Meditación en voz alta ante la visita de León XIV a España
"Que los cristianos no quedemos extasiados y satisfechos con las manifestaciones grandiosas del evento. Escuchemos, meditemos, y procesemos en nuestra vida personal y en nuestras iglesias locales, la Palabra de Dios que nos llega en el Sucesor de San Pedro"
Estoy seguro de que en el Vaticano se conoce bien la situación actual de la Iglesia en la sociedad española, y se ha visto la conveniencia de la visita apostólica. Según el programa, esta visita no se distingue mucho de las hechas por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Recepciones oficiales del Papa como jefe de un Estado; y celebraciones religiosas multitudinarias. Pero los cristianos debemos recibir en esta visita luces y coraje para ser fieles al Evangelio, compartiendo alegrías y esperanzas, tristezas y angustias que viven los demás ciudadanos.
Dada la complejidad de la situación, mis reflexiones ahora no van más allá de una meditación en voz alta. Para no embrollar las cosas, procedo en varios puntos: el Papa que viene, la situación de la Iglesia visitada, y llamadas del Espíritu en esta situación
El Papa que viene
Es un profundo creyente cristiano, como manifestó ya en su presentación como nuevo Sucesor de Pedro ante el pueblo. “Soy un hijo de San Agustín, quien dijo 'con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo' y, en este sentido, podemos todos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado.
Dios nos quiere, Dios los ama a todos y el mal no prevalecerá, estamos todos en las manos de Dios. Estamos llamados a construir una paz desarmada, una paz desarmante, humilde y perseverante, proveniente de Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.
Según su Primera Exhortación –Dilexi te– la misericordia ha sido el alma en la historia de la Iglesia porque “en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse". En esa perspectiva evangélica, León XIV respira los aires de reforma suscitados por el Espíritu en el Vaticano II, y desea continuar el proyecto de una Iglesia “en salida” de su auto-preservación para ser de verdad anuncio creíble del Evangelio.
El Papa no es obispo de todo el mundo ni un super-obispo. Tan Iglesia verdadera de Jesucristo es la Iglesia de Astorga o de Mondoñedo como la Iglesia de Roma
El Papa no es obispo de todo el mundo ni un super-obispo. Tan Iglesia verdadera de Jesucristo es la Iglesia de Astorga o de Mondoñedo como la Iglesia de Roma. Sin embargo el obispo de Roma, Sucesor de Pedro, tiene como misión fomentar entre todas las iglesias locales la comunión que es obra del Espíritu Santo. La visita apostólica y lo que el papa sugiera o recomiende debe ser procesado y concretado en las iglesias locales con sus obispos.
La Iglesia visitada
Se encuentra en una sociedad moderna, donde ha cundido muy rápidamente la secularización o emancipación de la tutela religiosa. Es una sociedad laica con un Estado aconfesional. Oficialmente ha quedado atrás el nacionalcatolicismo.
Siguiendo la orientación del Vaticano II, la Iglesia busca una presencia, ha renunciado a su consorcio con el poder político y busca una nueva presencia pública para llevar a cabo su misión siendo testigo creíble del Evangelio.
Este objetivo no se logra fácilmente, porque la modernidad procede con muchas sombras. También porque dentro de la misma Iglesia, las visiones, las mentalidades y las estructuras no cambian de la noche a la mañana.
Discernir lo signos
Más que hablar de interrogantes al presente y futuro de la Iglesia Católica en la nueva sociedad, prefiero hablar de signos o llamadas del Espíritu en la situación actual. A modo de ejemplo, apunto algunos signos. Los reclamos de libertad -concretamente de libertad religiosa- y la prioridad de la conciencia que piden una renovación de la moral cristiana para nuestro tiempo. La interculturalidad y la emergencia en nuestra sociedad de religiones distintas de la cristiana, recomiendan aceptación de los diferentes en su singularidad cultural y el diálogo interreligioso. Recibiendo lo bueno y verdadero de las otras culturas y religiones, se abrirá horizonte nuevo a nuestra identidad superando el fundamentalismo cerrado y el relativismo de pensar que todas las religiones son igualmente verdaderas. En esa etapa del mundo moderno que llamamos post-modermidad, donde la formulación de verdades objetivas con valor universal no tienen audiencia, y las personas se conforman con pequeñas trascendencias que da el placer encontrado en el camino. Nuevas formas de familia sobre las que ya el papa Francisco sugirió bien el discernimiento y la conducta de los cristianos.
Pero ahora destaco tres signos que pueden ser llamadas saludables para la nueva presencia pública y profética de la Iglesia en nuestra sociedad.
1.Lafe como experiencia mística. En la últimas décadas son innegables la indiferencia religiosa que contagia también a cristianos, y el alejamiento cuando no la agresividad de muchos contra las instituciones y funcionamientos eclesiales. No hace mucho se publicó un valioso estudio con el título “¿Tiene futuro el cristianismo en España?”. Pero ese descenso era inevitable y puede ser indicativo de la necesidad de madurar en la fe.
Manifestaciones de esta crisis de fe son la indiferencia y apatía, el distanciamiento de bautizados respecto a las instituciones de la Iglesia, la falta de entusiasmo y coraje para emprender la nueva evangelización
La Iglesia en la sociedad española decidió a dar un cambio: de una presencia pública en la lógica del poder a una presencia pública profética en la lógica del amor que seduce. Pero el cambio supone un fortalecimiento de los cristianos en la fe, y aquí está la crisis fontal. Manifestaciones de esta crisis de fe son la indiferencia y apatía, el distanciamiento de bautizados respecto a las instituciones de la Iglesia, la falta de entusiasmo y coraje para emprender la nueva evangelización.
Esa fe no se reduce a creencias o aceptación de unas verdades formuladas. Es una experiencia vital de encuentro con el “Abba” revelado, Presencia de amor en que todos habitamos y a todos nos hermana. Una experiencia similar y tan compleja como el amor donde se unen sintonía profunda, confianza, sumisión voluntaria, y entrega gozosa.
Esta maduración en la fe o experiencia cristiana nos abrirá espontáneamente a descubrir lo bueno que hay en otras religiones. Sin caer en el fundamentalismo cerrado ni el relativismo de pensar que todas las religiones son igualmente verdaderas.
Sin avivar esta fe o experiencia cristiana, no despertará el elefante dormido que son la mayoría de los bautizados. No superaremos una organización piramidal de la Iglesia, ni la patología del clericalismo. La sinodalidad puede ser una llamada del Espíritu que solo encontrará camino dando prioridad a esa experiencia.
2. En una sociedad postcristiana. La Iglesia se constituye en la misión que tiene lugar dentro de la sociedad en su realidad. En la población actual de nuestra sociedad, incluso entre bautizados, abunda el lenguaje religioso manido y tergiversado Y el imaginario de muchos está cargado de prejuicios, historias, experiencias y vivencias negativas acerca de la Iglesia, y de la moral católica. En a visión de muchos. la Iglesia esinstituciòn anclada en el pasado y opuesta siempre a los cambios necesarios en la sociedad buscando una mayor justicia y libertad para todos.
Ya no vale una evangelización por autoridad que viene de las alturas. Ni hablar de lo divino a costa del deterioro humano. Ni argumentos racionales ni miedos para que se acepten unas verdades reveladas. Urge sintonizar con los anhelos y reclamos hondos que piden más crecimiento en humanidad. Desde ahí leer de nuevo el Evangelio y ofrecer propuestas que seduzcan y abran horizonte nuevo. En el fondo es continuar la lógica de la encarnación o presencia de lo divino en la humano.
La nueva evangelización deberá escuchar la situación de las personas, acompañarlas al ritmo de su proceso, para que se conviertan al Evangelio por convicción
Lo humano solo es real en personas concretas. La nueva evangelización deberá escuchar la situación de las personas, acompañarlas al ritmo de su proceso, para que se conviertan al Evangelio por convicción. Siempre en la convicción que la verdadera Iglesia no son las paredes mudas de los templos, sino las personas que descubren la perla preciosa, y seducidas venden todo lo que tiene para conseguir la perla que ardientemente desean.
3. En una economía pervertida por la fiebre posesiva y la codicia insaciable. Se ha impuesto la fría lógica del mercado: obsesión por sacar individualistamente máximo beneficio a costa de lo que sea y de quien sea. Una economía que ha degenerado en crematística: unos pocos acaparan todo dejando a la mayoría en la dependencia y desamparo. Lo estamos viendo en el empobrecimiento de muchos y en la corrupción cada vez más generaliza. Esa fría lógica invade la política que ya no procede según el derecho, e incluso ese reducto de gratuidad que es la familia.
Y en una globalización con exclusión de nefastas consecuencias para los cada vez más numerosos inmigrantes que, sufriendo mil peligros, llegan a nuestra sociedad y se ven perdidos, humillados y excluidos. Como signo positivo, son muchos los voluntarios cristianos sensibles a la voz de los pobres y comprometidos en ayudar a inmigrantes a ser ellos mismos abriéndose paso en nuestra sociedad. El problema no es de fácil solución política, pero debe ser cuestión decisiva para los cristianos cuya fe es inseparable de la opción por los excluidos. Sin una práctica social en compasión y en justicia, los cristianos tampoco seremos constructores de una paz “desarmada y desarmante, proveniente de Dios que incondicionalmente nos ama a todos”.
Una vez más, que la frondosidad de los árboles no impida ver y cuidar las tiernas y prometedoras semillas de nueva humanidad que ya brotan en los surcos de nuestra humilde madre tierra. Que los cristianos no quedemos extasiados y satisfechos con las manifestaciones grandiosas del evento. Escuchemos, meditemos, y procesemos en nuestra vida personal y en nuestras iglesias locales, la Palabra de Dios que nos llega en el Sucesor de San Pedro.