiento como modo de vivir su ministerio. Conocer mejor al Señor y seguirle más de cerca. No tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño. 3) Su gran capacidad de liderazgo espiritual y universal. Su credibilidad le ha llevado a ser reconocido en todo el mundo y en todas las esferas cristianas y de otras religiones. El nombre que tomó fue programático: Francisco, rememorando al pobre de Asís, el restaurador de la Iglesia, pobre e instrumento de paz.
La personalidad del Papa Francisco tiene detrás de su espontáneo comportamiento, muchos gestos y, sobre todo, una vida entregada. Son muchos los que se han apresurado a analizar la antropología que sustenta su pensamiento, la eclesiología con la que dirige la Iglesia, la pastoral que acumula, pero es de admirar el misterio de su riqueza interior, su experiencia de vida. Por eso, es un don para la Iglesia y es verdadero profeta en la vida consagrada. Su liderazgo está reconocido en todo el mundo y en todos los ámbitos[4].
De hecho, lo ha demostrado de formas distintas: la solicitud por el servicio de la Congregación para la vida consagrada, los encuentros con las Uniones de Superioras y Superiores Generales, las palabras de aliento a los Capítulos Generales, las reuniones con las consagradas y consagrados en los viajes realizados en los distintos países visitados, y, por supuesto, los discursos, cartas, exhortaciones dirigidas a grupos de consagradas y consagrados…
El magisterio del Papa Francisco sobre la vida consagrada es amplísimo y cuantioso, a la vez que denso. La editorial Publicaciones Claretianas (de Madrid) ha publicado cuatro volúmenes -y prepara el quinto- en los que recoge cuanto ha hablado y escrito el Papa Francisco sobre la vida consagrada. El título de esta colección es “Frecuentar el futuro”. Es posible que los lectores de TABOR conozcan ya esta riquísima herencia que nos ha dejado. Es un caudal ingente de reflexiones, orientaciones, exhortaciones y propuestas para vivir con gozo el seguimiento de Jesús según el carisma de los fundadores y hacer que nuestras vidas sean evangélicas y evangelizadoras. Están empapadas de sintonía, solidaridad, comprensión y compasión, benevolencia y ternura, espontaneidad y exigencia a la conversión, con visión de futuro, invitación a la salida misionera y a la trasformación para ser signos proféticos que hagan crecer el Reino de Dios en este mundo.
Pero voy a resaltar dos puntos que no conviene olvidar.
1) El año de la vida consagrada
Del 30 de noviembre de 1914 al 2 de febrero del 1916 fue Año de la Vida Consagrada. El 21 de noviembre escribió una carta a las consagradas y consagrados, cuyas palabras de saludo eran estas. “Os escribo como Sucesor de Pedro, a quien el Señor Jesús confió la tarea de confirmar a sus hermanos en la fe (cf. Lc 22,32), y me dirijo a vosotros como hermano vuestro, consagrado a Dios como vosotros. Demos gracias juntos al Padre, que nos ha llamado a seguir a Jesús en plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia, y que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo que nos da alegría y nos hace testimoniar al mundo su amor y su misericordia”.
Los actos a nivel eclesial, nacional y de iglesias particulares se multiplicaron durante este año. Permítanme recordar algunas de las actividades que se realizaron aquel año, que fue tiempo, sobre todo, de acción de gracias, de adoración, de reflexión, de condivisión en todos los ámbitos y niveles de la vida consagrada. El encuentro ecuménico de consagradas y consagrados; el seminario para formadores y formadoras; el laboratorio para jóvenes consagrados; la semana mundial de vida consagrada en la unidad. Se organizaron diversos eventos para las distintas formas de vida consagrada y se señalaron siete itinerarios: de estudio, de memoria de los santos de la vida consagrada, de memoria de los mártires consagrados en estos últimos siglos, la cadena de oración entre monasterios…y se inició un itinerario de Vía pulchritudinis: los lenguajes artísticos en la Vida Consagrada para la contemplación y el anuncio de la verdad y de la belleza.
Nos propuso tres objetivos: 1) Mirar al pasado con gratitud; 2) vivir el presente con pasión; 3) abrazar el futuro con esperanza. Y sus expectativas: 1) Que sea siempre verdad lo que dije alguna vez: “donde hay religiosos hay alegría[5]; 2) que despertéis al mundo porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía; 3) que seáis “expertos en comunión; 4) como pido a todos los miembros de la Iglesia: “salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales. “Id al mundo entero” (cf Mc 16,15); 5) que nos preguntemos sobre lo que Dios y la humanidad de hoy piden. Evangelio, Iglesia, profecía, esperanza han sido palabras que, durante este año, han estado dando señas de autenticidad de la vida consagrada.
Fue un año propicio para que la vida consagrada viviera su eclesialidad e intensificara su misión evangelizadora y, a la vez, para que todo el Pueblo de Dios mirase, admirase, ayudara y estimulara a las consagradas y consagrados. En el fondo, el hito significativo de este año en el caminar de la vida religiosa era marcar un camino hacia aquello que, de verdad, nos regenera y hace fecundos. Es decir, abrevar en las fuentes del agua viva que Jesús ofrece, y abrir canales de agua saltarina que rieguen el desierto de este mundo que muere de sed, porque vive como si Dios no existiera.
El Dicasterio para la vida consagrada estuvo especialmente activo y envió a los consagrados y consagradas durante este año cuatro cartas, de las que sólo anuncio el título, pues son conocidas: Alegraos, Escrutad, Contemplad y Anunciad. Luego llegó “Vino nuevo en odres nuevos”, que, a parte de ser aguijón para la renovación de los Institutos de vida consagrada, es una fuerte invitación a involucrarnos en la reforma de la Iglesia, tan cuidada e impulsada por el Papa Francisco[6][7].
2) Los nombramientos de consagradas y consagrados al servicio de la Iglesia.
No ha pasado desapercibido el hecho de que, durante su pontificado, han ido aumentando las personas consagradas (mujeres y hombres) en el servicio a la Iglesia. Ha mostrado especial empeño en promover a las mujeres para que ocupen cargos de responsabilidad en la Iglesia.
En este año 2025, la Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica es Sor Simona Brambilla, de las Hermanas de la Consolata, quien se convirtió en la primera mujer en ocupar este puesto en la historia del Vaticano.
En este mismo año 2025, fue nombrada presidenta del Governatorato Vaticano, Sor Raffaella Petrini, religiosa de las Hermanas Franciscanas de la Eucaristía.
También hay que contar con Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos; Alessandra Smerilli, secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, y Nathalie Becquart, subsecretaria del Sínodo de los Obispos.
4. Invitaciones que nos hace el Papa Francisco a los consagrados y consagradas.
1) Un cuadro de referencia más amplio
Cuando hablamos de la solicitud de Francisco sobre la vida consagrada, a veces perdemos referencias desde las que hay que valorar esta solicitud. Muchos consagrados y consagradas estamos muy pendientes a ver si dice algo a los religiosos y no reparan en la amplitud que tiene el conjunto del magisterio pontificio. Me estoy refiriendo a cómo leemos las indicaciones que recogen las encíclicas, las exhortaciones o, en general, los documentos pontificios que emanan de los distintos Dicasterios, aprobados por el Papa y de validez universal en la Iglesia.
Enumero algunas encíclicas: Lumen Fidei (2013), Laudato Si (2015), Fratelli tutti (2020), Dilexit vos (2024). Y las Exhortaciones Apostólicas: Evangelii Gaudium (1913), Amoris Laetitiae (2016), Gaudete et exhultate (2018), Christus vivit (2019), Querida Amazonía (2020), Laudate Deum (2023), C’est la confiance (2023). Se pueden añadir otros documentos, pero recuerdo estos a modo de cuadro de referencia para indicar que, cuando pensamos en la vida consagrada, hay que releer su identidad y misión a la luz de las orientaciones que se dirigen a todo el Pueblo fiel de Dios, del que formamos parte y con el que caminamos juntos. El Papa Francisco escribió: “Nuestro Dios es el Dios de la historia y nuestra fe es una fe que actúa en la historia. En los interrogantes y las expectativas de los hombres y mujeres de hoy encontramos indicaciones importantes para nuestra sequela Christi”.[8] Quiere decir que nada nos es ajeno: la evolución de la creación, la convivencia, la paz, la pobreza, la marginación, sobre todo: la escucha y el servicio misionero de la Palabra caminando juntos con todos los miembros del Pueblo de Dios…
Lo que dicen las encíclicas y exhortaciones es marco de referencia para las consagradas y consagrados. Invito a releer este valioso magisterio poniendo, en los grandes desafíos y proyectos, el aporte que podríamos ofrecer. Ninguno de los temas tratados nos es ajeno. Al contrario, nos cuestionan y urgen a tomar parte, desde nuestra identidad, en la solución de los problemas que aparecen en estos escritos.
Cómo nos cuestionan, suscitan admiración y solicitan nuevos compromisos sus gestos en el ejercicio del Pontificado. M. Muolo habló de la encíclica de los gestos del Papa Francisco. Efectivamente, fue llamado el Papa de los gestos por su estilo de vida, vivir en Santa Marta, su sonrisa y buen humor; su preocupación por los ancianos, su caminar en Roma, ir a pagar su pensión, ir a comprar unas gafas o unos zapatos. El primero y bien significativo gesto fue, cuando en el primer saludo al pueblo reunido en la Plaza de San Pedro dijo: “Os pido un favor: antes de que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis al Señor para que me bendiga; la oración del pueblo pidiendo la bendición para su obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí”. Su primer viaje fue a Lampedusa. Celebró algunos Jueves Santos en las cárceles y besó los pies de los presos. Fue histórico su abrazo al Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb (2019), para sellar la denominada Declaración sobre la Fraternidad Humana. No dudó en arrodillarse ante los Líderes del Sudán del Sur y besando sus pies les pide la reconciliación y la paz. Se hizo memorable la Statio Orbis, el 27 de marzo del 2020, donde oró y repitió, ante la pandemia, ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”.
b) Frecuentes invitaciones
Dejo el título abierto, pues ¡son tantas…! Pero señalo algunas que me parecen relevantes y que proceden de su estilo de vida y de su magisterio: A ser adoradores y poner a Cristo en el centro de nuestra vida; a ser santos desde el espíritu de las bienaventuranzas, al discernimiento personal, comunitario y pastoral; a ser testigos y profetas de la alegría; a no dejarnos robar el Evangelio ni la fuerza misionera; a hacer de la misericordia la viga maestra que sostiene a la Iglesia, donde toda nuestra misión quede revestida por la ternura; a vivir la alianza (a buscar, a escuchar a acoger); a hacer fecunda nuestra consagración; a ser pobres y amigos de los pobres (solidaridad); a armonizar diferencias a través del encuentro, el diálogo y la comunión fraterna; no dejarnos robar el amor fraterno, la comunidad; a la conversión pastoral; a inclinarse ante las heridas de la humanidad; a entregar la vida en el amor cotidiano, en lo pequeño y escondido; a salir de las estructuras comunes a las fronteras; a despertar al mundo; a servir porque el que no vive para servir no sabe vivir; a involucrarnos en la reforma de la Iglesia; a iniciar y seguir procesos de conversión y de transformación; a soñar juntos; a caminar juntos; a ser audaces y a la creatividad; a no dejarnos robar la esperanza; a no dejarnos robar la alegría; a no dejarnos robar el entusiasmo misionero; a no dejarnos robar la paz, la fraternidad; … Finalmente indico la invitación a abrirse al Espíritu en verdad y dejar espacio para que irrumpa la novedad, desde la convicción de que «Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina» (EG 11).
También tenemos algunas serias invitaciones a evitar las tentaciones, como: la ideologización, el funcionalismo, la autorreferencialidad, la mundanidad , el conformismo, el pelagianismo y gnosticismo, el desaliento y el miedo al futuro.
c) Propuesta en curso: hacer operativa la sinodalidad
Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco ha estado urgiendo la revisión y actualización del documento Mutuae Relationes (1978). Ha sido un tema muy estudiado con una visión más amplia e involucradora. No se trata ya de examinar, coordinar y potenciar las relaciones entre Obispos y consagrados, entre Iglesia particular e Institutos de vida consagrada, sino de establecer armonía, comunión y dinamismo evangelizador entre todas las vocaciones, entre carismas y ministerios, dentro de todo el Pueblo de Dios. Por lo cual varias veces se ha insistido, y el Papa estaba de acuerdo, en que se hablase de “Relaciones en el Pueblo de Dios”.
Al celebrar el 50 aniversario de la institución del Sínodo, dijo: “Desde el inicio de mi ministerio como Obispo de Roma he pretendido valorizar el Sínodo, que constituye una de las herencias más preciosas de la última reunión conciliar”. Y añadió a continuación: “Debemos proseguir por este camino. El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.
Todo el Documento final del Sínodo sobre la sinodalidad (2024) es un canto a la diversidad de dones del Espíritu, que crea la pluralidad y la armonía para reflejar el Cuerpo de Cristo y su misión salvadora. Traigo aquí, sólo como un ejemplo, las palabras del n. 57: “Los cristianos, personalmente o en forma asociada, están llamados a hacer fructificar los dones que el Espíritu concede con vistas al testimonio y al anuncio del Evangelio. “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (1 Cor 12,4-7). En la comunidad cristiana, todos los bautizados están enriquecidos con dones para compartir, cada uno según su vocación y condición de vida. Las diferentes vocaciones eclesiales son, de hecho, expresiones múltiples y articuladas de la única llamada bautismal a la santidad y a la misión. La variedad de carismas, que tiene su origen en la libertad del Espíritu Santo, tiene comofinalidad la unidad del cuerpo eclesial de Cristo (cf. LG 32) y la misión en los diversos lugares y culturas (cf. LG 12). Estos dones no son propiedad exclusiva de quienes los reciben y ejercen, ni pueden ser motivo de reivindicación para sí mismos o para un grupo. Están llamados a contribuir tanto a la vida de la comunidad cristiana, como al desarrollo de la sociedad en sus múltiples dimensiones, mediante una adecuada pastoral vocacional”.
Y en el número 65 se dice: “A lo largo de los siglos, los dones espirituales han dado origen también a diversas expresiones de vida consagrada. Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha reconocido la acción del Espíritu en la vida de aquellos hombres y mujeres que han elegido seguir a Cristo por el camino de los consejos evangélicos, consagrándose al servicio de Dios tanto en la contemplación como en las múltiples formas de servicio. La vida consagrada está llamada a interpelar a la Iglesia y a la sociedad con su voz profética. En su experiencia secular, las familias religiosas han madurado prácticas de vida sinodal y discernimiento en común, aprendiendo a armonizar los dones individuales y la misión común. Las órdenes y congregaciones, las sociedades de vida apostólica, los institutos seculares, así como las asociaciones, movimientos y nuevas comunidades tienen una contribución especial que hacer al crecimiento de la sinodalidad en la Iglesia. Hoy, muchas comunidades de vida consagrada son un laboratorio de interculturalidad que constituye una profecía para la Iglesia y el mundo. Al mismo tiempo, la sinodalidad invita —y a veces desafía— a los pastores de las Iglesias locales, así como a los responsables de la vida consagrada y las agregaciones eclesiales para fortalecer las relaciones, de modo que se dé vida a un intercambio de dones al servicio de la misión común”.
5. Nuestra solicitud para que esta vela siga viva
Un primer punto es hacer realidad aquel persistente sueño del Papa Francisco cuando dijo: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, «toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial»” (EG 27).
Otra condición: cumplir aquello que tantas veces nos pidió: “No solos, sino como Iglesia”. Todos estamos inmersos en la misión evangelizadora de la Iglesia, que se halla en salida para que todo el mundo reconozca a Cristo como el centro de nuestra vida.
No podemos dejar que tanta solicitud y generosidad, que es una herencia preciosa, sea olvidada y quede baldía. En el estilo austero personal y en sus escritos, el Papa Francisco ha sido un referente para la vida consagrada, un hermano, un testigo y un maestro. Sobre todo, un confesor, un defensor y un alentador. Su recuerdo nos inspirará a ser con Jesús y a continuar su obra, aunque nos cueste la vida. ¿Quién puede olvidar el sacrifico de los últimos viajes? Y, sin embargo, nos dio ejemplo sobre el valor de la proximidad con los últimos. Puso en riesgo su salud y se fue a visitar a los más lejanos y a estar con los más pobres. Nos obliga a revisar posiciones no sólo estructurales, como tantas veces nos ha recomendado, sino interiores. El Papa Francisco vela sobre nuestros sueños, nos llena de audacia y nos impulsa a comprometernos en favor de quien necesita a Dios y su palabra iluminadora y transformadora. Su generosidad pide de nosotros fidelidad creativa, que esté llena de pasión evangelizadora. Nos quiere “soñando juntos” hacia un mundo mejor. El futuro nos empuja a esperar y a involucrarnos para pasar de las crisis a las promesas y siempre con confianza. “Con la confianza, el manantial de la gracia desborda en nuestras vidas, el Evangelio se hace carne en nosotros y nos convierte en canales de misericordia para los hermanos”.[9]
Al escribir estas líneas, no lo oculto, he tenido presente aquella escena en la que, estando a punto de morir San Antonio María Claret, el Superior General, le pidió una bendición para toda la Congregación. El santo respondió que con mucho gusto y que haría en el cielo los mismos oficios que había hecho por ellos en la tierra. Por eso, estoy convencido de que el Papa Francisco seguirá velando por nosotros, consagrados.
- Artículo publicado en Tabor
[1] Ya en 1992 publicó Reflexiones en esperanza, Universidad del Salvador. Buenos Aires. Luego se ha publicado: La esperanza nunca defrauda, libro que recoge las diversas reflexiones sobre el tema siendo arzobispo de Buenos Aires (2000-2012).
[2] El texto de aquella magnífica intervención ha sido publicado en la revista Vida Religiosa y en el libro: ¡Despertad al mundo! Palabras a la vida consagrada papa Francisco. Jorge M. Bergoglio, ¡Despertad al mundo! Palabras a la vida consagrada, PCl, Madrid, 2016, 27-40.
[3] Entre las expresiones que más fortuna fueron haciendo, además de primerear, están: “balconear”, “hagan lío”, “ningunear”, “vulnerabilidad”, “misericordiando”, “fecundidad”, “gramática de la proximidad”, “autorreferencialidad”, “involucrarse”, “pluriformidad, “cultura del encuentro”, “establecer puentes”, poliedro”, “soñar, sueños”, “oler a oveja”, “ningunear”, “patear para adelante”, “tienda de campaña”, “habríaqueismo”, ”clericalismo”, “periferia”, “callejeros de la fe”, “trepas”, “carrerismo”, corrupción, “exclusión, marginación y descarte”, “acedia”, “no se dejen robar”, “recen por mí”…. Preciso: cuando el Papa Francisco pide “hacer lío”, o “hacer barullo”, implica relacionarse, encontrarse, discernir, proyectar y saber agradecer.
[4] ¿Qué sustenta este liderazgo? Basta repasar las obras de Chris Lowney, Francisco, líder y papa. Sal Terrae, Santander, 2014. Jeffrey Frames, Liderar con humildad, Alienta, Barcelona, 2015.
[5] En las primeras reuniones que tuvo con jóvenes novicios y novicias en 1913, un año antes, había repetido: “Donde están los consagrados siempre hay alegría”. Luego subrayó: una alegría de consolación, una alegría que tiene referencia a la misión, que es la cruz de Cristo, y una alegría que implica oración. Oración al Señor de la mies.
[6] No abordo este tema, pues ya lo he expuesto en: La vida consagrada involucrada en la reforma del Papa Francisco. En “A vino Nevo, odres nuevos”. Tiempos de reforma eclesial. 48 semana nacional para Institutos religiosos, PCl, Madrid, 2019, pp. 17-66. Y también en: La reforma teresiana y nuestra reforma. La inolvidable lección de la primera doctora de la Iglesia, en “Santa Teresa de Jesús mujer excepcional”. 50 aniversario del doctorado de Santa Teresa, Actas. Monte Carmelo, Burgos, 2022, pp.49-84. En este último texto comparo la reforma teresiana y la reforma del Papa Francisco. .
[8] Discurso al Capítulo General de las Pías discípulas del Divino Maestro, 22, mayo, 2017.
[9] Papa Francisco, C’est la confiance, n. 2.