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Barcelona convierte en espacio de memoria el lugar donde Antoni Gaudí fue atropellado hace 100 años

El Eixample recupera una página decisiva de la biografía del genio modernista con un homenaje nacido de la iniciativa vecinal e institucional

Representantes institucionales y promotores de la iniciativa. | José Luis Gómez Galarzo

El cruce de la Gran Via de les Corts Catalanes con la calle Bailèn dejó de ser este domingo un simple punto de paso para convertirse en un espacio de memoria. Justo 100 años después del atropello que provocó la muerte de Antoni Gaudí, el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya, el Consell Antoni Gaudí y el tejido vecinal del Eixample descubrieron una placa conmemorativa en el lugar exacto donde el genio reusense fue embestido por un tranvía el 7 de junio de 1926.

El acto, celebrado ante el número 665 de la Gran Via, reunió a representantes institucionales, entidades culturales y vecinos del barrio, así como a los alcaldes de Riudoms y de La Pobla de Lillet, dos poblaciones estrechamente vinculadas a la trayectoria vital y creativa del arquitecto. Más allá del gesto conmemorativo, la ceremonia reivindicó la necesidad de incorporar la memoria de Gaudí al paisaje urbano de Barcelona a partir de un episodio tan trágico como determinante de su biografía.

El acto de descubrimiento de la placa conmemorativa reunió a autoridades, entidades y vecinos en el punto donde tuvo lugar el accidente que marcó los últimos días de Gaudí. | José Luis Gómez Galarzo

La tarde comenzó con la bienvenida de Xavier Llobet, presidente de Coreixample y conductor del acto, que subrayó el carácter profundamente ciudadano de la iniciativa. Según recordó, la propuesta había surgido de vecinos y comerciantes del barrio, conocedores y amantes de un entorno que forma parte inseparable de la historia de Gaudí. Para Llobet, la placa representa también "una manera de hacer propia del Eixample": la capacidad de construir "proyectos compartidos a partir de la escucha y la implicación de la comunidad".

En su intervención institucional, el teniente de alcalde y concejal del Distrito del Eixample, Jordi Valls, situó el sentido profundo del encuentro en la tensión entre la fragilidad humana y la permanencia de la obra creadora. "Nos reunimos aquí porque es uno de los lugares donde se expresa más claramente la fragilidad de la vida y la perdurabilidad", afirmó. Además, Valls definió a Gaudí como "un visionario" que forma parte de la propia identidad de Barcelona y del patrimonio universal, un "creador capaz de anticipar conceptos hoy plenamente vigentes, como la sostenibilidad o la integración armoniosa entre el ser humano, la naturaleza y la trascendencia". "Creía que el creador y la creación eran un conjunto", recordó.

El descubrimiento de la placa convierte una esquina de la Gran Via en un nuevo punto de memoria gaudiniana. | José Luis Gómez Galarzo

El director general de Patrimonio de la Generalitat, Joaquim Borràs, destacó la dimensión simbólica de una intervención aparentemente discreta. "Hemos decidido señalar el punto concreto para que quede incorporado al mapa de la memoria de la capital de Cataluña", explicó. Para Borràs, la placa no es solo un recordatorio de un accidente, sino una nueva manera de leer la ciudad. "Fijamos en el espacio público un episodio crucial de la biografía de Gaudí. La placa va más allá del recuerdo: introduce en el paisaje urbano una mirada sobre Gaudí". En este sentido, calificó la iniciativa de "gesto reparador", capaz de invitar a ciudadanos y visitantes a detenerse y observar con una conciencia renovada los lugares que habitan y transitan.

La ceremonia combinó los parlamentos con diversas lecturas e intervenciones artísticas. Lluis-Damià Salas leyó la cédula judicial del sumario número 339, documento que reconstruía los hechos del accidente, mientras el Esbart Gaudí ofreció las piezas Variacions d’Alentorn y la tradicional Jota de Fadrins. También se leyó el artículo "Gaudí ha muerto", publicado en La Vanguardia el 10 de junio de 1926, un texto que evocaba el impacto que la noticia causó en la ciudad.

100 años después, Barcelona señala el lugar donde comenzó el último trayecto vital de Antoni Gaudí. | José Luis Gómez Galarzo

Una de las intervenciones más personales fue la del comisario del Año Gaudí, Galdric Santana. Vinculado emocionalmente al barrio desde la infancia, recordó que sus familiares ya le señalaban aquel lugar cuando era pequeño. "Siempre me decían que aquí atropellaron a Gaudí", recordó. Esta memoria oral, transmitida de generación en generación, le llevó a reflexionar sobre la ausencia de una señal física que marcara aquel espacio. "Han pasado 100 años hasta que no se ha hecho una primera señal marcada en la ciudad. Ya tocaba", relató.

Santana reconoció que las conmemoraciones suelen exaltar la vida y la obra de las personas, más que las circunstancias de su muerte. Sin embargo, defendió que en este caso el accidente adquiere una trascendencia excepcional. "Es un accidente que tiene una dimensión mundial, porque cada día de su vida Gaudí hizo aportaciones a la humanidad", afirmó. El comisario también quiso destacar la fuerza moral que contiene aquel episodio: la extrema humildad del arquitecto, que huía de la notoriedad y rechazaba cualquier forma de vanagloria, contribuyó a que, inicialmente, pasara desapercibido después del atropello. "No necesitaba ser reconocido personalmente. No le hacía falta ninguna relación con los medios ni ninguna exhibición pública", recordó.

Galdric Santana, comisario del Año Gaudí, durante su intervención en el acto conmemorativo del centenario del atropello del arquitecto. | José Luis Gómez Galarzo

Este contraste entre la dimensión universal de la obra gaudiniana y el anonimato que rodeó sus últimas horas planeó sobre toda la conmemoración. También hizo referencia a ello Dolors Gimeno, miembro del consejo pastoral de la parroquia de la Sagrada Familia y una de las impulsoras de la placa, que contribuyó decisivamente a hacer posible una iniciativa largamente reivindicada.

Cuando faltaban pocos minutos para las 7 de la tarde, después del Ball de l’Homenatge interpretado por el Esbart Gaudí, los asistentes se congregaron alrededor de la nueva placa. El descubrimiento culminó una ceremonia austera pero cargada de significado. Exactamente 3 días antes de la inauguración de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia prevista para el 10 de junio, la ciudad volvió simbólicamente al punto donde, un siglo atrás, comenzaba el último trayecto vital de su arquitecto más universal.

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