La capilla del aeropuerto de El Prat se prepara para el paso del Papa y la llegada de un nuevo sagrario

La visita de León XIV pone el foco en un espacio de oración casi desconocido de la Terminal 1

Florenci Travé accede a la capilla.
Florenci Travé accede a la capilla. | Agencia Flama

Entre el flujo constante de pasajeros, carros de equipaje y pantallas informativas, un pequeño cartel pasa casi desapercibido en la Terminal 1 del aeropuerto de El Prat. Situado entre las puertas de llegadas y un punto de información turística, señala la presencia de un espacio singular: la capilla aeroportuaria. En los próximos días, este rincón de silencio quedará indirectamente vinculado a la visita del papa León XIV, que hará escala en Barcelona el día 9 a su llegada y el día 10 para emprender viaje hacia Canarias.

La puerta de cristal está cerrada cuando llegamos. El diácono Florenci Travé, responsable de la atención pastoral de la capilla, pulsa el interfono. Al otro lado responde un trabajador del aeropuerto, que activa el protocolo habitual para que alguien traiga la llave. La operación dura apenas unos minutos, pero ilustra la singularidad de un espacio religioso integrado en una infraestructura sometida a estrictos controles de seguridad.

"Cuando digo Florenci ya me conocen. Por suerte no hay muchos con este nombre", comenta entre risas mientras espera. "La rotación de trabajadores es constante y no siempre me atiende la misma persona", continúa. La familiaridad con el personal aeroportuario es fruto de años de presencia continuada en un lugar donde casi todo cambia constantemente.

Florenci Travé, responsable de la pastoral de la capilla del aeropuerto.
Florenci Travé, responsable de la pastoral de la capilla del aeropuerto. | Agencia Flama

Tras acceder a la capilla, Travé abre una pequeña sala anexa que funciona como despacho y sacristía. En una pared cuelgan fotografías del Papa y del obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez. La estancia es austera: una mesa, una silla, algunos misales y un armario que guarda los elementos necesarios para la celebración litúrgica.

En el interior hay casullas, albas, estolas y formas para la comunión. Todo está dispuesto para que cualquier sacerdote que haga escala en Barcelona pueda celebrar misa. "Pasan sacerdotes de paso que piden celebrar misa", explica el diácono. La capilla mantiene, de hecho, una vocación universal muy propia de los aeropuertos, puntos de encuentro de personas procedentes de todo el mundo.

El vino de misa lo lleva personalmente Travé, al igual que el pan que después podrá utilizarse en las celebraciones eucarísticas. Lo hace una o dos veces al mes, según las necesidades. La logística es sencilla pero constante, sostenida por una presencia discreta que garantiza que la capilla esté preparada en cualquier momento.

Un espacio de silencio en medio del tránsito aeroportuario

Al acceder al oratorio, la sensación es de sobriedad. Las paredes revestidas de madera clara, el techo con iluminación indirecta y el suelo de parqué crean una atmósfera cálida, alejada del ritmo frenético de las terminales. El espacio está organizado con bancos de líneas rectas orientados hacia un altar de piedra clara situado al fondo de la sala.

Presidiendo el conjunto destaca un gran crucifijo metálico de formas estilizadas, fijado a la pared principal. A la derecha, sobre un pedestal de mármol, se alza una imagen de la Virgen de Montserrat con el Niño, rodeada de pequeñas velas votivas. Todo ello transmite una sensación de serenidad que contrasta con el ruido permanente del aeropuerto, perceptible únicamente de forma lejana.

Las imágenes del Papa y del obispo Gómez, en el despacho de la capilla.
Las imágenes del Papa y del obispo Gómez, en el despacho de la capilla. | Agencia Flama

La capilla tiene una capacidad aproximada para 50 personas. "Si vienen grupos más grandes los enviamos a parroquias cercanas", relata Travé. Sus reducidas dimensiones responden a la función específica del espacio: ofrecer un lugar de oración, celebración y descanso espiritual para viajeros, trabajadores y capellanes de paso.

En una de las paredes cuelga también el decreto episcopal que autoriza el culto en la capilla. El documento, firmado el 10 de mayo de 2013 por el obispo Agustí Cortés, recoge el acuerdo entre el Obispado de Sant Feliu de Llobregat y AENA para habilitar este espacio religioso dentro de la Terminal 1. Es la certificación formal de una presencia eclesial poco habitual en este tipo de infraestructuras.

El futuro sagrario y la historia de un diácono singular

Una de las novedades más inminentes llegará después de la visita papal. El Obispado de Sant Feliu de Llobregat ha adquirido un pequeño tabernáculo que será instalado en la capilla para custodiar el Santísimo Sacramento. Está previsto que el obispo Xabier Gómez lo lleve personalmente, posiblemente incluso hasta la pista del aeropuerto, coincidiendo con la salida del Papa hacia Canarias.

La incorporación del sagrario representa un paso significativo en la consolidación pastoral de este espacio. Hasta ahora, la capilla ha funcionado principalmente como lugar de celebración y oración, pero la presencia permanente de la reserva eucarística reforzará su carácter de centro espiritual en medio de una de las principales redes de movilidad del país.

La capilla de la Terminal 1.
La capilla de la Terminal 1. | Agencia Flama

Travé conoce bien el valor de esta presencia discreta. Tiene 67 años, vive en El Prat de Llobregat y es padre de tres hijas y abuelo de una niña de tres años. Creció entre Sant Boi y El Prat y, antes de dedicarse plenamente al ministerio, desarrolló una larga trayectoria académica como profesor.

Como diácono permanente puede presidir celebraciones de la Palabra y distribuir la comunión, pero no consagrar la eucaristía. Esa tarea corresponde a los presbíteros que pasan regularmente por la capilla o a los sacerdotes de paso que celebran misa aprovechando una escala en Barcelona.

A pocos metros, las pantallas continúan anunciando llegadas y salidas. Detrás de la puerta de cristal, sin embargo, permanece un espacio de silencio que en los próximos días quedará vinculado al paso de un Papa y que, poco después, incorporará un nuevo signo de permanencia: un sagrario destinado a recordar que, incluso en un lugar concebido para el tránsito, también hay espacio para el arraigo y la oración.

La imagen de la Virgen de Montserrat preside el oratorio de la T1.
La imagen de la Virgen de Montserrat preside el oratorio de la T1. | Agencia Flama

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