Carles Bosch: “Es un regalo encontrarnos como una gran familia para recibir al papa León XIV”

El joven presbítero barcelonés destaca la “gran familia” eclesial reunida para recibir al Papa en la capital catalana

Carles Bosch, en el Estadi Olímpic.
Carles Bosch, en el Estadi Olímpic. | Agencia Flama - X. Pete

El joven presbítero Carles Bosch caminaba por los pasillos de la pista central del Estadio Olímpico Lluís Companys con una sonrisa en el rostro. La vigilia de oración ya había comenzado y el estadio vibraba con las actuaciones musicales, los testimonios y la expectación creciente ante la inminente llegada del papa León XIV. Faltaban pocos minutos para que Bosch apareciera sobre el escenario, junto al resto de responsables de la organización, para aplaudir la entrada del pontífice mientras recorría el estadio en el papamóvil saludando a los 40.000 asistentes.

Por el camino, sin embargo, era casi imposible avanzar. Todo el mundo lo detenía. Voluntarios, presbíteros, miembros de la organización, trabajadores del estadio y colaboradores se acercaban para saludarlo o felicitarlo. Después de meses de trabajo intenso, reuniones interminables, cambios de última hora y una logística de enorme complejidad, muchos lo identificaban como una de las caras visibles de un proyecto que estaba a punto de alcanzar su momento culminante.

Obispos y arzobispos llegados de diversas diócesis de Cataluña, España y otros países siguieron la vigilia de oración desde las primeras filas del Estadio Olímpico Lluís Companys.
Obispos y arzobispos llegados de diversas diócesis de Cataluña, España y otros países siguieron la vigilia de oración desde las primeras filas del Estadio Olímpico Lluís Companys. | José Luis Gómez Galarzo

Bosch recibía las felicitaciones con humildad e intentaba repartir méritos. Lo hacía con la serenidad de quien sabe que el trabajo importante ya está hecho y que, a partir de ese momento, solo queda dejarse llevar por el acontecimiento. A su alrededor se respiraba satisfacción. Pero sobre todo gratitud.

“Es un regalo”, afirmaba durante una conversación mantenida a pie de pista, mientras en las gradas seguían entrando miles de personas. La frase aparecía una y otra vez a lo largo de la conversación. No como un eslogan preparado, sino como una convicción sincera. “Es una oportunidad preciosa de encontrarnos toda la Iglesia catalana como una gran familia que espera la llegada de nuestro padre, el papa León XIV”, reconocía.

Esa idea de familia era precisamente una de las que más repetía. Bosch considera que la visita del Papa ha sido una “ocasión excepcional” para reunir realidades muy diversas de la Iglesia catalana: parroquias, movimientos, congregaciones, escuelas, comunidades y fieles llegados de todas las diócesis. Una imagen de unidad que, según él, tiene un valor especial en un momento en el que muchas personas buscan referentes y espacios de pertenencia.

Unos 150 castellers de la Colla Castellers de Vilafranca levantaron una torre simbólica durante la vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluís Companys, en uno de los momentos más visuales de la celebración en Montjuïc.
Unos 150 castellers de la Colla Castellers de Vilafranca levantaron una torre simbólica durante la vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluís Companys, en uno de los momentos más visuales de la celebración en Montjuïc. | José Luis Gómez Galarzo

La emoción del momento se veía reforzada por una experiencia que los organizadores habían vivido horas antes. Durante la mañana habían tenido ocasión de saludar personalmente al obispo de Roma. Un encuentro breve, casi protocolario, pero suficiente para dejar huella. “Hemos tenido la posibilidad de poder saludarlo un rato, breve”, explicaba. “Ahora hay ganas de poder estar con él con más tiempo”, añadía.

Mientras hablaba, los altavoces del estadio anunciaban los distintos momentos de la celebración y los voluntarios seguían guiando a los asistentes hacia sus asientos. La imagen contrastaba con los meses previos, marcados por la discreción y el trabajo entre bastidores. Para Bosch, aquella tarde representaba la culminación de un largo proceso que había movilizado a centenares de personas.

Ahora, sin embargo, las preocupaciones parecían quedar atrás. “Todo el mundo está muy feliz”, aseguraba Bosch mientras observaba el ambiente que se vivía en Montjuïc. Los nervios propios de las grandes ocasiones seguían presentes, pero ya no dominaban la escena. El sentimiento predominante era la satisfacción.

Varios jóvenes protagonizaron uno de los momentos más simbólicos de la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys al llevar al escenario un Cristo crucificado.
Varios jóvenes protagonizaron uno de los momentos más simbólicos de la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys al llevar al escenario un Cristo crucificado. | José Luis Gómez Galarzo

Está saliendo como esperábamos”, afirmaba. Una frase pronunciada con prudencia, consciente de que aún quedaba el momento más importante de la noche. Pero también con la confianza de quien veía que meses de preparación comenzaban a dar fruto ante sus ojos.

Llega el momento de culminar un proceso largo”, reflexionaba. En sus palabras no había solo la satisfacción del organizador. También la del sacerdote que contemplaba cómo una celebración pensada para reunir y fortalecer a la comunidad cristiana tomaba forma ante él.

Aquella tarde, sin embargo, no era tiempo de descansar. Era tiempo de celebrar. De contemplar un estadio lleno. De ver llegar al sucesor de Pedro. Y de compartir, con decenas de miles de personas, una jornada que Carles Bosch definía con una expresión tan simple como reveladora: “Es un regalo”.

El papa León XIV se detuvo unos segundos ante la imagen de la Virgen de Montserrat durante la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys.
El papa León XIV se detuvo unos segundos ante la imagen de la Virgen de Montserrat durante la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys. | José Luis Gómez Galarzo

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