CEDIA: la 'entrada' del Papa, en las periferias de Madrid
Desde 1977 hasta hoy, el Centro Cedia 24 Horas se ha convertido en la «puerta de la caridad» de la capital española. Y por esta puerta, en el barrio periférico de Lucero, entrará el Papa León XIV en el primer día de su viaje a España, visitando las instalaciones y dirigiéndose luego al patio central de la cercana parroquia de Nuestra Señora de la Crucifixión, donde se reunirá con unas 200 personas involucradas en los programas de asistencia social de la Arquidiócesis de Madrid
(Patricia Ynestroza y Salvatore Cernuzio, Vatican News).- En el primer día de su viaje a España, León XIV visitará este centro de solidaridad y caridad de la capital ibérica. Una estructura que acoge y garantiza asistencia continua los 365 días del año a personas en situación de necesidad o sin hogar. El responsable: «Trabajamos sobre todo para devolver la dignidad, empezando por la ropa, la higiene y el transporte. Cosas que para nosotros son comunes, pero no para estas personas». Ernesto, uno de los beneficiarios: «Aquí he recuperado el equilibrio».
Todo comenzó hace casi cincuenta años, con una camioneta que recorría las calles de Madrid repartiendo café a hombres y mujeres sin hogar. Desde 1977 hasta hoy, el Centro Cedia 24 Horas se ha convertido en la «puerta de la caridad» de la capital española. Y por esta puerta, en el barrio periférico de Lucero, entrará el Papa León XIV en el primer día de su viaje a España, visitando las instalaciones y dirigiéndose luego al patio central de la cercana parroquia de Nuestra Señora de la Crucifixión, donde se reunirá con unas 200 personas involucradas en los programas de asistencia social de la Arquidiócesis de Madrid.
Un compromiso las 24 horas del día, los 365 días del año
«Ellos» son los asistentes sociales, los educadores y los voluntarios. Unos 70, algunos muy jóvenes. También son muy jóvenes algunos de los huéspedes del centro de acogida: «Por primera vez en muchos años, el grupo de edad más numeroso es el de los jóvenes de entre 18 y 30 años», cuenta a los medios vaticanos el responsable de la estructura, Juan José Gómez Escalonía. «Cuando uno empieza su vida, el primer trabajo, la pareja, la independencia, con todas estas cosas no es difícil encontrarse en la calle. Es un desafío».
Los voluntarios trabajan de hecho 365 días al año, repartiéndose por los distintos espacios, decorados con cuadros, murales y frases motivadoras escritas en madera. La asistencia es continua y, a menudo, quienes llegan se encuentran en una situación de emergencia. «El Centro acompaña cada año a un número creciente de personas», cuenta Santiago Tedeschi, community manager de la Arquidiócesis de Madrid y colaborador de Cedia para la comunicación durante estos días de la visita papal. «En 2025 se atendió a 2.534 personas, una cifra que refleja un contexto marcado por el preocupante aumento del problema de los altos alquileres en Madrid».
Ser voluntario es dar y recibir tanto
Clara Weik voluntaria de CEDIA afirma a Vatican News que hacer voluntariado en este centro la ha cambiado tanto. Muchos tienen la impresión que hacer un voluntariado es como que tienes que dar algo y tienes que investir mucho tiempo y cosas, señaló, pero también recibes mucho. Es un intercambio de fe, de cultura, de idioma, de todo.
Juan José Gómez Escalonilla, responsable del centro, detalla cómo se articula el apoyo integral a quienes cruzan las puertas de CEDIA 24 Horas, y analiza los alarmantes cambios estructurales y demográficos que azotan a la sociedad actual.
El primer paso: Restaurar la dignidad a través de lo básico
Cuando una persona entra en el Centro CEDIA, lo hace cargando no solo un evidente deterioro físico, sino también una mochila de circunstancias extremadamente complejas. Ante este escenario, la prioridad absoluta de la institución es clara: devolver la dignidad que de forma inherente posee todo ser humano.
Este proceso de restauración no comienza con grandes teorías, sino desde las necesidades más cotidianas y tangibles. La higiene, la alimentación, la ropa limpia, el acceso a internet y el transporte son servicios indispensables que la mayoría de la población asume como normales y garantizados, pero que para estas personas representan barreras infranqueables. Garantizar estos elementos básicos es el motor que abre las puertas a una intervención profunda y duradera.
“"¿Y cómo devolvemos esa dignidad? Pues empezando por lo básico... cuestiones que para nosotros son muy comunes y normales, pero que para estas personas no."”
Un proceso multidisciplinar con enfoque en la persona
Una vez cubiertas las necesidades inmediatas y estabilizada la persona, se inicia un acompañamiento formal y estructurado. A cada usuario se le asigna un equipo técnico compuesto por un trabajador social y una psicóloga. A partir de este momento, el individuo se convierte en el auténtico protagonista de su propio proceso de cambio.
El modelo de CEDIA se aleja del asistencialismo paternalista para centrarse en una atención 100% orientada a las capacidades de la persona. El centro proporciona las herramientas, el apoyo técnico y el entorno seguro, pero es el compromiso y la autonomía del propio individuo lo que garantiza el éxito. La experiencia demuestra que la totalidad de las personas que asumen las riendas de su vida con seriedad logran transitar hacia una vida normalizada.
La crisis de la vivienda y la precarización del empleo
Al abordar los retos actuales, Gómez Escalonilla señala con preocupación desafíos estructurales externos que dificultan la salida del circuito de exclusión, destacando especialmente la crisis habitacional en España. La evolución del mercado inmobiliario en la última década ha transformado drásticamente las dinámicas de reinserción. Mientras que hace diez años el apoyo económico del centro permitía a los usuarios alquilar un piso completo, hoy en día esos mismos recursos apenas alcanzan para costear una habitación en un piso compartido, una opción que amenaza con volverse inaccesible en el corto plazo debido a la escalada de precios.
A esta problemática habitacional se suma un fenómeno relativamente nuevo y alarmante: el del "trabajador pobre". En la actualidad, el empleo ya no es una garantía inmunizadora contra la exclusión. El centro constata de primera mano la presencia de personas que, aun teniendo un puesto de trabajo y un sueldo, terminan perdiendo su hogar debido a que los salarios actuales son tan precarios que resultan insuficientes para cubrir el coste de la vida y llegar a fin de mes. En respuesta a esto, CEDIA coordina planes de ahorro específicos vinculados a los ingresos laborales de los usuarios para facilitar su emancipación progresiva.
Un nuevo perfil: el rejuvenecimiento de la exclusión
Por primera vez en muchos años, las estadísticas del sector reflejan un cambio de tendencia demográfica preocupante: el grupo de edad mayoritario entre quienes se quedan en situación de calle es el de los jóvenes de 18 a 30 años. Se trata de una etapa vital clave donde proyectos iniciales como el primer empleo, la pareja o la independencia se ven truncados súbitamente por la falta de un hogar, cronificando situaciones de exclusión a edades muy tempranas.
El impacto real de la dignificación
El retorno a la vida laboral y social está estrechamente ligado a la autoestima y a la imagen personal. Estar en el centro permite a los usuarios acudir a entrevistas de trabajo o buscar empleo en condiciones de igualdad, bien vestidos y arreglados. El Centro CEDIA 24 horas demuestra que, aunque los milagros no existen, la combinación de herramientas técnicas adecuadas, recursos básicos garantizados y el papel activo del individuo genera un impacto transformador capaz de devolver a las personas el control de sus vidas.
El alivio de un techo: De la expectativa a la realidad
La vida en la calle está llena de incertidumbre, pero encontrar un espacio de apoyo puede cambiar radicalmente el rumbo de una persona. Ernesto, actual residente del Centro CEDIA 24 horas, comparte su experiencia en la institución y explica cómo este recurso no solo le brindó un techo, sino también la oportunidad de estabilizar su vida y tender la mano a otros en su misma situación.
El camino de Ernesto hacia el centro comenzó con dudas, pero también con la urgente necesidad de salir de la intemperie. Según relata, su primer acercamiento al local fue "a la expectativa". Tras anotarse mientras se encontraba en situación de calle, pasaron casi dos meses hasta que regresó por cuenta propia y fue admitido. El impacto de este ingreso fue inmediato y profundo. Para Ernesto, la diferencia entre pasar la noche al raso y contar con un espacio seguro es abismal: "Ya eso fue un gran alivio para mí, porque no es lo mismo tener una cama que no tenerla. Poder acostar la cabeza en una mojada, eso es muy bueno", explica de manera conmovedora.
Cedia 24 horas
Mucho más que un refugio: Estabilidad burocrática y emocional
Más allá de la asistencia básica de alojamiento, la estancia en el Centro CEDIA ha resultado ser una experiencia sumamente satisfactoria y transformadora para Ernesto. Uno de los mayores obstáculos que enfrentaba, a pesar de contar con la ciudadanía española, era la inmensa barrera burocrática del sistema: la constante exigencia de documentos como el DNI, el padrón y gestiones sanitarias.
La intervención del equipo del centro fue clave para destrabar esta situación: Eficiencia profesional: Destaca el trabajo de los profesionales sociales, a quienes define como "muy eficientes con las personas"; Resolución burocrática: En el centro logró centralizar y solucionar todos los trámites documentales que antes parecían inalcanzables en la calle; Apoyo integral: Gracias a este acompañamiento, Ernesto afirma haber logrado estabilizarse tanto física como emocionalmente.
Convivencia multicultural y apoyo mutuo
El Centro CEDIA 24 horas funciona también como un microcosmos de diversidad. Al ser consultado sobre cómo se recibe y ayuda a las nuevas personas que tocan la puerta del recurso, Ernesto enfatiza el fuerte espíritu de compañerismo que se vive dentro de las instalaciones.
La convivencia diaria reúne a personas de múltiples procedencias, conviviendo de manera habitual ciudadanos árabes, africanos y latinos. Aunque Ernesto reconoce que, debido a las diferencias de culturas e idiomas, "siempre hay su problemita", recalca que los roces no pasan a mayores. La norma implícita entre los residentes es el apoyo mutuo: "Se ayuda siempre al que llega. El que llega siempre va a recibir amor y cariño", concluye, demostrando que la empatía es el pilar fundamental para que la vida continúe con dignidad.
Un mensaje para quien llega
Servicios especiales y programas sociales
Dentro del edificio de ladrillos rojos, con balcones en los que ondean ropa tendida para secarse, hay un centro nocturno para hombres con 47 camas (hay otro para mujeres con 20 camas en otra zona de Madrid). En estas últimas horas antes de la llegada del Papa, en medio de reorganizaciones y ensayos generales, las habitaciones se adornan con flores y se arreglan como es debido. El olor a detergente es intenso, al igual que el del pan caliente transportado en cajas de cartón. Además de las habitaciones, en el Cedia se ofrece cena y desayuno en el centro de día, que cuenta con 70 plazas y ofrece servicios de lavandería, duchas, comedor y consigna de equipaje, además de planes especiales para las diferentes personas, con subsidios para hacer frente a las emergencias de frío y calor «extremos aquí en Madrid», cuenta Gómez Escalonía. «También hay ayudas económicas para pagar una pensión o un alojamiento temporal en casos de especial necesidad».
En el pasillo se encuentra además el Cuadro de Actividades, el tablón de anuncios con todos los planes diarios para los huéspedes: los lunes, actividades deportivas, juegos de mesa, «habilidades sociales»; los martes, grupos de encuentro, arteterapia; los miércoles, sesiones para «reconocerse» o «romper el silencio», y así sucesivamente. En el Cedia 24 Horas no solo hay muchas actividades, sino también muchas lenguas y culturas: «Hay españoles, pero también árabes, africanos, latinoamericanos», cuenta el responsable. «Somos una pequeña ONU», sonríe, «hay culturas diferentes, idiomas diferentes; la convivencia, como en todo, siempre presenta algún pequeño problema, pero nunca se va más allá. Y, de todos modos, siempre se ayuda a quien llega. Quien llegue siempre recibirá amor y cariño».