León XIV: "¿Pueden los monasterios femeninos de clausura ofrecer respuestas a las cuestiones de sentido de la humanidad de hoy?"
En su encuentro con las clarisas, León XIV incidió en que la reducción numérica de las comunidades y el temor a perder la autonomía no deben convertirse en motivos para abandonar la esperanza. Por el contrario, pueden constituir una ocasión para renovar la vida comunitaria y fortalecer el acompañamiento espiritual de quienes se acercan a los monasterios
(Sebastián Sansón Ferrari, Vatican News).- A partir de la fiesta hodierna de san Mateo, Apóstol y Evangelista, el Papa León XIV articuló su reflexión dirigida a las religiosas miembros de la Asamblea de la Federación de Monjas Clarisas Capuchinas de Italia, durante la audiencia concedida este lunes 21 de septiembre de 2026 por la mañana en el Palacio Apostólico del Vaticano.
El Pontífice comenzó recordando la exhortación de san Pablo en la Carta a los Efesios: "Compórtense de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y magnanimidad". Para León XIV, estas palabras constituyen una invitación a la fidelidad a la vocación recibida, vivida por las clarisas capuchinas según el carisma de santa Clara y san Francisco, a través de la oración contemplativa, la pobreza y la adhesión total al Evangelio.
En este contexto, valoró el trabajo realizado por la Federación para la reelaboración y actualización de sus Constituciones, fruto de las aportaciones de muchas religiosas. El Papa resaltó que en ellas se reafirma la contemplación de las realidades divinas y la unión constante con Dios en la oración como "primer y principal" deber de los religiosos.
Intercambio de saludos y dones por parte de las religiosas con el Pontífice (@VATICAN MEDIA)
"La mente en el espejo de la eternidad"
León XIV retomó entonces una expresión de santa Clara a santa Inés de Bohemia -"Pon tu mente en el espejo de la eternidad"- para invitar a las religiosas a contemplar desde esta perspectiva tanto el presente, marcado por "dramas e incertidumbres", como los desafíos que atraviesan sus comunidades.
Entre estos desafíos, mencionó de manera particular la disminución del número de vocaciones. El Santo Padre reconoció que esta situación podría llevar a algunas comunidades a adoptar actitudes de cierre o repliegue, pero pidió cambiar la perspectiva para descubrir en las dificultades "potencialidades inesperadas", poniendo el acento no solamente en la cantidad, sino en "la calidad de la propuesta". En este punto, vinculó la situación de los monasterios con una reflexión que ya había ofrecido acerca del futuro de las diócesis y los seminarios en Italia. Y evocó el Evangelio del día: "No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos".
Para el Papa, la reducción numérica de las comunidades y el temor a perder la autonomía no deben convertirse en motivos para abandonar la esperanza. Por el contrario, pueden constituir una ocasión para renovar la vida comunitaria y fortalecer el acompañamiento espiritual de quienes se acercan a los monasterios.
Un momento del encuentro (@VATICAN MEDIA)
En intimidad con Dios, con afabilidad y autenticidad de las relaciones
León XIV invitó a las religiosas a hacer crecer comunidades "alegres y vivas", en las que sea posible experimentar "intimidad con Dios, afabilidad, comunión, autenticidad de las relaciones".
En este sentido, subrayó que las vocaciones no surgen de estrategias organizativas ni de campañas previamente diseñadas. "Las vocaciones no nacen de la aplicación de estrategias organizativas, ni de campañas estudiadas de antemano", afirmó, sino de la oración, la familiaridad con el Evangelio, el silencio, la capacidad de acogerse mutuamente con las propias imperfecciones y el sentirse parte de una realidad que genera unidad.
El Señor, añadió, no pide a los creyentes ser "impecables", sino dejarse "modelar por su gracia", humildemente y día tras día.
Formación inicial y permanente
Esta reflexión condujo al Papa hacia otro de los temas centrales de su discurso: la formación, tanto inicial como permanente. León XIV pidió a las clarisas capuchinas formarse y formar para una clausura vivida "en espíritu de comunión profunda" entre las religiosas y con toda la Iglesia.
A su vez, enfatizó el valor del silencio en una sociedad marcada por la rapidez y el ruido. La clausura, explicó, está llamada a ofrecer tiempos y espacios para detenerse y discernir, sin miedo a perder "el instante fugaz".
De acuerdo con el Obispo de Roma, esta dimensión constituye precisamente una de las formas específicas de la misión propia de la vocación claustral. Citando el Salmo 18, recordó que el anuncio puede difundirse incluso "sin lenguaje, sin palabras, sin que se escuche su voz".
"Formadas en la escuela del Evangelio -prosiguió el Sucesor de Pedro-, el Señor las llama a ser sus testigos en el silencio y en la contemplación", situándolas en la historia como "memoria viva y profética de la Buena Noticia".
Un testimonio marcado por la sobriedad y la entrega
Como hijas de santa Clara, las religiosas poseen además, según León XIV, un mensaje específico que anunciar mediante la observancia de la Regla y las Constituciones. Su misión consiste en vivir el Evangelio dejando todo lo que pertenece al mundo y orientándose de manera total y constante hacia "el primer y único Amor" de la vida.
Prevost enumeró algunas características de esta existencia: sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí mismas en la obediencia y transparencia. Todo ello, dentro de una vida sencilla, pero también "radical y exigente".
León XIV presentó este modo de vida como un signo de fidelidad particularmente significativo "en un mundo globalizado e inquieto", en el que, citando a Francisco, parece haberse perdido el gusto y la capacidad de "echar raíces".
El Pontífice saluda a las religiosas (@VATICAN MEDIA)
Escucha, comunión, servicio y testimonio
En la parte final de su intervención, el Santo Padre retomó una pregunta formulada por el Asistente Federal de las religiosas: «¿Pueden los monasterios femeninos de clausura ofrecer respuestas a las cuestiones de sentido de la humanidad de hoy?".
Para responder a esta cuestión, León XIV presentó cuatro medios indicados por el propio Asistente Federal y que consideró especialmente importantes: la escucha recíproca, la koinonía, la diakonía y la martyría.
La koinonía, explicó, expresa la comunión de intenciones y ayuda a evitar el aislamiento; la diakonía invita a servir y trabajar juntas; y la martyría remite al testimonio del Evangelio. El Sucesor de Pedro dejó estos cuatro elementos a las religiosas como "caminos seguros" para su camino.
"Antorchas, centinelas para la Iglesia y para el mundo"
Antes de impartir la bendición apostólica, León XIV agradeció a las religiosas "lo que hacen y lo que son". Recuperando una expresión utilizada por el Papa Francisco en su Mensaje a las contemplativas de 2018, las definió como "antorchas, centinelas para la Iglesia y para el mundo", signos de la presencia del reino de Dios en la tierra.
Finalmente, expresó su alegría por el encuentro e invocó la intercesión de María, de san Francisco y santa Clara de Asís y de la beata María Lorenza Longo. Con esta invocación, impartió de corazón a las religiosas la Bendición apostólica.
