Santiago Agrelo: “Sueño con una locura del mundo al modo de Jesús"

El religioso franciscano ha sido el último protagonista de ‘Viaje en Globo’, la serie de programas que mantiene desde hace años el área de Solidaridad y Misión de los Misioneros Claretianos Provincia de Santiago

El arzobispo franciscano Santiago Agrelo
El arzobispo franciscano Santiago Agrelo
19 abr 2026 - 13:34

(Claretianos).- En una pequeña fraternidad de Santiago de Compostela, la misma de la que partió en 2007 para cruzar el Estrecho, vive hoy un hombre que se define a sí mismo como el “chico para todo”. A sus más de 80 años, Mons. Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, no viste los ropajes de la importancia jerárquica, sino el hábito de la fraternidad y la urgencia de quien sabe que el tiempo apremia para los más pobres. En una reciente y profunda conversación en nuestro programa ‘Viaje en Globo’, Agrelo ha vuelto a agitar las conciencias con una lucidez que desarma cualquier intento de politización de la fe.

La locura deseable frente a la locura del poder

La crónica de su pensamiento comienza con una paradoja sobre la salud de nuestra civilización. Para Agrelo, el mundo actual está “loco”, pero de una forma trágica: es la locura del dinero, de la arrogancia y de lo que él denomina “la locura de Caín”. Frente a este escenario de violencia y distracción, el franciscano propone una contra-locura: la de Jesús. Un Dios que se hace “un nadie” para que los demás puedan serlo todo.

“Sueño con una locura del mundo al modo de Jesús, donde cada uno piense su vida solo en función de regalarla”, confiesa. Agrelo observa con ternura a las “soledades caminantes” que pueblan nuestras calles; personas que cruzan el asfalto sin mirarse, atrapadas en una incapacidad de relación que él identifica como la verdadera pobreza de Occidente.

Una Iglesia que no debe ser "trinchera"

Uno de los puntos más críticos de su intervención se centró en la deriva política de la institución eclesial. El arzobispo emérito fue tajante: la Iglesia pierde su identidad cuando se convierte en un actor más de la polarización política. “Me molesta profundamente que alguien diga que hace cosas 'como católico' en política”, señaló, advirtiendo sobre el riesgo de utilizar la fe para apuntalar ideologías en lugar de poner la política al servicio del mensaje evangélico.

Santiago Agrelo
Santiago Agrelo

Para Agrelo, la misión no es conservar estructuras ni llenar bancos de iglesias con los métodos de siempre —de hecho, admite con valentía que le “da miedo” que las iglesias se llenen si es para seguir haciendo lo mismo—. La verdadera pastoral misionera, inspirada en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco, consiste en ser “buena noticia” para los últimos. “Nadie nos tiene que encontrar frente a otros; debemos ser un espacio de acogida, especialmente para el que no cuenta”.

El derecho a emigrar y la “mancha” de la islamofobia

Desde la encomienda recibida como pastor de la diócesis de Tánger durante doce años, Agrelo habla de la migración no como un problema estadístico, sino como un imperativo moral. Criticó el uso del término “mafias” por parte de los gobiernos y, en ocasiones, de la propia Iglesia, argumentando que este lenguaje a menudo sirve para culpabilizar a la víctima y desviar la atención de la matriz real: la falta de vías legales para el derecho al pan.

“Allí se palpa una Iglesia que no presume de derechos, sino que goza dando lo que tiene"

Con franqueza denunció una “islamofobia interiorizada” que muerde como un alacrán, incluso dentro del clero de occidente. Y más en concreto, en España, donde se puede detectar cierto miedo primitivo. Sin embargo, su experiencia en Marruecos, donde la Iglesia es una minoría insignificante en número pero “aplastante” en su compromiso social, podría ser una buena escuela para Europa. “Allí se palpa una Iglesia que no presume de derechos, sino que goza dando lo que tiene“, aseveró.

El final del camino: Alegría y oscuridad

La entrevista concluyó con una nota personal acerca de los emergentes movimientos espiritualistas y el papel que éstos tienen sobre el papel de las emociones en el acto de fe. Agrelo no rechaza la euforia de la fe joven, pero advierte que la madurez solo llega cuando la “planta” resiste la primera helada o la “bofetada” de la vida. A sus más de 80 años, el hombre que fue la voz de los sin voz en la frontera sur de Europa sigue pidiendo dirección espiritual y gritando desde su propia oscuridad, convencido de que la única verdad hermosa es la que no cabe en una maleta ni en un dicasterio, sino en el modo humano de ser de Jesús.

Santiago Agrelo se retira de la pantalla como vive en su comunidad. Un hermano menor que, tras haber sido arzobispo, ha descubierto que el mayor honor es ser, simplemente, un testigo de la alegría en medio de un mundo que ha olvidado cómo mirarse a los ojos.

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