El Papa aterriza en Barcelona e invita a los catalanes a convertirse "en constructores de unidad"
"En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias", dijo en la catedral de Santa Eulalia
"En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias".
Palabras del Papa en el primer acto oficial de su estancia en Barcelona, segunda etapa de su viaje a España, que tanto está dando que hablar, la inmensa mayoría de las veces para bien en una sociedad que necesitaba un cierto respiro en medio de tanta polarización y superficialidad.
Las ha pronunciado León XIV en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, poco después de su aterrizaje en la capital de Cataluña, donde, sí, efectivamente, utilizó en varias ocasiones el catalán, lengua en la que también le recibió el cardenal arzobispo Juan José Omella, y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que le esperaban en el aeropuerto de El Prat, enclavado en la diócesis de Sant Feliú, razón por la que estaba también presente el obispo dominico Xabier Gómez.
Tras el saludo de bienvenida del purpurado aragonés, el Papa pronunció su homilía [que puede leer íntegra aquí], en donde invitó a la comunidad cristiana a mostrar a sus vecinos "un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón".
Recordó el Papa que "para nosotros trabajar juntos no es una elección de 'estilo', sino una necesidad fisiológica·, enfatizando "la variedad y la importancia de los roles y de las misiones" dentro de la Iglesia, pero subrayando que "el mensaje es siempre el mismo: en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu".
En este punto, volvió a aparecer el tema de la unidad, tan querido por el Papa agustino, remarcando que "es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día".
Abundaría en esta cuestión, en catalán, al afirmar que "Barcelona es llamada 'Cap i Casal de Catalunya'. Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad".
Tras la homilía, el Papa se dirigió a la cripta para un momento de reflexión y oración ante la tumba de Santa Eulalia. A la salida, el Papa improvisó un saludo, desde el micrófono, a los fieles que le esperaban en la plaza de la Seu.
Posteriormente, a través de la Puerta de Santa Eulalia, se trasladó a la Casa Arzobispal para almorzar con el cardenal Omella y se reunió en privado con el presidente Salvador Illa, y miembros de la Orden Agustina.