Teresa, voluntaria de Cáritas, ante la visita del Papa a Lucero: "Pasó del Palacio Real a la cocina de CEDIA, fue alentador"
Teresa, voluntaria de Cáritas, ante el Papa León XIV: «Pasó del Palacio Real a la cocina de CEDIA, qué gesto de humildad»
«Gracias por este hermoso servicio que hacéis, porque este es el signo de la esperanza en el mundo de hoy». Son palabras del papa León XIV en CEDIA, el proyecto de Cáritas Diocesana de Madrid en el que empezó sus encuentros pastorales en la archidiócesis.
En servicio había acudido ese día Teresa Serna, una de las tres personas del equipo promotor de voluntariado que estuvieron en CEDIA durante la visita del Santo Padre. Ellos eran, aclara, «representación de los 70 voluntarios» con los que cuenta CEDIA.
Teresa lleva casi siete años en el centro. «Empecé porque quería colaborar con Cáritas de alguna forma» y al principio iba a dar las cenas, aunque poco a poco se fue implicando más. Además de integrar el equipo promotor, acude un día a la semana a servir las meriendas y a impartir un taller de empleo a los residentes. Porque se trata, como dice el director del centro, Juan José Gómez- Escalonilla, de cubrir todas las necesidades, es decir, «alimentar a la persona con algo más» que comida.
El papa, en la cocina y en los dormitorios
El día que el Papa visitó CEDIA, el sábado 6 de junio, «fue muy bonito; comimos con los 15 usuarios del comedor» y esa experiencia fue intensa porque no se lo creían. «He pasado de estar en la calle y que nadie quiera ni mirarme a que venga el Papa a ver mi habitación», decía uno de ellos.
Efectivamente, León XIV pudo dar una vuelta por el centro, por los dormitorios, el comedor, firmó en el libro de visitas y llegó hasta la cocina, que ni ellos mismos se lo esperaban. «Cuando vas a cualquier sitio, no te enseñan la cocina nunca; pero allí estaba el Papa», señala Teresa. «Pasó del Palacio Real a la cocina de CEDIA, qué gesto de humildad, de tener claro cuáles son las prioridades de la Iglesia y de que el servicio el poner el Evangelio en obras».
«Lo que nos mueve —añade la joven— es la fe, buscar convertir el Evangelio en obras a través del servicio». Un servicio a personas que siempre son invisibles, «los últimos de los más pequeños», los que están no ya en riesgo de exclusión, sino directamente excluidos. Personas con las que muchas veces «no es más que sentarte con ellas y hablar». Y que dicen cosas como que «hacía mucho que nadie me miraba a los ojos». Como afirma Teresa, «las mochilas que lleva ahí la gente son difíciles».
Un encuentro alentador
En realidad, el encuentro de Teresa con el Papa fue un instante. Unos segundos de cruzar miradas y saludar, pero que han supuesto para ella «un chute de energía» porque esos momentos con León XIV a nadie dejan indiferente.
«Se ha visibilizado el proyecto y, en general, toda la labor de Cáritas», destaca la voluntaria. A nivel personal ha sido un «impulso, un aliento», el pensar que, aunque suponga «meterte en la cocina a poner cafeteras» una tarde calurosa de verano, «esto que hago merece la pena». «Tengo muchas ganas de seguir y de implicarme más», concluye. (Imagen inferior, el Papa emocionado durante el encuentro en CEDIA).
