Testimonios en el encuentro con la comunidad diocesana de Madrid (Iglesias en Madrid, Getafe y Alcalá) en el Estadio Santiago Bernabéu

El Bernabéu, rendido al Papa
El Bernabéu, rendido al Papa
08 jun 2026 - 20:15

Palabras del cardenal Cobo

Santidad, hermanos y hermanas: 

San Agustín nos dejó una intuición luminosa que hoy puede ayudarnos a comprender quiénes somos como Iglesia: “Cantad al Señor un cántico nuevo… cantad todos juntos, con un solo corazón y una sola voz.” Y añade, yendo más allá de la música:  

“Canta con la voz, canta con el corazón, canta con la vida.” 

Somos comunidad, Pueblo de Dios que, cuando vive unido, se convierte en un canto que lo hace presente: tanto más bello, cuanto más sabe armonizar la diversidad de sus voces. Sabemos —como nos ha recordado el camino sinodal— que la Iglesia no existe para sí misma, sino para evangelizar; que es un pueblo convocado y enviado en misión, donde todos, por el bautismo, participamos de la misma dignidad y de una responsabilidad compartida. 

Hablar del bautismo nos remite al agua. Y en Madrid, sus entrañas más hondas son un gran acuífero con un gran volumen de agua. Un agua del bautismo que es la fuente de aquello que somos y el fundamento más hondo de nuestra comunión como Iglesia Pueblo de Dios. Una comunión que, en este momento histórico, tan desgarrado y dividido, tenemos que abrazar cada vez con mayor intensidad. Así seremos una Iglesia que camina unida, que escucha, discierne y se deja guiar por el Espíritu, para ser signo e instrumento de comunión y de esperanza en medio del mundo. 

Cobo, en el Bernabéu
Cobo, en el Bernabéu

La Iglesia de Madrid quiere ser una Iglesia en salida: un hogar donde cada vocación cuente, donde la corresponsabilidad no sea una teoría sino un estilo de vida, donde la autoridad se viva como servicio y donde la misión se teja caminando juntos. Una Iglesia que no tema abrir procesos, que se deje interpelar por la realidad y que busque, con humildad, cómo anunciar hoy el Evangelio. 

Santo Padre, desde estas claves queremos alzar la mirada ante los grandes retos concretos que afronta esta Iglesia en Madrid hoy. Para ello, más que levantar la voz, aprender a afinarla; no tanto multiplicar discursos, como dejar que nuestra vida suene a Evangelio. El canto nace de la vida real: de la mezcla de luces y sombras, de la esperanza que se abre paso incluso cuando no todo está resuelto. 

El salmista dice: “Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Sal 84), y los discípulos de Emaús experimentan que su corazón ardía mientras caminaban sin entender del todo (cf. Lc 24,32). Así, nuestro canto no niega la noche, pero tampoco se resigna a quedarse en ella.

En nuestra diócesis hay muchos cantos, y todos son necesarios: Cantan los consejos de pastoral. Cantan los catequistas y los agentes de pastoral. Cantan los sacerdotes. 

Canta la vida consagrada. 

Canta el mundo de la educación. 

Cantan quienes cuidan la liturgia y sostienen espacios de oración. Canta la caridad y sus agentes. Cantan los mayores. Cantan las familias. 

Bernabéu
Bernabéu

Y cantan los laicos y laicas en medio del mundo. 

Reunidos en este gran escenario recibimos una interpelación: no basta con que haya muchas voces; es necesario que cantemos juntos, que haya armonía y comunión y que la sinodalidad - el caminar juntos - , sea real y visible. 

El canto del Buen Espíritu deja oír el Silencio de Dios. Solo Él es verdadero silencio. Silencio que todo lo acoge, que integra, que es Amor. Ser capaces de hacer juntos silencio nos permite escuchar la Creación y descubrir el susurro del Espíritu resonando en la libertad e interior de cada voz. El verdadero riesgo no es el silencio, sino la disonancia. Una Iglesia donde cada realidad canta por su lado puede ser muy activa, pero no necesariamente es significativa. 

En cambio, cuando aprendemos a escucharnos, cuando dejamos que el Espíritu afine nuestras diferencias y nadie pretende imponerse, entonces nace algo nuevo, algo que no se fabrica, sino que se recibe: la armonía. La Iglesia evangeliza de verdad cuando suena como un conjunto y no como una suma de solos, cuando la comunión se vuelve audible y deja entrever que es Cristo quien la sostiene. 

Querido papa León, hoy queremos abrazar con toda nuestra Iglesia su ministerio y acoger su palabra como quien recibe un abrazo. Unidos a la Iglesia universal, no queremos dejar de cantar, pero sí aprender a cantar juntos; no encerrarnos en nuestra propia voz, sino abrirnos a la fraternidad para que el Espíritu Santo componga un canto mayor que nos supera. Queremos ser un coro eclesial tan humilde y atento que se puedan oír hasta las voces más frágiles y lejanas. “Cuanto más amáis, mejor cantáis” dice San Agustín.  

Ahí descubrimos la clave de todo: la comunión no es estrategia, es fruto del amor. Aquí está la Iglesia, Santidad, con toda una apasionante misión por delante: la Iglesia de Madrid, que camina con las Iglesias hermanas de Alcalá de Henares y Getafe, a las que apenas separan unas carreteras, pero con las que compartimos una misma fe, una misma esperanza y una idéntica misión. Con su impulso queremos ser un cántico nuevo en medio de nuestras diócesis, una presencia que no se impone, pero que atrae; que no necesita alzar la voz pero que llega al corazón de quien quiera escuchar. Y quizá entonces, en medio de nuestra Provincia Eclesiástica, alguien podrá reconocer, sin que haga falta que se lo expliquemos demasiado, que ese canto no nace solo de nosotros, sino de Dios, y que en él habita una esperanza que merece la pena ser escuchada. 

Gracias, Santo Padre, por dirigir este canto y por cantar con esta Iglesia. 

Cobo, en el Bernabéu
Cobo, en el Bernabéu

Consejos pastorales I: Susana Arregui. Consejo diocesano de Laicos 

Santo Padre, soy Susana Arregui, y tengo la inmensa alegría de dirigirme a usted en nombre de los laicos de la Archidiócesis de Madrid. 

Puedo decir sin dudar que amo profundamente a la Iglesia, familia de Dios, donde todos tenemos un lugar. Soy consciente, junto a muchos hermanos y hermanas, de que, por el Bautismo, estamos llamados a ser apóstoles, anunciadores del Evangelio en medio del mundo. 

Sentimos con fuerza que esta misión es de todos: pastores, consagrados y laicos, y queremos caminar juntos, creciendo en corresponsabilidad y comunión. 

Sabemos bien que los movimientos, asociaciones y nuevas realidades, solo serán fecundos si en comunión ponemos nuestros carismas al servicio de la Iglesia y de la evangelización. Estamos convencidos de que los Consejos Pastorales y Económicos son un camino concreto para hacerlo posible: espacios reales de discernimiento y participación. 

Santidad, le pedimos su ayuda y su aliento para seguir construyendo una Iglesia donde todos nos sepamos llamados, enviados y protagonistas de la misión encomendada por Jesús. 

Susana, en el Bernabéu
Susana, en el Bernabéu

Consejos Pastorales II: Jesús Moure 

Soy Jesús Moure, laico padre de familia con dos hijos con discapacidad que, en los momentos de alegría y dificultad de la vida, me he apoyado en la familia, en la Iglesia y he sentido la fuerza del Señor a mi lado para vivir mi Fe. 

Me pidieron que formara parte de los Consejos de Pastoral, un órgano, como dice nuestro Cardenal Don José, con una misión en comunión, convergencia pastoral y ayuda mutua entre todas las realidades de la Iglesia, ya sea desde la Parroquia, el Arciprestazgo o la Diócesis, entendiendo que es una labor pastoral en salida, en Misión, intentando llegar a todos, ya que todos formamos parte de algo vivo: la Iglesia. 

Como bautizado y desde mi vocación de padre de familia, guiado por el Espíritu, sentí una gran alegría y responsabilidad, al convertirme en un miembro más activo de la comunidad y compartir con el resto de los miembros de la Iglesia mis dones, vocación y Fe. 

Quiero destacar que nuestro Cardenal Don José nos ha pedido a los laicos que, además de formar parte de los consejos de pastoral, en cada parroquia haya un coordinador laico que colabore junto con los sacerdotes animando al consejo pastoral de la parroquia. Rezamos por su Santidad y agradecemos su presencia junto a nosotros, así como sus palabras de aliento a nuestra misión 

Jesús Moure
Jesús Moure

Convivium: Fausto Calvo 

Santo Padre: 

Los sacerdotes de nuestra archidiócesis tuvimos la maravillosa oportunidad de reunirnos para ver qué sacerdotes necesita Madrid en este momento. Llamamos a esta reunión Convivium. El nombre es significativo. Fue un momento de profunda convivencia entre nosotros. 

Pudimos experimentar que, como dijo su predecesor, San Juan Pablo II, el ministerio sacerdotal tiene una “radical forma comunitaria”. Aquellos días experimentamos la unión entre nosotros, la misma llamada y la misma misión. También fueron días donde se puso en acto la comunión con nuestro Arzobispo. Y, a través de la comunión con él, experimentamos la comunión con Su Santidad. 

Agradecemos profundamente su mensaje en el que comienza llamándonos queridos hijos, lo cual nos conmovió profundamente, y nos recuerda que hoy Madrid, y la Iglesia entera, necesita sacerdotes configurados con Cristo para que podamos entregarnos con el don sincero de nosotros mismos. Por eso, en vez de contarle lo que fue, queremos cantarle lo que vivimos: 

Fausto Calvo
Fausto Calvo

Testimonio de familia migrante: Jorge Barco e Liliana Torres 

Somos Jorge Barco y Liliana Torres, un matrimonio peruano con 29 años de casados. Llegamos a España hace 4 años con un objetivo claro: ofrecerle a nuestra hija un lugar más seguro para vivir y pueda realizar sus estudios superiores que le permita construir un mejor futuro. 

Al llegar, sentíamos cierto temor por las historias que habíamos escuchado sobre el racismo y discriminación. Sin embargo, nuestra experiencia fue completamente distinta. 

Desde el primer día, España nos acogió con los brazos abiertos. Nos sentimos especialmente acompañados por la comunidad católica, en particular por los miembros de la Parroquia de los Misioneros de la Preciosa Sangre, congregación donde somos parte tanto del consejo parroquial como la catequesis para padres de niños que se preparan para la primera comunión y de igual forma, somos voluntarios de Cáritas, quienes nos han tratado como parte de su familia desde el inicio. 

La familia misionera
La familia misionera

En Cáritas, tenemos la oportunidad de hacer voluntariado y servir como monitores de niños en etapa preadolescente y adolescente dentro del programa EASE (Espacio de acompañamiento socioeducativo). Además, participamos como monitores en el programa Mamartesanas, donde apoyamos a madres — muchas de ellas en situación de vulnerabilidad brindándoles un espacio tranquilo y acogedor. 

Es un espacio donde a través de las experiencias de vida compartidas, se sienten fuertes para relacionarse entre sí, derribando barreras permitiendo que puedan caminar juntas desde una fraternidad auténtica. Confirmamos que ese modo de relacionarse transforma, sostiene y abre espacios donde cada quien puede sentirse acompañado y reconocido en su dignidad. 

Para nosotros, servir en estos programas no solo es una forma de ayudar, sino también una manera de devolver todo el cariño y apoyo que hemos recibido, alimentándonos cada día en la misión que tenemos en esta vida. 

Testimonio de Álvaro, joven adulto que acaba de recibir los sacramentos de iniciación cristiana 

Santo Padre, me llamo Álvaro y tengo 33 años. El año pasado me bauticé, me confirmé y tomé mi primera comunión. Por tanto, este es todavía mi primer año como cristiano. Toda mi vida llevé una camino totalmente ajeno a Dios, y no sólo ajeno, sino rechazando conscientemente al Señor. Siempre me identifiqué como ateo. 

Pero llegó un momento de mi vida en el que empecé a plantearme cuál era el sentido de las cosas, me sentía vacío… ¿por qué estamos aquí en este mundo? Me di cuenta que no tenía respuestas, empezó a surgir algo dentro de mí que sabía que le faltaba algo, y buscaba más. 

Testimonio de Álvaro
Testimonio de Álvaro

Y de esa sensación surgió un nuevo interés por las cosas de Dios, empecé a ver la belleza y el perfecto diseño en todas las cosas de este mundo, cosas que antes no veía.

Sentí una curiosa llamada, una pequeña y antigua Biblia de mi clase de religión del colegio que estaba guardada en casa de mi madre… Yo sentía literalmente cómo esta Biblia me llamaba. Sinceramente, ignoré esa llamada durante más de un año, pero no la dejaba de sentir, hasta que un día que andaba por allí decidí llevármela a casa. 

Las primeras páginas del Génesis me fascinaron, y no podía esperar a leer el testimonio de Jesús en el nuevo testamento. 

Leer la Biblia todos los días me llevó a conocer a Dios, a conocer a Jesús, y eso me llevó a rezar, y rezar me trajo una conexión directa con Él, algo que no había sentido nunca. 

Y poco a poco, conforme iba aprendiendo más sobre Jesús fui perdiendo el miedo, sentir su amor me cambió, y empecé a considerarme cristiano. 

Y esto ha sido el mayor regalo y bendición que he tenido en mi vida. Ahora en menos de un mes me caso, y ya no se trata solo de mí, si no de ir junto a mi familia más cerca de Dios. 

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