Desirée López: “Me hablaba él y era como si me hablara el Espíritu Santo”

Afónica y emocionada tras la vigilia de oración en Montjuïc, la joven relata cómo vivió la cercanía del Papa y el impacto de sus palabras sobre el perdón

La joven pudo dirigirse al Papa
La joven pudo dirigirse al Papa | Agencia Flama

Pocas horas después de haber protagonizado uno de los momentos más emotivos de la vigilia de oración presidida por León XIV en el Estadio Olímpico Lluís Companys, Desirée López aún intentaba asimilar una experiencia que, según admitió, tardaría tiempo en comprender del todo. La voz, prácticamente rota tras dos horas de cantos, emociones y nervios contenidos, contrastaba con la nitidez con la que recordaba cada instante del encuentro con el pontífice.

Afonica tras una vigilia intensa, pero aún coreando las últimas canciones con la misma energía con la que había entonado las primeras, la joven concedió a la Agencia Flama sus primeras impresiones nada más terminar la celebración. Con la experiencia aún viva en la retina, evocaba la cercanía de León XIV, a quien había podido abrazar y besar la mano instantes antes.

La estudiante de Derecho barcelonesa, de 20 años, había conmovido a decenas de miles de personas al compartir una infancia marcada por la violencia familiar, la prisión del padre, las adicciones de la madre y los años pasados bajo la tutela de los servicios sociales. La pregunta que había formulado al Papa —«¿Dónde estaba Dios cuando yo era una niña?»— se convirtió en uno de los momentos más intensos del encuentro, tanto por la crudeza del relato como por la profundidad de la respuesta recibida.

Cuando el estadio comenzaba a vaciarse y los asistentes abandonaban lentamente Montjuïc, Desirée aún se mostraba desbordada por todo lo vivido. «Ha sido un regalo del Señor», afirmaba, consciente del carácter excepcional de una jornada que difícilmente olvidaría. «Es una experiencia que no merezco. Soy una más entre las demás», añadía con una humildad que contrastaba con el impacto que había tenido su testimonio.

Durante días había preparado con detenimiento las palabras que pronunciaría ante el sucesor de Pedro. Sabía que sería una oportunidad única, pero reconocía que los nervios la habían acompañado hasta el último momento. No era la multitud congregada en el Estadio Olímpico lo que le imponía respeto, sino la presencia de aquel hombre que escucharía la historia más dolorosa de su vida.

Desirée, leyendo su texto ante el pontífice.
Desirée, leyendo su texto ante el pontífice. | Archivo

«Estaba un poco nerviosa, pero no por la gente. Era por tener al Papa delante de mí», explicaba. Sin embargo, una vez iniciado el diálogo, los miedos habían quedado atrás. La respuesta de León XIV la había sorprendido profundamente. No porque hubiera esperado unas palabras concretas, sino porque había intentado afrontar aquel momento sin anticipar el resultado. «No me planteaba ningún tipo de respuesta por su parte», reconocía.

Las palabras del pontífice, centradas en el perdón como camino, en la responsabilidad humana ante el mal y en la necesidad de no dejar que la violencia tenga la última palabra, habían encontrado eco en una herida que aún sigue cicatrizando. «Ha sido una respuesta que me ha llegado al corazón», aseguraba. Por eso, admitía, necesitaría tiempo para asimilar toda su profundidad.

Cuando intentaba describir qué había sentido mientras escuchaba al Papa, las palabras se le quedaban cortas. Tras una breve pausa, acababa resumiendo la experiencia con una frase que condensaba toda la intensidad espiritual del momento. «Me hablaba él y era como si me hablara el Espíritu Santo», decía. Para ella, la fuerza de aquel instante no se encontraba únicamente en las palabras pronunciadas, sino en lo que representaban.

Caluroso abrazo entre la joven y el Papa
Caluroso abrazo entre la joven y el Papa | Agencia Flama

La emoción se había intensificado aún más después del diálogo público. Tras la intervención, había podido acercarse al pontífice, abrazarlo y besarle la mano en unos instantes que conservaba con una nitidez sorprendente. El recuerdo de aquella cercanía seguía muy presente mientras relataba los hechos. «Al final, él es una representación del Espíritu Santo», reflexionaba.

A pesar de la intensidad de la jornada, la joven era consciente de que necesitaría tiempo para comprender su alcance. Las palabras escuchadas, las emociones vividas y las heridas compartidas formaban parte de un proceso que, según ella misma reconocía, no se agotaba en una sola noche. «Ahora toca asimilarlo poco a poco», afirmaba con serenidad.

La noche, sin embargo, se presentaba larga. Aún con la adrenalina del encuentro y la conmoción de los momentos vividos sobre el escenario, Desirée sonreía al pensar en las horas que le esperaban. De hecho, sabía que hay experiencias que siguen resonando mucho después de que todo haya terminado. «Hoy no voy a dormir mucho, seguro que no», admitía. La voz le fallaba tras repetirlo. La emoción, en cambio, seguía intacta.

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