Confía en tu Pastor, rebaño variopinto
Vía Media es dialogar discerniendo, en vez de negociar regateando
¿Unirá León XIV sensibilidades opuestas por el Único Camino?
He escrito demasiado en Religión Digital sobre este tema (mientras presentaba en japonés la Doctrina Social de la Iglesia durante estos diez años); me resulta raro-repetir lo de la “Cuarta Vía”, pero ante la venida del Papa lo creo necesario.
El Papa ha reavivado las ascuas y animará a esta variopinta nación de naciones, para hacer posible, eclesial y secularmente, lo que en política es sueño y misión imposible: el abrazo por el camino de en medio de sensibilidades centristas opuestas que, en vez de sentarse en “el punto medio” de una mesa de negociación para regatear intereses creados, avancen, hermanadas a la vez que confrontadas, reconociendo diferencias, por el Camino de en medio y se orienten hacia una unidad in via, aún no lograda.
La “cuarta vía” es la clave hermenéutica que permite leer juntos al Papa Juan de Pacem in terris, al Papa Montini de Octogessima adveniens, al Papa Juan Pablo de Redemptor hominis, a los papas Ratzinger y Bergoglio (coincidentes en Laudato Si) para llegar a la cumbre con Francisco y León aunados en Dilexit me.
(Silencio elocuente para ignorar Humanae vitae y Veritatis splendor) .
La cuarta vía conduce a una reforma eclesial no inmovilista (primera vía), no rupturista (segunda vía) y no de compromiso diplomático o comercial (tercera vía), sino de diálogo responsable por el camino, con capacidad de conversión, renuncia ideológica, y opción convivencial por el diálogo deliberador y discernidor.
Por la Cuarta Vía caminan del brazo pastoral ecuánime y la sana teología desescolastilizada y desdogmatizada. Desde la acera derecha extrema miran con escepticismo dogmáticos y canonistas. Desde la acera izquierda extrema lanzan puyas los del cambio irresponsable, azuzándoles para ir más de prisa. Desde balcones y miradores de estilo curial, los de la “via media vaticana” les invitan a pararse en el camino y, a mitad de distancia de las dos aceras, contentar a ambas con sonrisas de doble cara; proponen sentarse a mesas de negociación en el “punto medio” (trampeando o “Trumpeando”). Pero confiamos en que el Papa LeónLeo proseguirá caminando por la Cuarta Vía Creativa... y rugirá sosegado, pero rugirá sin miedo al cambio.
En los párrafos de Amoris Laetitia sobre el discernimiento de la conciencia responsable remitía Francisco a lo que dijo en Evangelii Gaudium sobre la pastoral del crecimiento condicionado por los límites. En ambos casos refuerza el texto con citas tomistas (que luego León podrá completar con agustinianas) sobre la pluralidad de expresiones de la razón teológica sobre la pluralidad de conclusiones de la razón práctica al tomar decisiones morales (EG 40, nota 44: S Th I q. 47, a. 1, y AL 304, notas 347-8: S Th I-II, 94, a. 4).
Son dos estilos diferentes de pensar y decidir sobre las cuestiones morales: uno es el estilo monolítico de la moral automática y estática; otro es el estilo explorador de la moral de discernimiento, dinámica y en camino.
Francisco opta por el segundo cuando propone la lógica de la misericordia en vez de la lógica de la condenación (AL 296); cuando prefiere el poliedro (AL 4), al monolito y los matices de la búsqueda exploradora, en vez de los dilemas de blanco o negro, propia del pensamiento de conclusión única, excluyente de opciones variadas.
Esta moral discernidora conjuga la propuesta de valores con la comprensión de las circunstancias (AL 307), crece hacia la meta y reconoce límites en el camino (AL305).
Francisco piensa así La Alegría del Evangelio, (EG, cap.1, especialmente nn. 40-45: crecimiento hacia la meta en medio de limitaciones), y en La Alegría del Amor (AL, cap. 8, sobre todo, nn.304 a 312: normas y discernimiento, lógica de la misericordia pastoral).
«Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren» (AL 287).
«Este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena» (AL 303).
«El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y el crecimiento» (AL 305).
Esta cuarta vía está amenazada (especialmente en el caso de esta Celtiberia que nos duele y nos produce vergüenza ajena cuando vemos por tele desde el extranjero los debates en el congreso de diputados español), está amenazada, digo, desde tres ángulos de acomplejamiento, tanto en el debate político como en el intraeclesial:
1) El extremismo de ultraizquierdas
2) El extremismo de ultraderechas
3) La crispación acomplejada, tanto de centro-izquierda como de centro-derecha, que incapacita para acuerdos de centro en favor de la vida y el bien común.
Esta tercera amenaza es la más peligrosa. Solo se supera con el diálogo de conversión, en vez de negociación de compromiso. En política es imposible por el condicionamiento de los debates por la alergia mutua de oposición y gobierno o por los cálculos electoralistas. Lo imposible en política será posible en la comunidad eclesial. Pastores como Francisco y León pueden en el Evangelio a ovejas variopintas divididas.
