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Manuel Nin: "Volver a un monasterio es volver al origen de lo que soy"

El religioso catalán afronta una nueva etapa al frente de un monasterio histórico en territorio de Roma

Manuel Nin. | Archivo.

Tras hacerse público su nombramiento como abad del Monasterio de Grottaferrata, en Roma, el monje de Montserrat Manuel Nin comparte el significado personal y pastoral de esta nueva etapa. Con una trayectoria marcada por el monaquismo y el servicio a las Iglesias orientales, el religioso de El Vendrell afronta el reto con "gratitud, conciencia histórica y mirada de futuro".

Nin explica que ha recibido el nombramiento "con sorpresa", pero sobre todo "con un gran agradecimiento por la confianza del papa León XIV". En sus palabras, este paso no es solo un cambio de responsabilidad, sino también un regreso a los orígenes. "Después de 10 años en Grecia, esta nueva etapa supone volver a las puertas de Roma y volver a una realidad monástica, que es donde empecé hace casi 50 años al entrar en Montserrat", afirma.

El nuevo abad subraya los paralelismos entre Montserrat y Grottaferrata, dos monasterios milenarios con tradiciones diferentes pero con muchos puntos de contacto. Según detalla, Grottaferrata es "un monasterio de tradición oriental, de rito bizantino", con una misión clara: ser un espacio de acogida y de oración tanto para los fieles de esta tradición como para los de rito latino que se acercan buscando silencio y vida espiritual. "Es una misión pastoral a las puertas de Roma", resume.

Monjes y fieles acompañaron a la Moreneta en una histórica procesión en abril de 2025, con la presencia de Nin. | José Luis Gómez Galarzo

En cuanto a los retos inmediatos, Nin no oculta las dificultades. Recuerda que la comunidad actual es reducida, formada solo por cinco monjes, y que esto obliga a pensar el futuro con realismo pero también con esperanza. Entre las prioridades, señala la necesidad de dar a conocer la abadía para que "se convierta realmente en un monasterio de alta acogida", así como trabajar para atraer nuevas vocaciones que permitan "ayudar a la comunidad a volver a crecer y a arraigar".

El religioso catalán sitúa también Grottaferrata como un posible puente entre tradiciones cristianas. Así, quiere que el cenobio sea "un lugar de diálogo con las otras confesiones cristianas, sobre todo de Oriente", sin olvidar su dimensión intelectual y espiritual. En este sentido, defiende el papel del monasterio como espacio de estudio, de oración y de encuentro, fiel a su historia pero abierto a los desafíos del presente.

Al dirigirse a los fieles, especialmente a los de Montserrat y "de nuestra casa", Manuel Nin opta por un mensaje de confianza. En este sentido, reconoce que la Iglesia vive momentos complejos, pero insiste en que también son tiempos "muy ricos", a pesar de las sombras y las dificultades. Sobre Montserrat, habla desde la experiencia personal: "Lo que soy y lo que puedo hacer después de 50 años es gracias a Montserrat", asegura.

Finalmente, destaca la vocación del monasterio catalán como un lugar donde confluyen creyentes y no creyentes. Un espacio, dice, al que muchos acuden "para encontrar una palabra de consuelo, de esperanza y de ánimo". Un deseo que ahora quiere proyectar también en Grottaferrata, en esta nueva responsabilidad que, según él mismo admite, es a la vez un reto y un retorno a la esencia de su camino.

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