El Papa pone 'patas arriba' el Movistar Arena (y casi suelta una lágrima)
"Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” era el título del encuentro de esta tarde con León XIV, donde el Papa recibió un baño de cariño, aunque quedan dudas de que de ese evento salga lo que pidió: "Ser hilos nuevos para tejer redes nuevas".
Las divisiones del Papa de las que se mofaba Stalin tomaron ayer y hoy el centro de Madrid alternando la alegre algarabía de quienes se encuentran y reconocen, con un silencio donde la algarabía es interior, y donde, si se está atento, responde Dios, como le dijo el Papa agustino a uno de los jóvenes de los alrededor de 500.000 que prefirieron la vigilia al perreo de Bad Bunny, cuando le preguntó cómo afinar el oído en medio de tanto ruido y palabrería vacía.
Uno ve el ring que prepara Trump ante la Casa Blanca y observa el altar frente a Cibeles y sabe realmente cuál de esas dos arquitecturas efímeras pervivirá en la conciencia. Se nota en los rostros de familias enteras que bajan al metro con sus banderolas tras la histórica misa y procesión del Corpus en Madrid, mientras ceden el lugar a quienes esta tarde han llenado otro emblemático punto de Madrid, el Movistar Arena, punto de encuentro para artistas de toda condición y a donde ahora quiere apuntarse el catolicismo, que ha visto que toca recoger el guante del evangelismo, que le lleva décadas de ventaja en esta puesta en escena.
‘Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte”, era el título del encuentro de esta tarde con León XIV. Tuvo teloneros el Papa en lo que a priori parecía un querer meter en la coctelera de la programación un acto con demasiadas aristas, aunque ya era esperanzador ver sentados juntos a empresarios y sindicalistas o ver a políticos a los que ronda la tentación de la censura o que se insultan a través de los medios.
El interés de la Iglesia por el encuentro con la cultura no es oportunista. Motor cultural durante siglos, se puso de perfil e incluso encendió piras contra ella. Pablo VI vino a restablecer el buen criterio y, en la Ecclesiam suam le marcó el rumbo para “ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir”, acuñando una frase que muchos aún ignoran, aunque se trate de una encíclica: “La Iglesia se hace coloquio”.
Y coloquio hubo en el Movistar Arena –lleno con 12.000 invitados– hasta que llegó el Papa matemático, que se pone en la estela de su predecesores, que fueron dando significativos pasos en la cosa de la cultura, creando por ejemplo un dicasterio para ella, el Atrio de los Gentiles o acuñando el deseo de la cultura del encuentro, aunque de momento las mejores representaciones artísticas sigan saliendo de manos y mentes agnósticas o ateas, ahí están el cine, la literatura o la música, libres de azúcares añadidos.
'Lux', el disco que hoy venera una parte de la Iglesia, nace del desamor humano, se gesta en esa misma escucha a la que invitó el Papa en la plaza de Lima, se alumbra en una especie de ágape postmoderno y se consuma con una Rosalía en otra relación profundamente humana con alguien de su mismo sexo. ¿Cómo no ver aquí lo que les dijo el papa Francisco a los artistas hace ahora tres años en la Capilla Sixtina (cuyo autor también se las traía): "Una de las cosas que acercan el arte a la fe es el hecho de perturbar”. “El arte y la fe no pueden dejar las cosas como están: las cambian, las transforman, las convierten, las mueven”, provocó a los artistas el provocador Papa argentino. Sin embargo, buena parte del actual 'arte cristiano' sigue removiendo la escudilla en la marmita de un ponche meloso.
Hubo perturbación en el Movistar Arena, pero la justa. La mayor, cuando entró el Papa, con un público rendido que hizo incluso, tras un largo aplauso, que se le humedeciesen los ojos. Algunas palabras del Papa, que entran pero no se quedan. Se vería después, cuando se sofocó un conato de silbidos y abucheos durante la intervención del líder de CCOO. “La Iglesia anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo”, diría el Papa.
Danza, canto, testimonios encomiables, pero quizás faltó un auténtico diálogo con quienes son creadores hoy de cultura y no tienen ni idea de qué hace la Iglesia por la labor. Ese es el intercambio necesario, no para convertir, sino para coexistir. Ejemplo reciente es el de Javier Cercas, más que explicado.
Lo de esta tarde era otra cosa, un acto que, fuera de la intervención del Papa, quizás hubierse merecido arriesgar un poco más en esa apuesta por una cultura del encuentro. Elevó un punto la intervención de Antonio Banderas, que no aludió a su papel en La ley del deseo, de Almódovar –cultura del encuentro para la sociedad en plena Transición, a la que aún le cuesta a la Iglesia– y se limitó a lo que le remueve su fe, su Semana Santa malagueña y el ser "víctima del hechizo de Dios".
"Os animo a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas", invitó el Papa, “para entramar una sociedad renovada”, para que “la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo”. Pero faltaron ovillos de mercerías de fuera y se notaba que se toleraba lo justo el género sindical allí presente, gesto el suyo de gran generosidad, sabedores de que no tejían en casa. Uno conoce algunos ejemplos que desde la Iglesia podrían ayudar a ensachar el campo, a hacer más consistente ese entramado. Resulta que la Iglesia aún no está preparada.
Esta tarde, los obispos han salido de la sacristía y entrado en el Movistar Arena. Algunos, al mirar al techo, se admiraban al contemplar ese otro entramado electrónico de focos y luces que crean un ambiente donde hoy se trasmite la cultura. Pocos han entrado en recintos similares donde palpita la vanguardia. Algunos, el anhelo de ese diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo, como enfatizó el Papa, lo sueñan en forma de monólogo.
