Palabras de José Mazuelos y testimonios en la catedral de Santa Ana

Mazuelos, obispo de Canarias, saluda al Papa en la catedral de Santa Ana
Mazuelos, obispo de Canarias, saluda al Papa en la catedral de Santa Ana | RD/Captura
11 jun 2026 - 15:45

Querido Santo Padre: 

Con inmensa alegría y profunda gratitud le damos la bienvenida a esta Iglesia diocesana reunida hoy, en torno a usted, en nuestra Catedral de Santa Ana. Su presencia entre nosotros fortalece nuestra fe, confirma nuestra comunión con la Iglesia universal y renueva nuestra esperanza como pueblo de Dios que peregrina en estas Eerras atlánEcas. 

En nombre de los sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas y fieles laicos de esta diócesis, quiero expresarle nuestra filial cercanía y nuestro afecto. Gracias por venir a encontrarse con esta comunidad creyente que desea caminar unida, escuchar la voz del Espíritu y servir con alegría al Evangelio. 

Santo Padre, nuestra diócesis posee una idenEdad profundamente marcada por su condición insular y fronteriza. Somos una Iglesia situada en medio del Atlántico, encrucijada de caminos entre Europa, África y América. Esta realidad ha configurado históricamente el alma de nuestro pueblo: abierta, acogedora y acostumbrada al encuentro entre culturas. 

Nuestras islas reciben cada año a millones de visitantes procedentes de numerosos países. El turismo constituye una de las principales fuentes de sustento para muchas familias y ha contribuido al desarrollo económico y social de nuestra tierra. Al mismo Eempo, esta realidad configura también profundamente nuestra vida humana, cultural y espiritual. 

El constante flujo de personas, la movilidad, el ritmo acelerado de la vida y una cultura centrada con frecuencia en el consumo y el bienestar inmediato plantean importantes desafíos para la evangelización. En muchos ambientes percibimos una creciente secularización que debilita el senEdo de Dios, la práctica sacramental y la transmisión de la fe en las familias. No pocos jóvenes crecen en contextos donde la experiencia crisEana resulta cada vez más frágil o marginal. 

Sin embargo, esta misma realidad nos impulsa a redescubrir nuestra vocación misionera, bajo el amparo de San Antonio María Claret que fue nombrado hace 75 años por Pio XI Copatrono de nuestra Diócesis. Queremos ser una Iglesia abierta y acogedora, capaz de anunciar el Evangelio también en medio de una sociedad plural y cambiante. El turismo, además de representar un desafío 

pastoral, consEtuye igualmente una oportunidad providencial para el encuentro, el diálogo y el tesEmonio cristiano. Nuestras parroquias y comunidades desean ser espacios donde tantos visitantes puedan encontrar no solo belleza natural, sino también la belleza de una fe viva, celebrada y compartida con alegría. Vivimos además otras realidades que interpelan profundamente nuestra misión pastoral: la precariedad laboral de muchas familias, las dificultades de acceso a la vivienda, la soledad de los ancianos, las heridas afectivas de tantos hogares y el drama migratorio que toca de manera especial nuestras costas. Ante ello, la Iglesia intenta mantenerse cercana, ofreciendo escucha, acompañamiento y ayuda concreta a quienes más sufren. 

A pesar de las dificultades, seguimos contemplando abundantes signos de esperanza. Nuestra diócesis cuenta con comunidades sencillas, pero profundamente creyentes. En numerosos pueblos y barrios, la fe popular continúa siendo una fuente viva de evangelización y pertenencia eclesial. Las celebraciones patronales, la devoción mariana, las peregrinaciones y la devoción a la Virgen del Pino conEnúan reuniendo a miles de fieles y manEenen viva una memoria creyente que sigue alimentando la idenEdad espiritual de nuestras islas. Tantas expresiones de religiosidad popular siguen sosteniendo la esperanza de nuestro pueblo y ofreciendo espacios de encuentro con Dios. La religiosidad popular sigue siendo también un tesoro precioso de nuestro pueblo. También contemplamos numerosos signos de gracia: comunidades vivas, sacerdotes entregados, que continúan sirviendo con entrega generosa, muchas veces en medio de grandes exigencias pastorales, atendiendo varias comunidades y acompañando complejas realidades humanas. 

La vida consagrada manEene una presencia silenciosa y fecunda entre los pobres, los ancianos, los enfermos, la educación y la oración contemplaEva. Nuestros laicos participan cada vez con mayor responsabilidad en la misión evangelizadora, en la catequesis, en la acción caritaEva y en el compromiso social. Através de tantas iniciaEvas eclesiales, la Iglesia diocesana procura estar cercana a los pobres, a los ancianos, a las familias heridas, a las personas sin hogar y a quienes sufren distintas formas de exclusión. Y nuestros jóvenes, aun en medio de una cultura tantas veces indiferente a la fe, siguen buscando razones para esperar y caminos de autenticidad. 

Santo Padre, deseamos seguir creciendo como una Iglesia sinodal, cercana y misionera; una Iglesia que no se resigna ante la secularización, sino que busca anunciar con renovado ardor la alegría del Evangelio. Una Iglesia que escucha, acompaña y anuncia con alegría a Jesucristo. Le pedimos que nos confirme en la fe y nos anime a no perder nunca la esperanza ni la pasión evangelizadora. 

Ponemos este encuentro bajo la protección de Santa Ana, patrona de esta santa Iglesia Catedral. Bienvenido, Santo Padre. Esta es su casa. Gracias por confirmar a esta Iglesia diocesana en la fe, en la esperanza y en la caridad. 

Testimonio de Padre Santiago Cerrato Cáceres (Vida Religiosa-Consagrada) 

Santo Padre. 

Los que estamos aquí dentro… y todos los que están ahí fuera: le queremos mucho. Soy sacerdote en esta diócesis, llevo de párroco 10 años. Y soy religioso y misionero claretano. Si tuviera que compartir algún regalo del Espíritu en este Eempo de misión en esta bendita Eerra de canarias sería el gozo de trabajar juntos, con religiosos de otras congregaciones, con el clero y con los laicos. 

Con el corazón en la mano y en nombre de todos mis compañeros y hermanos sacerdotes, de toda la vida consagrada presente aquí, santo padre, le doy las gracias por su presencia, por poder sentir de cerca el aliento del sucesor de Pedro, animándonos en nuestra tarea de anunciar el evangelio con hechos y palabras. Ya le damos las gracias por esta cercanía, por ese calor fraterno que nos transmite, como hermano mayor. 

Santedad: usted sabe muy bien que, en ocasiones, en la vida del sacerdote, delconsagrado, del laico comprometido, la soledad pesa, las dudas en ocasiones oscurecen el corazón y el cansancio parece más fuerte que la esperanza. Conoce, estoy seguro, nuestras luchas y heridas. También nuestras esperanzas y alegrías. 

Por eso quiero pedirle una cosa: rece a Dios por todos nosotros, para que todos y cada uno renovemos hoy y aquí, la certeza de ese amor incondicional de Padre Dios …a todos sus elegidos. Escuché su maravillosa oración dirigida a Jesucristo por todos los sacerdotes del mundo. Decía así: hazles sentir, Señor, que no son funcionarios ni héroes solitarios, sino hijos amados, discípulos humildes y pastores sostenidos por la oración de su pueblo. Ha venido, santidad, a una diócesis en la que trabajamos con una sinergia y colaboración que resulta una bendición del cielo. Me encanta su insistencia de vivir en la unidad, en medio de la diversidad, Eso lo experimentamos cada día en la colaboración mutua con los obispos, el clero, la amplia y rica presencia de la vida consagrada y haciendo y fomentando la comunión en el marco concreto de la parroquia 

Anímenos, Santo Padre, a seguir viviendo esta unidad y comunión en la iglesia diocesana., en la tarea evangelizadora de la iglesia universal, tejiendo nuestras relaciones con el mismo hilo que tejía María, nuestra madre: el hilo de la humildad, la ternura, el servicio constante.

Que descubramos cada día la belleza de esta vocación maravillosa de ser elegidos por Dios. …ojalá que siempre revesEdos de sana alegría y buen humor. 

Esta diócesis, como mencionó nuestro obispo, Eene una figura clave que nos impulsará de nuevo a dar vigor a la tarea evangelizadora: EL PADRITO CLARET, nuestro compatrono, junto a nuestra Señora la Virgen del Pino, su predecesor, el papa Pío XII lo definía así: san Antonio M.ª Claret es un santo moderno y destacó su figura como un gran apóstol y un modelo de infaEgable celo misionero para los Eempos actuales. 

Como religiosos, y vida consagrada con presencia riquísima en nuestra diócesis, en obras y carismas, aportamos empuje misionero y presencia cualificada en los diferentes ámbitos de la evangelización, pero resalto ese lugar preferido por Jesús donde se fragua la caridad crisEana: obras sociales, trabajo de fronteras, opción y presencia en los márgenes y zonas de pobreza… y todo ello en una hermosa colaboración y coordinación con caritas diocesana 

Ayúdenos, Santo Padre, a que revivamos ese ímpetu misionero que nos dejó el Padrito, con las nuevas y creaEvas tareas evangelizadoras, inspiradas al calor del Espíritu Santo. Cuando se fue Claret de la isla, santo padre, sentenció: Estos canarios me han robado el corazón. Usted, a su paso por esta Eerra, estamos seguros, se va a ir con esa misma experiencia y deseamos, todos, que nos lleve siempre en su corazón. 

Gracias por estar aquí Papa León. 

Testimonio Enélida Hernández Monzón, Secretaria General de Pastoral (Laicado) 

Santo Padre: 

Con profundo respeto, cariño y espíritu de comunión, queremos agradecerle su visita a Canarias. Soy Enélida Hernández, Secretaria General de Pastoral y Vicecanciller de la diócesis. Gracias por alentarnos a vivir una Iglesia más cercana, más misionera y más abierta a la acción del Espíritu. Su presencia entre nosotros es un regalo y un signo de esperanza para nuestras comunidades cristianas, que siguen caminando con ilusión en medio de los desatios de nuestro tiempo marcados por una gran secularización y con una gran disminución de las vocaciones. Somos conscientes, y así lo hemos trabajado en los últimos años a través de los encuentros diocesanos, de la necesidad urgente de pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral decididamente misionera. La urgencia de una nueva evangelización constituye hoy el mejor servicio que la Iglesia puede y debe ofrecer a nuestra sociedad. Por ello, sentimos la llamada a cambiar de paradigma: de una Iglesia centrada en conservar lo existente a una Iglesia en salida, que vaya al encuentro de quienes están lejos, heridos o desorientados, cumpliendo el mandato del Señor: “Id y haced discípulos”. 

Este cambio nos implica pasar de parroquias de servicios a parroquias evangelizadoras; de la preocupación exclusiva por los que están dentro al interés sincero por quienes están fuera, siguiendo el estilo de Jesús con Nicodemo o la Samaritana. 

Queremos comunidades capaces de generar cristianos, revitalizando la iniciación cristiana y promoviendo un liderazgo comparEdo donde todos nos sintamos corresponsable de la misión evangelizadora. 

Desde esta conciencia y respondiendo a la urgencia de anunciar el Evangelio a nuestro Eempo, nuestra diócesis viene recorriendo en los últimos años un camino pastoral marcado por una convicción clara: crecer en sinodalidad para revitalizar la misión evangelizadora, siguiendo el magisterio de la Iglesia del Papa Francisco y el suyo. Este proceso comenzó tras la fase de escucha del Sínodo sobre la Sinodalidad. 

Los frutos de esa consulta se convirEeron en nuestro Plan Diocesano de Pastoral y nos ha ayudado a tomar conciencia de que la misión no puede vivirse de manera individual ni fragmentada, sino desde la comunión, entendiendo que solo caminando juntos podemos responder a los desafíos actuales. Este camino tuvo un primer impulso en las I Jornadas de Pastoral, bajo el lema “Juntos somos más”, donde se presentó el proyecto marco del Plan Diocesano y se despertó en nuestras comunidades el deseo de caminar unidos.

Posteriormente, en las II Jornadas de Pastoral, “Juntos anunciamos a Jesús”, fuimos discerniendo la necesidad de avanzar hacia una estructura pastoral más misionera, apostando por las unidades pastorales, no como una simple reorganización, sino como una expresión concreta de una Iglesia que quiere ser verdaderamente comunidad. 

Queremos caminar hacia una Iglesia que sea verdaderamente “comunidad de comunidades”, como nos recuerda la Evangelii Gaudium, donde la parroquia, lejos de una estructura meramente administrativa, se convierta en un ámbito de viva comunión y en un centro de constante envío misionero. Aspiramos a construir comunidades vivas, cercanas y evangelizadoras, que compartan la fe, acompañen los procesos de las personas y anuncien juntos, con alegría y sencillez, a Jesucristo. 

De manera especial, las III Jornadas de Pastoral, “Pasión por evangelizar en comunidad”, ayudaron a profundizar en una pastoral más participativa y abierta a la acción del Espíritu. Todo este camino se ha ido concretando con materiales de trabajo, espacios de escucha y procesos de discernimiento que están ayudando a nuestras comunidades a vivir el espíritu del Sínodo en la vida cotidiana. En este camino hemos ido comprendiendo que la sinodalidad no es una estrategia, sino una forma de ser Iglesia. Como usted nos recordaba en la Vigilia de Pentecostés de 2025, la evangelización es ante todo obra de Dios, que actúa a través de los vínculos de comunión que el Espíritu suscita. 

No faltan dificultades: inercias, ritmos disEntos y resistencias… pero también hemos visto crecer una mayor corresponsabilidad y un estilo pastoral más partecipativo, donde el discernimiento compartido empieza a ser una realidad. 

Ahora nos preparamos para las IV Jornadas de Pastoral, “Llamados a la conversión”, donde daremos un paso más en la implementación de la sinodalidad. 

Más que resultados cerrados, lo que estamos viviendo es un proceso: un cambio de mentalidad, de corazón y de estilo eclesial. Estamos seguros de que su presencia fortalecerá nuestro compromiso de seguir abriendo caminos de unidad en una Iglesia diocesana más sinodal, misionera y evangelizadora. 

Santo Padre, le agradecemos profundamente su cercanía y su presencia entre nosotros, y le pedimos que nos siga acompañando con su oración para que podamos ser fieles a esta llamada a la conversión y a la misión. 

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