Cobo lanza ante el Papa su 'programa' para la Iglesia española. "Vivienda, trabajo digno, compañía y esperanza"
"El Evangelio se comprende mejor cuando la realidad se mira desde los últimos", recalca el arzobispo de Madrid al presentar a León XIV las realidades sufrientes, y esperanzadas, de la Iglesia y la sociedad de la capital de España. "En lugares como este aprendemos cada día que Cristo no solo nos envía a los pobres, sino que Él mismo se hace presente en ellos"
"Bienvenido, Santo Padre. Bienvenido a Madrid desde esta puerta —una entre tantas—que, como Belén, abre camino al Evangelio y nos conduce, paso a paso… de Madrid al cielo". El cardenal de Madrid, José Cobo, tenía marcado en la agenda la 'entrada' de León XIV a Madrid. Tenía que ser por el sur, tenía que ser con los pobres. En el madrileño barrio de Lucero, desde hace 50 años funciona una realidad, la del centro CEDIA 24 horas, que demuestra cada día, con los más desfavorecidos, "el corazón de una ciudad viva, diversa y compleja" como la capital. Tal y como expresó en su saludo al pontífice, "una ciudad cuya identidad parece decir siempre: “si estás en Madrid, eres de Madrid”".
"Gracias, Santo Padre, por estar hoy aquí; gracias por ser también hoy de Madrid", apuntó Cobo en su bienvenida al Papa, en un breve discurso que, para bien, se habría de convertir en el 'programa' de la Iglesia española, y que se concreta en cuatro ejes: "Vivienda, trabajo digno, compañía y esperanza". Y debió ser en Madrid, "ciudad de encuentro y de muchas puertas abiertas", formada por "generaciones llegadas de muchos lugares".
"Y hoy usted entra en Madrid por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia", explicó Cobo, reivindicando el 'Belén' del CEDIA: "un rincón humilde por donde Dios quiso entrar en el mundo". "Aquí, a la sombra de esta parroquia, la “Cruci”, nos encontramos en una encrucijada de barrios — Carabanchel, Latina, Aluche, Lucero—, nombres que saben a vida sencilla, a esfuerzo cotidiano y a una Iglesia encarnada en lo concreto de cada día". El arzobispo de Madrid bien conoce esta zona. Aquí se formó, aquí se crió, aquí se hizo cura. Y desde aquí, proclamó, "la diócesis quiere ofrecerle el primero de los abrazos que recibirá en estos días: un abrazo que nace de la convicción de que el Evangelio se comprende mejor cuando la realidad se mira desde los últimos".
Opción pastoral y confesión de fe
¿Por qué? "Porque en lugares como este aprendemos cada día que Cristo no solo nos envía a los pobres, sino que Él mismo se hace presente en ellos. Por eso, comenzar de este modo no es solo una opción pastoral: es también una confesión de fe que hacemos junto al Papa", subrayó el purpurado madrileño, quien animó a todos a alzar la mirada, pero "queremos hacerlo sin despegar los pies de la tierra; con los pies firmes en el barro y en las calles donde tantas personas siguen buscando vivienda, trabajo digno, compañía y esperanza".
"Madrid necesita esa altura de miras, no para huir de sí misma, sino para caminar con mayor fraternidad y esperanza compartida", indicó Cobo, señalando el trabajo llevado a cabo por Cáritas Madrid o la vida consagrada con los más desfavorecidos. "Son precisamente los más vulnerables quienes hoy le reciben primero y le muestran su cariño", insistió, antes de dar la voz al director de Cáritas, Luis Hernández Vozmediano, quien le enseñó el trabajo que se realiza, las 24 horas del día, los 365 día del año, en el centro. "Las personas que acompañamos son los auténticos héroes de esta historia. Con su esfuerzo, su valentía y perseverancia avanzan hacia la inclusión social. La Iglesia les da un apoyo no pequeño, pero ellos son los auténticos protagonistas de la acción y nos ayudan a alzar la mirada y ver la realidad con los ojos del amor y con esperanza".
Luis Hernández Vozmediano: "Las personas que acompañamos son los auténticos héroes de esta historia. Con su esfuerzo, su valentía y perseverancia avanzan hacia la inclusión social. La Iglesia les da un apoyo no pequeño, pero ellos son los auténticos protagonistas de la acción y nos ayudan a alzar la mirada y ver la realidad con los ojos del amor y con esperanza"
Y ellas tuvieron voz, y protagonismo, delante del Papa. Estos son sus testimonios:
Niurka: "Aquí nacieron Ares y Atenea. Aquí recibieron el Bautismo. Hoy miro a mis hijos y sé que podemos tener un futuro. Estamos lejos de nuestra familia, pero tenemos una comunidad que nos sostiene"
1. Testimonio de Niurka. (33 años, abogada, llegó a España desde Cuba)
Santo Padre, gracias por venir y por acercarse a nosotras.
Hace poco más de un año llegué a Madrid sola, embarazada de mis hijos, sin saber cómo iba a salir adelante. Tenía mucho miedo.
Pero la Iglesia me acogió. En el Hogar Santa Bárbara encontré una familia. Gracias a las religiosas, a las personas voluntarias y a las educadoras que me han acompañado cada día, aprendí que no estaba sola.
Aquí nacieron Ares y Atenea. Aquí recibieron el Bautismo.
Hoy miro a mis hijos y sé que podemos tener un futuro. Estamos lejos de nuestra familia, pero tenemos una comunidad que nos sostiene.
Por eso hoy le entrego este lazo con sus nombres, como los que se ponen al nacer en los hospitales. Representa sus vidas, que salieron adelante en un momento muy difícil, gracias a la acogida y al cuidado recibido.
Gracias a quienes creyeron en mí, hoy tenemos esperanza.
Dios bendiga a quienes acompañan, Santo Padre. Porque ahí está la Iglesia: donde más se la necesita.
Khadry: "Le entrego esta réplica de mi tarjeta de residencia. Representa mucho tiempo de espera y de esfuerzo, pero también una vida que vuelve a ponerse en pie. Gracias a quienes acogen. Porque cuando una persona es acogida, descubre que nunca deja de tener un lugar en el mundo"
2. Testimonio de Khadry (Llegó a España desde Senegal en 2020, en plena pandemia)
Santo Padre, gracias por estar aquí y por acercarse a las personas migrantes.
Cuando llegué a España, en un momento tan difícil como la pandemia, me sentía perdido. Había dejado todo atrás y no sabía por dónde empezar. Me sentía solo.
Pero encontré personas que me acogieron sin preguntarme nada, que me miraron con respeto y me hicieron sentir que mi vida importaba.
Poco a poco empecé a confiar, a levantarme, a creer que podía salir adelante. Hoy tengo trabajo y he podido empezar una nueva etapa.
Sé que Dios ha estado guiando mis pasos. Ahora mi deseo es poder volver unos días a mi país, abrazar a mi familia y compartir con ellas cómo estoy, porque para mi familia tampoco ha sido fácil.
También quiero ser ejemplo para otras personas que están pasando por lo mismo, porque sé cómo se sienten.
Por eso le entrego esta réplica de mi tarjeta de residencia. Representa mucho tiempo de espera y de esfuerzo, pero también una vida que vuelve a ponerse en pie.
Gracias a quienes acogen. Porque cuando una persona es acogida, descubre que nunca deja de tener un lugar en el mundo.
Alicia: "Acompañar es para nosotros una forma concreta de anunciar el Evangelio: estar cerca, escuchar, cuidar y reconocer la dignidad sagrada de cada persona"
3. Testrimionio de Alicia (voluntaria del proyecto Esperanza de las Adoratrices)
Santo Padre, me acerco a usted en nombre de tantas personas voluntarias de la Pastoral Social de la diócesis en Madrid que vivimos nuestra misión como un servicio humilde a la Iglesia y a las personas más vulnerables.
Acompañar es para nosotros una forma concreta de anunciar el Evangelio: estar cerca, escuchar, cuidar y reconocer la dignidad sagrada de cada persona.
Siempre recuerdo a Moisés ante la zarza, cuando Dios le dice: “Descálzate, porque el suelo que pisas es tierra sagrada”.
Por eso le entregamos estas sandalias: como signo de respeto, de servicio y de tantos caminos compartidos junto a quienes más sufren.