Cientos de personas hacen cola para acceder a la misa del papa en Cibeles
Cientos de personas hacen cola desde primera hora de la mañana en la plaza de Cibeles de Madrid y los alrededores, donde tendrá lugar la misa del papa este domingo, para acceder a los distintos sectores en los que el público tiene su lugar asignado con un código QR.
En las inmediaciones de las calles Gran Vía y Alcalá, grupos de voluntarios reciben instrucciones para atender a los asistentes mientras cientos de personas empiezan a coger sitio frente a las vallas para la misa, que comenzará a las diez de la mañana, aunque los accesos estarán abiertos de siete a nueve.
Entre ellas está Dorcas, de Francia, que confiesa que siendo misionera de Testigo de Jehová durante 40 años se ha convertido en 2023, bautizada en el río Jordán.
«Dios me ha bendecido muchísimo y ahora proclamo la fe católica y las buenas nuevas», dice la mujer, que además será una de los 1000 coristas que cantarán al papa el lunes en el Bernabéu.
Un grupo de mujeres de las parroquias de Santa Teresa y Santa Isabel rezan el rosario frente a la iglesia de San José, por donde pasará el papa en procesión.
Beatriz señala a EFE que han llegado a las cuatro de la mañana porque quieren «primera fila».
Un grupo de 20 jóvenes de entre 16 y 20 años de la parroquia Jesús y San Martín han pasado la noche al raso para ver de cerca al papa.
«El esfuerzo ha merecido la pena. Intentaremos comulgar», comentan.
«Esperamos que podamos pasar porque ayer nos quedamos sin ver (la vigilia)», se queja Edita, que vive en Madrid y está acompañada de sus dos hijos.
Las primeras en la cola de la plaza de Colón son tres monjas dominicas procedentes de Ávila que han dormido alojadas cerca de ahí y han querido llegar pronto también para asegurarse la entrada.
Detrás de ellas, un hombre que ha llegado de avanzadilla para reunirse más tarde con su mujer y sus hijos aguarda pacientemente sentado en la cola leyendo un libro.
La misa de este domingo del Corpus Christi será uno de los actos más multitudinarios de la visita del papa a España, que estará en Madrid del 6 al 9 de junio y luego iBarcelona y las islas Canarias.
Una noche al raso
Cae la noche y caen también las energías de Ignacio, un joven que, tras la emoción de ver al Papa, tratará de conciliar el sueño en un patio de instituto convertido en campamento en Madrid: "Esperamos dormir y si no, le pedimos a la virgen".
Este gaditano es una de las trescientas personas que pasarán la primera noche de la visita de León XIV a España en el instituto público Jaime Vera, cerca de la plaza de Lima donde ha tenido lugar la vigilia, el primer gran baño de masas del pontífice en el país.
Entre esterillas, sacos de dormir, sillas de camping y mochilas, peregrinos de todas las edades pasarán la noche al raso, asumiendo la incomodidad del duro suelo de una pista de fútbol, pero con la convicción de que la incomodidad "vale la pena" por vivir de cerca una visita del papa a España.
"Jesucristo dormía sobre piedras", dice este joven, quien deja claro que tanto él como el resto de compañeros de El Puerto de Santa María (Cádiz) no están de viaje sino de "peregrinación".
Así, defiende que la comodidad es lo de menos: "Se me ha olvidado la esterilla, pero tengo mucha ilusión y un rosario, eso no puede faltar".
También Daniela asume que serán pocas las horas que podrán dormir esta madrugada, ya que a las 6.30 de la mañana emprenderán camino hacia la plaza de Cibeles para asistir a la misa con León XIV.
"Yo soy 'scout', tenemos experiencia en no dormir, ya a la vuelta dormiremos", cuenta a EFE esta joven quien asegura que nunca ha sentido "tanta paz" como la vivida en la vigilia y se encomienda a su buena capacidad para atrapar rápido el sueño.
Algo que también cree Isabel, una mujer mayor que encara su primera peregrinación para ver a un pontífice.
"Con un hueso roto voy a dormir aquí en lo duro, lo mismo me da", subraya al tiempo que reconoce que con el cansancio que acumula tras la primera jornada podría dormir "en un alambre": "Vamos a dormir poco, pero lo que sea lo vamos a dormir bien".
Quien sabe seguro que no dormirá esta noche son algunos de los voluntarios que han ayudado a coordinar los lugares de descanso para los llegados de fuera de Madrid.
Como el grupo de madrileñas que hacen guardia a las puertas de la parroquia San Germán de Constantinopla y que se toman con mucha responsabilidad la tarea que les ha sido encomendada.
"Esta noche no dormimos, tenemos que vigilar que no le pase nada a la gente que está descansando", dice Fátima mientras charla con el resto de sus compañeras, quienes esperan con ansia la misa del domingo.
Todas ellas, jóvenes de entre 20 y 25 años, esperan a que pase la noche sentadas en la escalinata de la parroquia mientras se cuentan cómo han vivido la jornada.
"Hoy ha sido inolvidable, uno de los mejores días de mi vida", declara.
Y preguntada sobre qué hará para combatir el cansancio y aguantar la segunda jornada con la energía necesaria, mira a su alrededor y saca una sonrisa para compartir su mejor arma: "Rezar".
