Hazte socio/a
Última hora:
"A día de hoy, no está previsto que el Santo Padre reciba a víctimas de abusos"

¿Qué sabe el Papa de España? Clave filosófica-teológica (III)

León XIV “escucha” una polifonía de autores españoles que intentan repensar cuestiones candentes que suscita la revelación, la imagen de Dios y la relación fe-cultura

M. Unamuno

Cuando León XIV piensa en España, no despliega primero archivos y estadísticas, sino que entra —casi en silencio— en una memoria viva, hecha de voces, textos, cuerpos orantes, conflictos y búsquedas. España, para él, no es una idea: es una tradición interpretada. Cuando piensa en España, entra —más bien— en un tejido de voces, una conversación secular donde teólogos, biblistas, filósofos, escritores y creyentes han intentado comprender qué significa Dios en la historia. España no es para él un objeto, sino una tradición interpretativa en movimiento.

Lo primero que León XIV percibe es que España no solo ha creído, sino que también ha pensado la fe. Sabe de los debates contemporáneos, la relación entre Dios, mundo y sociedad, objeto de investigación rigurosa. En esa tradición, la fe no se entiende como simple adhesión, sino como problema filosófico, cuestión ética e interrogante histórico. León XIV reconoce aquí un rasgo distintivo. En España, la teología nunca ha sido solo repetición, sino también discusión, tensión y búsqueda conceptual. León XIV “escucha” una polifonía de autores españoles que intentan repensar cuestiones candentes que suscita la revelación, la imagen de Dios y la relación fe-cultura. León XIV no encuentra una teología unificada, sino una búsqueda plural, a veces conflictiva, siempre inacabada.

Reconoce, en ese sentido, una tradición filosófica singular, marcada por una intensidad poco común. Sabe que en el trasfondo de la cultura española laten figuras que han planteado la fe como problema radical, no como evidencia heredada. En Miguel de Unamuno percibe esa conciencia desgarrada donde creer no elimina la duda, sino que la atraviesa. La fe aparece como lucha, como deseo irreprimible de no morir del todo, como una tensión entre razón y anhelo que nunca termina de resolverse. León XIV entiende que este modo de plantear la fe no es una debilidad, sino una forma particularmente honesta de habitarla.

Ortega y Gasset

En José Ortega y Gasset observa otro giro decisivo: la necesidad de pensar la vida concreta. La razón ya no es abstracta, sino vital; no se impone desde fuera, sino que emerge de la circunstancia. Para León XIV, esto tiene una consecuencia teológica profunda: la fe no puede presentarse como algo ajeno a la vida real de las personas, sino que debe dialogar con su historia, su contexto, sus heridas y sus posibilidades. En España —intuye— la fe solo puede ser significativa si se hace cargo de la vida tal como es vivida.

Y en María Zambrano descubre una apertura distinta, pero complementaria: la razón poética. Una forma de conocimiento que no reduce la realidad a lo conceptual, sino que la acoge en su misterio. León XIV percibe aquí una intuición clave para el presente. Cuando la razón se vuelve demasiado estrecha, la fe parece irracional; pero cuando la razón se ensancha, la fe puede aparecer como una forma más honda de comprensión. En este horizonte, filosofía y experiencia no se oponen, sino que pueden reconciliarse.

Desde esta constelación de pensamiento, el papa comprende que en España la fe ya no puede proponerse como un sistema cerrado y autosuficiente. Ha quedado expuesta a la crítica, a la sospecha, al desgaste cultural. Pero precisamente por eso, también ha sido purificada. Ya no se sostiene por inercia social, sino que reaparece —cuando lo hace— como pregunta radical: ¿qué significa vivir?, ¿qué hay más allá de la muerte?, ¿dónde encontrar sentido en medio de la fragilidad?

La pensadora malagueña, Maria Zambrano

León XIV intuye que incluso las corrientes que parecen alejarse de Dios no han dejado de girar en torno a Él. La ausencia, el silencio, la crisis de fe no son simplemente negación, sino también formas indirectas de relación. En España, piensa, incluso la distancia respecto a lo religioso conserva un tono existencial que remite a lo último. No es un olvido superficial, sino una búsqueda que a veces se expresa en clave de ruptura.

Por eso su diagnóstico es sutil. No se trata de un país que haya abandonado la pregunta por Dios, sino de un país donde esa pregunta se ha vuelto más exigente, menos obvia, más interior. La fe, en este contexto, no puede limitarse a repetirse; necesita ser repensada, recreada, incluso atravesada por la duda sin perder su centro.

Lo que León XIV sabe de España en el plano del pensamiento filosófico-teológico es que aquí la fe no se juega en la superficie, sino en profundidad

En esta clave, León XIV ve una oportunidad más que una amenaza. Una fe que ha pasado por la crisis puede volverse más libre, menos dependiente de apoyos culturales, más consciente de su propio núcleo. Una fe que dialoga con el pensamiento no para defenderse, sino para comprender mejor la experiencia humana que está llamada a iluminar.

Así, lo que León XIV sabe de España en el plano del pensamiento filosófico-teológico es que aquí la fe no se juega en la superficie, sino en profundidad. No como certeza fácil, sino como inquietud persistente. No como herencia incuestionada, sino como posibilidad que debe ser nuevamente elegida. Y en ese terreno —exigente, a veces incómodo, pero profundamente humano— descubre un lugar privilegiado para que el Evangelio vuelva a ser escuchado, no como respuesta prefabricada, sino como palabra que entra en diálogo con las preguntas más hondas de la existencia.

También te puede interesar

Lo último