Memorias de África por el Raval: El Papa se encontrará con el agustino que le acompañó dos semanas "arrasando" por la sabana de Tanzania

El P. Mlelwa es agustino, fue el conductor que guió a su prior general más de 2.000 kilómetros por su Tanzania natal y el 10 de junio se reencontrarán en la parroquia de Sant Agustí, en el barrio del Raval, de Barcelona

El entonces prior general Prevost en un viaje a África
El entonces prior general Prevost en un viaje a África | RRSS

Se llama Faustin John Mlelwa, es agustino, fue el conductor que guió su prior general durante dos semanas por su Tanzania natal y esta tarde se reencontrarán en la parroquia de Sant Agustí, en el barrio del Raval, de Barcelona, donde el ahora papa León XIV se reunirá con representantes de aproximadamente 90 organizaciones que trabajan en el ámbito de la reducción de la pobreza, lacra que ese barrio sigue sufriendo y que ayudan a paliar, por ejemplo, en esa iglesia que está ya expectante.

Mlelwa espera con mucha ilusión la visita del Papa y poder recibirlo personalmente en la entrada de su parroquia, como señala en una entrevista recogida por el portal Katholisch. "Puede que ahora sea el Papa, pero siento como si me visitara un amigo" revela el fraile agustino, miembro de una comunidad que ayuda sobre todo a migrantes filipinos, peruanos y ecuatorianos que pasan por situaciones de pobreza en el barrio. Para ellos recolectan ropa y alimentos. «Espero que la visita del Papa atraiga la atención de muchos vecinos y residentes de Barcelona hacia nuestra labor y los anime a donar aún más».

2.000 kilómetros en un todoterreno

El P. Mlelway el Papa se conocieron en Tanzania en 2003, cuando Prevost era el prior general de los agustinos y se encontraba en el país africano visitando las distintas comunidades agustinas, y él lo llevó en un todoterreno a través de unos 2000 kilómetros por todo el país durante dos semanas.

Parroquia de Sant Agustí, en el barrio del Raval.
Parroquia de Sant Agustí, en el barrio del Raval. | Agencia Flama

"El Papa era un auténtico fanático de la velocidad, pisaba el acelerador a fondo. Se notaba que lo estaba disfrutando. Pero durante todo el trayecto me preocupaba que un elefante o una jirafa se cruzara en su camino en cualquier momento y que no pudiera frenar a tiempo a esa velocidad", reconoce el agustino en la entrevista, cuando comenta que Prevost, para darle un respiro, se ofreció a conducir también él el vehículo.

"Casi creo que simplemente tenía ganas de arrasar la sabana africana", señala el aguistino africano, utilizando el verbo "arrasar" deliberadamente, según remarca Katholisch. "Prevost tenía un gran sentido del humor y amenizaba el ambiente con chistes y anécdotas divertidas", recuerda el P. Mlelwa, y nunca se quejó de los muy modestos alojamientos en que tuvieron que quedarse y "se conformaba con la comida de los restaurantes más sencillos o los puestos callejeros. Siempre me preguntaba qué quería comer y luego pedía lo mismo".

De aquellas particulares 'memorias de África', el agustino tanzano recuerda la curiosidad del actual Papa, que le preguntaba por su vida y su vocación, compartiendo horas y horas de conversación por la sabana tanzana y haciendo, además, de traductor de sus homilías del inglés al tanzano. Ahora, le recibirá en su parroquia con un "¡bienvenido, hermano!".

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