León XIV, en el 'Belén' de esperanza del CEDIA 24 horas: "La caridad no admite demoras, esta es nuestra responsabilidad"
Emocionante encuentro de León XIV con el centro CEDA 24 horas. El Papa encuentra en Madrid el sabor del Evangelio. "Gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor"
"Yo también estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo". Tras las palabras del cardenal Cobo, los testimonios y la emoción derramada por Niña Pastori y Migueli, Léon XIV quiso 'responder' a los desafíos lanzados por el arzobispo de Madrid. Y lo hizo con alegría, hablando de los "milagros de amor".
Unos desafíos que se basan en ponerse en el lugar del otro. Y nada mejor que CEDIA para comprobarlo: "Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia", proclamó el Papa, quien subrayó cómo "CEDIA recorre el camino del Evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre no sólo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino para hacerlas suyas —excepto el pecado—, viviendo como uno de nosotros en la debilidad e identificándose con toda persona que sufre". Haciendo realidad el recordado pasaje de Mateo 25: "Conmigo lo hicisteis".
Las canciones de Migueli y Pastori sirvieron de pórtico para las palabras del pontífice. Especialmente una frase: "En cada sueño te busqué, y ninguno fue en balde", que resumen los sueños de los internos y voluntarios que hablaron con anterioridad, y cuyos discursos puedes ver aquí: "Gracias a un sueño y a una pequeña puerta abierta —pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia, como ha dicho Su Eminencia—, Niurka les ha dado a Ares y Atenea la vida, su amor de madre, la gracia del Bautismo y la promesa de un futuro feliz. Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no sólo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él", glosó.
"Gracias también a un sueño y a esa misma pequeña puerta, cada día Alicia y los demás voluntarios del Proyecto Esperanza ayudan a tantas mujeres a recuperar la dignidad, la autonomía, la esperanza y el respeto por el valor sagrado de su persona, y a iniciar una nueva vida", señaló el pontífice, quien agradeció los "símbolos" que los internos le regalaron: "la cinta con los nombres de los niños expresa la alegría que cada nacimiento trae al mundo; el permiso de residencia cuenta una historia de esfuerzo, pero sobre todo de compromiso, honestidad y acogida; la sandalia, que recuerda el encuentro de Moisés con Dios en el Horeb , evoca la “tierra sagrada” que estamos obligados a respetar en toda existencia humana".
"Os doy las gracias de corazón a todos vosotros por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios", apuntó Prevost. Como ellos, "un sinfín de madres como Niurka, de niños y niñas como Ares y Atenea, de mujeres y hombres como Khadri, de voluntarios y voluntarias como Alicia: tantas personas, tantos hermanos y hermanas, tantas historias, tan numerosas", que son puro Evangelio. Y no de palabra: "La comparación con el Evangelio no es forzada, porque en estas historias continúan las «cosas [que] hizo Jesús»" a quien se refiere el Evangelista".
Prevost agradeció a Cobo su comparación del CEDIA con un Belén. "Madrid es también famosa por los belenes que la adornan en la época de Navidad. Su belleza, sin embargo, es sólo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda, que hoy encontramos aquí. Las luces, las voces y los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón y nos humedecen los ojos, en realidad los llevamos dentro, con nosotros y entre nosotros durante todo el año, y hoy están más vivos y encendidos que nunca en estos espacios, alrededor de este “belén” sencillo y acogedor que, con la ayuda de Dios, vosotros seguís preparando día a día — es más, literalmente día y noche— para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral del Centro en busca de ayuda".
Y, también, "una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras", pues si el trigo no se recoge a tiempo, "la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados: una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer".
Recordando a Francisco, León XIV advirtió cómo "también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas". Por ello, añadió, "el hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico".
No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico
"Las palabras de Jesús son también una invitación a cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás, manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra propia humanidad y que la fe libera y fortalece", proclamó el Papa, quien recordó que "un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona".
Y, al final, la "llamada a mirar a los que sufren a los ojos ya hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre", como tanto insistió Francisco: "Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne?". Porque, volviendo a citar a Francisco, "la limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor".
En la firma del libro de honor del CEDIA, el Papa escribió: “Dejaos interpelar por la mirada de quienes necesiten vuestra ayuda y acogedlos con la caridad de Cristo. Con todo afecto, pido a Dios que os bendiga". Amén. Al término, el Papa recibió otro 'regalo': el árbol de la esperanza.