Manuel Herrero, obispo agustino, sobre la visita del Papa agustino: "La acogida de España ha sido entusiasmada y entusiasmante"

Hoy hace diez años, mientras el añorado agustino Nicolás Castellanos le observaba con cariño, su hermano agustino, ya obispo de Palencia, recibía el abrazo de otro agustino, entonces obispo de Chiclayo, y hoy León XIV. Una década después, Manuel Herrero rememora la reciente estancia de su hermano de orden y Papa

Prevost abraza a Manuel Herrero ante la mirada de Nicolás Castellanos
Prevost abraza a Manuel Herrero ante la mirada de Nicolás Castellanos | Diócesis de Palencia

Hoy hace 10 años, el agustino Manuel Herreros recibía la ordenación episcopal como obispo de Palencia. Habían pasado dos décadas (y tres pastores, algunos de doloroso recuerdo en fieles y sacerdotes) desde que otro agustino, Nicolás Castellanos, ocupase esa sede castellana, dejando en ella una huella que hizo aún más hiriente el contraste.

Era el 18 de junio de 2016 y mientras Castellanos le observaba con atención y cariño, su hermano agustino, ya obispo de Palencia, recibía el abrazo de otro agustino, entonces obispo de Chiclayo, y hoy León XIV. Lo recuerda el propio Manuel Herreros, ya emérito y retirado en una comunidad en Santander, en conversación con Religión Digital, donde repasa la reciente visita de Robert Francis Prevost a España. Una convalecencia le obligó a seguir por televisión sus paso por Madrid, Barcelona, Montserrat y Canarias. Le escribió al Papa lamentando no poder participar en los actos y encuentros también con los miembros de la orden. El Pontífice la hizo llegar muestras de interés por su salud. Y don Manuel confía en poder viajar personalmente a Roma para agredecerle fraternalmente el interés.

Pregunta. ¿Cómo ha visto usted a su hermano, y ahora Papa, desde la televisión ?

Respuesta. Bien, y me ha encantado verlo porque, aparte de ser agustino, es el Papa, el Obispo de Roma, el sucesor de Pedro, pero que vino aquí a confirmarnos en la fe y en la caridad y despertar también la esperanza, que falta nos hace.

Prevost impone las manos en la ordenación episcopal de Manuel Herreros
Prevost impone las manos en la ordenación episcopal de Manuel Herreros | Diócesis de Palencia

P. ¿Cómo percibió usted la acogida que se le dispensó, tanto por parte del pueblo fiel como de las autoridades?

R. Lo de las autoridades políticas, lo dejo aparte, no quiero entrar ahí. Pero destaco sobre todo la del pueblo cristiano, una acogida fraterna, calurosa, entusiasmada y entusiasmante. Una acogida alegre y también una acogida en la que me chocó mucho a veces el silencio, el respeto que significaba esa acogida, que era una acogida a la persona y, sobre todo, también al mensaje que él nos traía.

El Papa hoy no solamente es una referencia para los católicos, sino que lo es para toda la humanidad

P. ¿Cree usted que estaba el país necesitado de una palabra de sentido, de una palabra de una personalidad internacional que se ha convertido en un referente moral como este Papa?

R. Sí, creo que sí se necesitaba y se seguirá necesitando oír su palabra, su mensaje y sus referencias, porque el Papa hoy no solamente es una referencia para los católicos, sino que lo es para toda la humanidad.

R. ¿Por qué? Por sus mensajes, que no brotan sólo de su personalidad, sino que son eco del Evangelio de Jesucristo, esa llamada a buscar la verdad, a vivir en comunión, respetando la diversidad y a trabajar por la justicia y la paz. Y esa llamada también que nos ha hecho a acogernos unos a otros y alzar la mirada, no solamente a Dios, que por descontado, sino para ver después las cosas con la mirada de Jesús y, sobre todo, no solamente las cosas y los acontecimientos, sino a cada persona, especialmente a los más pobres, los emigrantes, los más necesitados y los últimos de la sociedad.

P. Esa llamada a esa fraternidad, también a esa comunión, que ha sido un hilo conductor, la pronunció en la sede de la Conferencia Episcopal Española. ¿Qué le dice a usted esa petición a los pastores?

R. Bueno, que viene bien. No es que los pastores lo hubiéramos olvidado, yo ya estoy jubilado, sino que es una forma de recordar y volver a lo fundamental del ministerio. El ministerio episcopal fundamentalmente representa a Jesucristo en cada diócesis, pero sobre todo como animador, como servidor de la fe, de la esperanza y de la caridad, desde la unión y la comunión. Comunión con Dios, en su palabra, la eucaristía, etcétera, y comunión con los hermanos, con todos los hombres, y especialmente los más vulnerables, los más necesitados.

Prevost, entonces obispo de Chiclayo, impone las manos en la ordenación episcopal de Manuel Herreros
Prevost, entonces obispo de Chiclayo, impone las manos en la ordenación episcopal de Manuel Herreros | Diócesis de Palencia

P. Usted no ha podido estar en esos encuentros que ha mantenido el Papa agustino con sus hermanos agustinos...

R. No, no pude... Yo solamente le pude hacer llegar una carta personal donde decía que no podía estar, que me habían aconsejado los médicos que no participara. Y le recordé de una manera especial, porque justamente en mi ordenación episcopal, estuvo él presente y me impuso también las manos. Estaba entonces por casualidad de viaje por España y se enteró de que me ordenaban, y como él era entonces obispo de Chiclayo, vino a Palencia y me impuso las manos.

P. ¿Le ha podido contestar el Papa a esta carta que le envió o todavía no?

R. No, todavía no. Y yo espero, si puedo, más adelante devolverle su interés, porque sé que se ha interesado varias veces, a través de diversas personas, por mi estado de salud. Y quisiera devolverle esa sensibilidad y esa preocupación por mí, que significa una auténtica fraternidad.

P. Y sus hermanos agustinos que pudieron compartir con el Papa esos encuentros, ¿qué le han transmitido a usted?

R. Pues que él estaba muy normal, accesible, les habló sin papel, es decir, que no lo traía preparado. Les invitó a vivir lo que debemos ser los agustinos, seguir el carisma de San Agustín, seguir y vivir la comunión en fraternidad, en comunidad. Y, lógicamente, estar al servicio de la Iglesia y de la humanidad en los campos y ambientes que se necesiten.

P. Si tuviese que quedarse con una imagen o algún mensaje de los seis días de estancia del Papa en España, ¿cuál sería?

R. Me quedaría con el lema de la visita, 'Alzad la mirada' a Cristo, como dice el himno, a Cristo en la cruz. ¿Por qué? Porque a veces nos olvidemos de que nuestra vida solo tiene sentido desde Dios, desde Jesucristo, que es el amor, que tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo, y que ahí está nuestra salvación, la personal, pero también la comunitaria, la eclesial y de la humanidad. Levantar la mirada a Dios para después poder mirar con la mirada de Dios todas las cosas y todas las personas.

Es importante que el mensaje del Papa en el Congreso no se quede solo en los aplausos, sino que se pase a la vida diaria y a la convivencia, tanto a nivel de fe como a nivel de convivencia política, donde la fe también se tiene que encarnar

P. ¿Usted se hubiese imaginado en algún momento que veríamos y escucharíamos a un Papa hablando ante el Parlamento en España?

R. Pues no, aunque también es verdad que a veces se hace cuando vienen algunos jefes de Estado. Pero me ha gustado que esta vez, y también porque el Papa, además de ser Papa y lo que representa a nivel de la fe, también es representante de un pequeño Estado, y su mensaje, además, nos venía muy bien a todos en esta situación en que vivimos en España.

R. Por esa llamada al diálogo, al encuentro, a la apertura de unos y otros, porque solamente a través de la apertura de la convivencia sana podemos afrontar el futuro todos con esperanza, y no solamente nosotros, sino también dar un ejemplo a las generaciones venideras.

P. Es verdad, como recuerda usted, que ha habido otros jefes de Estado que han hablado en el Parlamento, pero ninguno ha recibido un aplauso de siete minutos...

R. Sí, sí, eso sí es verdad. Y también significará algo, sin duda alguna. Lo que pasa es que lo importante es que su mensaje no se quede solo en los aplausos, sino que se pase a la vida diaria y a la convivencia, tanto a nivel de fe como a nivel de convivencia política, donde la fe también se tiene que encarnar. Pero también necesitamos eso: que los mensajes de la fe pasen a la vida y los sepamos concretar y realizar en la convivencia diaria, en las obras, en la práctica y en la conducta responsable y libre de todos.

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