Discurso del Papa en Montserrat
Saludo cordialmente a Su Excelencia, Mons. Xavier Gómez García, al Padre Abad de Montserrat Manel Gasch i Hurios, así como a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y a todos los fieles que participan en esta peregrinación, en modo particular a los niños que nos acompañan. Gràcies per acollir-nos, gràcies per la vostra presència.
Estic content de poder estar als peus de la Moreneta per encomanar-li, ple de confiança en la seva intercessió maternal, el meu servei petrí i la missió de l’Església en el món que clama demanant justícia i pau.
Els murs d’aquest recinte podrien explicar-nos les innombrables histories de devoció, agraïment i esperança que han contemplat al llarg dels segles al voltant de la Mare de Déu de Montserrat i també han estat testimonis de la sang vessada per amor a Jesucrist.
Així mateix en aquests murs han estat custodiades les alegries i les penes, els goigs i les llàgrimes de tants fidels, i han escoltat també les veus celestials del cant infantil de l’Escolania més antiga d’Europa.
[Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz.
Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo.
Así mismo en ellos han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y han escuchado también las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa.]
Cuando mi Predecesor, el Papa Francisco, en el 2023 ofreció la rosa de oro a esta venerada imagen, nos invitaba a considerar cómo, durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, es fundamental en la vida de todo cristiano. En esa misma ocasión señaló que «delante de la Madre [...] se despiertan los sentimientos más nobles de una persona»; efectivamente, ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo.
Con esta misma actitud filial, os invito a acoger hoy la invitación de María: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Estas palabras pronunciadas en Caná de Galilea contienen un verdadero programa de vida cristiana, porque María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme. La voluntad de Jesús es clara: «Esto os mando: que os améis unos a otros» (Jn 15,17). Se trata de un amor que tiene en Él mismo su medida y su fuente: «Como yo os he amado» (v.12). Por eso, cuando María nos dice: «Haced lo que Él os diga», nos invita a alcanzar un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio.
Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre. Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias.
Contemplem a la Mare de Déu de Montserrat que ens mostra Jesús com un nen indefens reposant a la seva falda, doncs aquí està la Mare, amb el seu Fill, convidant-nos a estimar-nos els uns als altres. Deposem avui als seus peus les cuirasses que han endurit poc a poc el cor.
El Nen Déu que Maria sosté en els seus braços, no porta armadures i serà Ell mateix qui després, despullat a la creu s’abandonarà totalment al Pare per salvar-nos amb la força desarmada i desarmant de l’amor.
[Contemplemos a María de Montserrat que nos muestra a Jesús como un niño indefenso descansando en su regazo, pues aquí está Ella, junto a su Hijo, invitándonos a amarnos unos a otros. Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón.
El Niño Dios que María sostiene en sus brazos, no lleva armaduras y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor.]
Alcemos la mirada a María y supliquémosle que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios, como exhorta san Pablo: «Ceñid vuestra cintura con la verdad, revestíos con la coraza de la justicia, calzaos los pies con la prontitud para el Evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios» (cf. Ef 6,11-17).
Hoy, como peregrinos en Montserrat, manifestemos el sincero deseo de reafirmar nuestro servicio a Dios Padre que nos ha revelado Jesucristo, quien nos dice: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37).
Consideremos también cómo la Virgen, en su mano derecha, sostiene la esfera del mundo, signo de su cuidado materno, porque el mundo entero tiene cabida en su corazón. Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división.
Demanem a Maria, Reina de la pau, que ens ensenyi a renunciar a les paraules feridores, al judici immediat, a la murmuració i a les calumnies. I que aprenguem a custodiar i a conrear l’amor en la família, entre els amics, en el lloc de treball, en les xarxes socials, en els debats polítics i en les comunitats cristianes, de manera que l’odi doni pas a l’esperança i la pau.
Que Maria, Mare de l’Església, ens orienti sempre cap a Jesús. Us invito a saludar-la amb aquestes paraules:
Dels catalans sempre sereu la Princesa,
dels espanyols i de tot el món l'amor;
Digueu-nos: “Sou el meu tresor,
jo sóc la vostra mare, no tingueu por”.
Que així sigui.
[Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz.
Que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús. Os invito a honrarla con estas palabras:
De los catalanes siempre seréis la Princesa,
de los españoles y del mundo todo el amor;
