"No quería ser papa ni de joven ni de viejo, pero cuando el Señor llama... hay que decir sí": La respuesta de León XIV a Renzo en el Raval
En un encuentro con las Realidades de Caridad y Asistencia Diocesanas de la Iglesia en Barcelona, reunidas en la parroquia de Sant Agustí, el Papa recordó que "ser cristiano es, ante todo, un regalo" en un emotivo encuentro en el que dijo que se sentía "en casa"
"Ser cristianos es, ante todo, un regalo, una gracia". Lo recordó esta tarde el Papa en su encuentro con las Realidades de Caridad y Asistencia Diocesanas de la Iglesia en Barcelona, reunidas para la ocasión en la parroquia de Sant Agustí, en pleno barrio del Raval, donde, como destacó el cardenal Juan José Omella en su saludo a León XIV, los religiosos agustinos y una comunidad de Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, "atienden, con la ayuda de muchos voluntarios, a los más necesitados y excluidos de nuestra sociedad"
"El cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado", incidió el Papa en su alocución [que puedes leer íntegra aquí], dionde, al igual qque durante todas sus intervenciones en Cataluña, alternó el catalán con el español.
En este sentido, el Papa agustino recordó que cada comunidad eclesial diocesana "está llamada a acercarse, según sus propias posibilidades y capacidades, con discreción, delicadeza y perseverancia a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y remediar su pobreza".
Algo que él pudo palpar en esa parroquia, donde, señaló, mostrando su alegría por ello, "estáis concretamente vinculados a la asistencia, acompañamiento y promoción de quienes más lo necesitan, sobre todo en los tiempos que estamos viviendo, en los que parece haberse perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano".
"El Señor, pues, nos invita a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano", subrayó a continuación el Pontífice, que concluyó este apartado de su discurso exhortando a los cristianos a "sed, pues, testigos creíbles de la esperanza cristiana en el servicio solícito a los hermanos y hermanas que, en una condición de vida precaria, marcada por la privación, la fragilidad o la marginación, además de ayuda material y sostén moral, necesitan a Dios, su amistad, su bendición, su Palabra, sus Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe", en una larga cita de Evangelii gaudium, la exhortación apostólica de Francisco, y la 'hoja de ruta' programártica del pontificado del papa argentino.
Antes, el papa Prevost había contestado a algunas preguntas que le había leído en directo Renzo, un niño de seis años, en temas como el deporte, si había soñado con ser papa o la atención a las personas mayores. Pero antes de responder, dejó las papeles e improvisó para dar las gracias. "Antes de seguir respondiendo quiero decirles gracias por la acogida, aquí me siento en casa, gracias por todo lo que ustedes representan". "La primera vez que vine a esta Iglesia –siguió– no estaba el arzobispo que tengo aquí a mi lado [dijo riendo y mirando a Omella]. Viajaba por tierra desde Roma hacia León y llegué y dije, 'en Barcelona hay una iglesia de San Agustín, vamos a visitarla'. Llegué y estaba cerrada. Hoy esta abierta y qué hermoso es llegar a una iglesia con una comunidad de agustinos y con tantas personas que viven, alaban a Dios y encuentran comunidad, acogida e integración en esta iglesi y en esta pastoral social. Muchas gracias a todos, de verdad".
Dejó de nuevo los papeles para responder a si quería ser papa de niño. "No quería ser papa ni de joven ni de viejo, pero cuando el Señor llama... hay que decir sí", improvisó, para luego retomar el hilo sobre la pregunta del deporte, aunque antes recordaría que, sobre el fútbol, el primer Mundial que siguió fue el de España, en el 82, cuando él estaba en el país. "Jugué de defensa, no era un gran goleador, luego en Perú seguía a los equipos locales y jugaba un poco con los seminaristas. Un poco de deporte es bueno para conservar nuena salud, mente y alma, y eso ha sido parte de mi vida".
Luego recuperó el guion y añadió: "El deporte es importante porque ayuda a crecer sanos de cuerpo y de mente. Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida", señaló en respuesta a la primera cuestión.
"Los abuelos son muy importantes en la vida de las familias. Nunca deberían quedarse solos", manifestó luego con respecto al cuidado de quienes antes nos han cuidado en algún momento. "No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos".
En otro momento de este intercambio con las realidades caritativas y asistenciales diocesanas, León XIV destacó la importancia para los cristianos del perdón, remarcando que "hay que entender bien qué significa perdonar". "Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón", subrayó el Papa.
