Madrid vuelve a mirar al cielo y el catolicismo sale a la luz en una multitud histórica

El segundo milagro de la fe en el corazón de Madrid

"Madrid ha vuelto a mostrar que la fe, cuando se hace pública y hermosa, sigue siendo capaz de convocar multitudes. El catolicismo no se ha escondido en los márgenes ni ha buscado consuelo en la discreción. Ha salido a la luz, ha llenado la calle"

Ministros de la comunión reparten las hostias en Cibeles
Ministros de la comunión reparten las hostias en Cibeles | Jordi Expósito

El segundo milagro de la fe en Madrid no ha ocurrido en un templo ni en una plaza menor, sino en Cibeles, uno de los lugares más simbólicos de la capital. Tras los 500.000 jóvenes congregados la noche del sábado en la Plaza de Lima, este domingo ha sido el turno de la gran misa multitudinaria, con un millón y medio de personas, apiñadas desde Cibeles hasta Atocha, en una imagen que difícilmente olvidará la ciudad.

Misa en Cibeles
Misa en Cibeles | Jordi Expósito

Con todos los obispos españoles, numerosos sacerdotes de Madrid y de toda España, los Reyes y las autoridades presentes, Madrid ha visto cómo la fe católica ocupaba de nuevo el centro del escenario público.

La escena tenía algo de liturgia, de historia y de desafío. La diosa Cibeles, en el corazón de su plaza, parecía presidir en silencio una marea humana que desbordaba el paisaje urbano y convertía la capital en una gran nave al aire libre. La bienvenida del cardenal Cobo, con aquel viejo refrán madrileño -“Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”-, puso palabras a una ciudad que parece hecha para resistir, arder y renacer.

Y en medio de todo, el Santísimo procesionó de Cibeles a la Puerta de Alcalá en manos de León XIV, en una imagen que unió la solemnidad del rito con la fuerza visual de una capital entera rendida a los pies de la fe del Dios de la misericordia.

El centro vuelve a latir

El Papa quiso dar a esta celebración un tono profundamente actual. En su homilía recordó que “la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro”.

Misa en Cibeles
Misa en Cibeles | Jordi Expósito

La frase resume bien el sentido de la jornada, que no pretende ser una reliquia del pasado, sino una interpelación viva para la España de hoy. El Corpus, unido al Día de la Caridad, volvió a aparecer como escuela de fraternidad y de compromiso, no como pieza de museo.

A mi juicio, lo ocurrido en Madrid no fue una simple demostración de fuerza religiosa o poder sagrado, sino la visibilización pública de una Iglesia que ya no quiere esconderse ni pedir perdón por existir.

En una España marcada por décadas de secularización y prudencia católica, la capital se convirtió por unas horas en un gran teatro del renacer masivo de la fe. La multitud, los cantos, el silencio ante el Santísimo y la presencia institucional de la monarquía y del episcopado dibujaron una escena de enorme carga simbólica.

Un catolicismo visible

Lo más llamativo es que el catolicismo ya no aparece aquí como un vestigio avergonzado, sino como una realidad que reclama su lugar al sol. La ciudad no ha asistido a una escenificación defensiva, sino a una afirmación serena y contundente de pertenencia a uncatolicismo que pretende sólo servir, no imponer.

Los Reyes en la misa de Cibles
Los Reyes en la misa de Cibles

El Papa, los obispos, los sacerdotes y el pueblo fiel han mostrado que la fe puede volver a ocupar la calle sin complejos, sin nostalgia y sin pedir permiso para existir. Eso explica la intensidad de las imágenes y también el eco que tendrán mucho más allá de Madrid.

La presencia de los Reyes añade otra capa de significado. No solo por la solemnidad institucional, sino porque confirma que la España contemporánea sigue siendo un país donde la historia religiosa pesa y donde los símbolos todavía cuentan.

Por otra parte, la convivencia entre la diosa pagana de la plaza, la procesión eucarística y la presencia del poder civil y eclesial hizo de Cibeles una especie de espejo de una España plural, contradictoria, vieja y nueva a la vez, pero todavía capaz de conmoverse ante lo sagrado.

En la misa de Cibeles
En la misa de Cibeles | Jordi Expósito

La fe al sol

En definitiva, Madrid ha vuelto a mostrar que la fe, cuando se hace pública y hermosa, sigue siendo capaz de convocar multitudes. El catolicismo no se ha escondido en los márgenes ni ha buscado consuelo en la discreción. Ha salido a la luz, ha llenado la calle y ha devuelto a la ciudad una imagen que parecía impensable hace solo unos años. La imagen de una España que, incluso en su secularidad, sigue teniendo hambre de rito, de belleza, de comunidad, de misterio, de fraternidad y de reconciliación.

Quizá por eso esta jornada quedará como una de las más intensas de la visita de León XIV. Porque no solo ha reunido cifras impresionantes; ha ofrecido un relato alternativo del país. Frente al cansancio y a la desafección política, una multitud. Frente al escepticismo, un pueblo que reza unido. Frente a la vergüenza religiosa, una fe que camina en público. Y frente al ruido incesante, el silencio orante. Madrid, por un día, volvió a ser capital de una esperanza que muchos daban por apagada.

La misa de Cibeles
La misa de Cibeles

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