Antes de la llegada del Papa, la montaña late con fuerza: Montjuïc se llena de fe, juventud y esperanza en una tarde histórica

El calor no frena a los miles de fieles llegados de todas las diócesis catalanas

El estadio barcelonés, repleto de fe.
El estadio barcelonés, repleto de fe. | Agencia Flama

Muchas horas antes de la llegada del papa León XIV al Estadio Olímpico Lluís Companys, Montjuïc ya vivía una tarde extraordinaria. Cerca de 40.000 personas fueron entrando de manera ordenada en el recinto, repartidas entre la pista y las gradas, en un ambiente que combinaba la alegría de los grandes encuentros con momentos de oración y recogimiento. El calor marcó buena parte de la jornada, pero no frenó el entusiasmo de los participantes.

Desde primera hora de la tarde, los accesos al estadio registraron una afluencia constante de grupos procedentes de todas las diócesis catalanas. Familias, jóvenes, laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes fueron ocupando sus lugares mientras los voluntarios orientaban a los asistentes. El ambiente recordaba al de una gran peregrinación, con mochilas, banderas, cantos y muchas fotografías para inmortalizar la jornada.

Los jóvenes fueron los grandes protagonistas de la espera. Entre los numerosos grupos presentes destacaba el de la parroquia de María Auxiliadora de Mataró, que se desplazó hasta Barcelona para participar en la vigilia. También podían verse delegaciones parroquiales llegadas de Girona, Vic, Tarragona, Solsona o Sant Feliu de Llobregat, compartiendo experiencias mientras esperaban la llegada del pontífice.

Josep Sellarès, delegado de juventud, observaba a la multitud con satisfacción. «Los jóvenes buscan autenticidad», afirmaba mientras saludaba a diversos grupos. Una frase que parecía resumir el sentido de la convocatoria. Muchos de los asistentes explicaban que habían acudido atraídos por la posibilidad de escuchar directamente al Papa y compartir una experiencia de fe con miles de personas de su generación.

Desde Sant Feliu, presentes en Montjuïc.
Desde Sant Feliu, presentes en Montjuïc. | Agencia Flama

Desde la diócesis de Solsona llegaron unas 300 personas. Así lo explicaba Abel Trulls, delegado de juventud, quien destacaba la implicación de los grupos parroquiales en la preparación del viaje. La expedición llenó varios autocares y convirtió la visita papal en una auténtica movilización diocesana. «La respuesta ha sido muy buena», comentaba mientras buscaba a los miembros de su grupo entre las gradas.

La presencia de religiosos y religiosas también era notable. Una decena de religiosas latinoamericanas vinculadas al Santuario de San José de la Montaña, en el barrio de Gràcia, seguían con atención las actividades previas. Para ellas, la jornada tenía un significado especial, no solo por la visita papal, sino también por la posibilidad de compartir la celebración con fieles llegados de procedencias muy diversas.

A pocos metros, dieciséis religiosas de las Hermanitas de San José de Barcelona vivían la espera con emoción. «Venimos con ilusión y esperanza», explicaban. Entre sonrisas, expresaban un deseo sencillo pero profundo: «Deseamos que se entienda lo que dice el Papa». Las religiosas seguían el desarrollo de la tarde con una atención serena, conscientes de la trascendencia del momento.

Religiosas de todas las edades se citaron en el Estadi.
Religiosas de todas las edades se citaron en el Estadi. | Agencia Flama

Entre los asistentes también había numerosos presbíteros. Desde Tarragona se desplazaron sacerdotes como Joan Àguila, Víctor Mosquera y Antoni Pérez de Mendiguren. El encuentro sirvió igualmente para reencontrarse con compañeros de ministerio llegados de otras diócesis y compartir impresiones antes del inicio del acto central de la jornada.

El estadio presentaba una imagen impactante. En el centro del escenario sobresalía la imagen de la Virgen de Montserrat, rodeada por una escenografía concebida para resaltar los símbolos de la Iglesia catalana. Una gran cruz inspirada en la futura torre de Jesús de la Sagrada Familia presidía el espacio, visible desde cualquier punto del recinto. Dos pantallas gigantes completaban el dispositivo para facilitar el seguimiento de la vigilia.

La dimensión espiritual del encuentro también era visible fuera del escenario. En la zona de tribunas se habían habilitado confesionarios que durante toda la tarde registraron una actividad constante. Mientras algunos grupos cantaban o compartían testimonios, otras personas aprovechaban los momentos previos para acercarse al sacramento de la reconciliación, en una atmósfera de oración sorprendentemente intensa para un estadio de grandes dimensiones.

Entre la multitud destacaba también una pancarta original elaborada por un joven de la parroquia de Santa Inés de Barcelona. Con un lenguaje inspirado en el mundo del fútbol, comparaba a algunas de las grandes estrellas internacionales con una elección final que no dejaba lugar a dudas: el gran fichaje era el papa León XIV. La iniciativa despertaba curiosidad y numerosas fotografías entre los participantes.

A medida que avanzaba la tarde, los asientos vacíos desaparecían y la sensación de estar viviendo un momento histórico se hacía más evidente. Las conversaciones, los cantos y las oraciones se mezclaban bajo el sol de junio. Antes de que el Papa llegara al recinto, incluso antes de que comenzara la vigilia, la montaña de Montjuïc ya había entrado en sintonía con el acontecimiento.

Porque esta tarde, mucho antes de la presencia del Papa, el protagonismo era compartido. Era de los jóvenes que recorrieron kilómetros para estar allí, de las familias que hicieron de la visita una fiesta, de los religiosos que acudieron con esperanza y de los voluntarios que hicieron posible la organización. Antes de que se abrieran las puertas del gran momento, Montjuïc ya latía con fuerza propia.

Un grupo de jóvenes mataronenses.
Un grupo de jóvenes mataronenses. | Agencia Flama

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