"La crisis migratoria no puede ser ignorada", pide el Papa ante las autoridades del país Francisco clama contra la explotación de mujeres y niños en su primer discurso en Tailandia

Francisco, ante las autoridades y cuerpo diplomático de Tailandia
Francisco, ante las autoridades y cuerpo diplomático de Tailandia

"Esta tierra tiene como nombre 'libertad'. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad"

Francisco aboga por el "respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas"

El Papa pide "proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias"

Bergoglio recuerda a "todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso"

Diálogo interreligioso, lucha contra la explotación sexual y laboral de mujeres y niños, lucha contra la desigualdad y acogida a los migrantes. Estos fueron los ejes del primer discurso del Papa Francisco en Tailandia, en el que realizó un llamamiento a ser "artesanos de la hospitalidad" en un país que, poco a poco, retorna "al normal proceso democrático".

La Casa de Gobierno de Tailandia es un palacio espectacular, rodeado de pagodas, verde y grandilocuencia. Una mezcla de tradición y modernidad acogió al Papa Francisco en su primer acto oficial del viaje a Bangkok, después de una breve ceremonia de bienvenida. 

Le costó a Francisco bajar del automóvil -en esta ocasión, no se trata de un pequeño utilitario-, y la tradición asiática de no tocar a desconocidos no ayudó: el responsable de seguridad tardó bastante en ofrecer su brazo al pontífice que, entretanto, luchaba por levantarse del mullido asiento. Una vez conseguido, junto a la alfombra roja, le esperaban el primer ministro, general Prayuth Chan-ocha, y su consorte.

Al final de la reunión privada, el Santo Padre y el Primer Ministro se trasladaron al Salón Interior para reunirse con las autoridades políticas y religiosas, representantes de la sociedad civil y miembros del Cuerpo Diplomático de Tailandia.

En su mensaje, leído en castellano, Francisco comenzó agradeciendo "poder visitar esta tierra rica de tantas maravillas naturales, pero especialmente custodia de tradiciones espirituales y culturales ancestrales, como la de la hospitalidad que hoy vivo en primera persona y de la cual quisiera hacerme cargo para propagar y acrecentar lazos de mayor amistad entre los pueblos". 

Francisco resaltó las recientes elecciones en el país, "que han significado un retorno al normal proceso democrático". "Como nación multicultural y caracterizada por la diversidad, Tailandia reconoce, desde hace tiempo, la importancia de construir la armonía y la coexistencia pacífica entre sus numerosos grupos étnicos, mostrando respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas", subrayó el Pontífice. 

En este sentido, el Papa celebró la creación de la 'Comisión Ético-Social', en la que participan las religiones tradicionales del país, y anunció su encuentro con el Supremo Patriarca Budista, "como signo de la importancia y la urgencia de promover la amistad y el diálogo interreligioso, y como servicio además a la armonía social en la construcción de sociedades justas, sensibles e incluyentes".

"Quiero comprometer personalmente todos los esfuerzos de la pequeña pero viva comunidad católica, para mantener y promover esas características tan especiales de los Thai, presentes en vuestro himno nacional: pacíficos y cariñosos, pero no cobardes; y con el propósito firme de enfrentar todo aquello que ignore el grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que anhelan ser liberados del yugo de la pobreza, la violencia y la injusticia".

"Esta tierra -señaló el Papa- tiene como nombre “libertad”. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad". Por ello, añadió,

"Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral"

En este punto, el Papa destacó el fenómeno de los movimientos migratorios y las condiciones en que estos se producen, lo que supone "uno de los principales problemas morales que enfrenta nuestra generación". "La crisis migratoria no puede ser ignorada", pidió Francisco, quien recordó la "trágica fuga de refugiados de países vecinos".

"Hago votos, una vez más, para que la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión, pueda resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico, y promueva una migración segura, ordenada y regulada"

, subrayó, reclamando "que cada nación elabore mecanismos efectivos a fin de proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias". "No se trata sólo de migrantes, se trata también del rostro que queremos plasmar en nuestras sociedades", insistió. 

En concreto, el Papa quiso referirse a "todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso", un "flagelo" que también se padece en Tailandia.

"El futuro de nuestros pueblos está unido, en gran medida, al modo como le garanticemos a nuestros niños un futuro en dignidad"

.

"Señoras y señores: Hoy más que nunca nuestras sociedades necesitan 'artesanos de la hospitalidad', hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo integral de todos los pueblos dentro de una familia humana que se comprometa a vivir en la justicia, la solidaridad y la armonía fraterna", concluyó Francisco.

El primer ministro saluda al Papa
El primer ministro saluda al Papa

Discurso del Papa a las autoridades tailandesas

Señor Primer Ministro, Miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático, Distinguidos líderes políticos, civiles y religiosos, Señoras y señores: 

Agradezco la oportunidad de estar entre ustedes y poder visitar esta tierra rica de tantas maravillas naturales, pero especialmente custodia de tradiciones espirituales y culturales ancestrales, como la de la hospitalidad que hoy vivo en primera persona y de la cual quisiera hacerme cargo para propagar y acrecentar lazos de mayor amistad entre los pueblos. 

Muchas gracias, señor Primer Ministro, por su acogida y por las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Esta tarde tendré la oportunidad de realizar una visita de cortesía a Su Majestad el Rey Rama X y a la familia real. Reitero mi agradecimiento a Su Majestad por su amable invitación a visitar Tailandia y renuevo mis mejores deseos por su reinado, acompañándolos con un sincero homenaje a la memoria de su difunto padre. 

Me complace tener la oportunidad de saludar y encontrarme con ustedes, líderes del gobierno, religiosos y de la sociedad civil en los que saludo especialmente a todo el pueblo tailandés. Mis respetos también al Cuerpo Diplomático. En esta ocasión, no puedo dejar de manifestar mis mejores augurios después de las recientes elecciones, que han significado un retorno al normal proceso democrático. 

El Papa, con el primer ministro tailandés

Gracias a todos los que han trabajado para la realización de esta visita. Sabemos que hoy los problemas que nuestro mundo enfrenta son, de hecho, globales; abarcan a toda la familia humana y exigen desarrollar un firme compromiso con la justicia internacional y la solidaridad entre los pueblos. Creo relevante subrayar que, en estos días, Tailandia terminará la presidencia de la ASEAN, signo de su compromiso histórico con los problemas más amplios que enfrentan los pueblos de toda la región del sudeste asiático y de su continuo interés en favorecer la cooperación política, económica y cultural en la región. 

Como nación multicultural y caracterizada por la diversidad, Tailandia reconoce, desde hace tiempo, la importancia de construir la armonía y la coexistencia pacífica entre sus numerosos grupos étnicos, mostrando respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas. La época actual está marcada por la globalización, considerada con demasiada frecuencia en términos estrictamente económicos-financieros y proclive a cancelar las notas esenciales que configuran y gestan la belleza y el alma de nuestros pueblos; en cambio, la experiencia concreta de una unidad que respete y albergue las diferencias sirve de inspiración y estímulo a todos aquellos que se preocupan por el tipo de mundo que deseamos legar a las generaciones futuras. 

Celebro la iniciativa de crear una “Comisión Ético-Social”, en la que invitaron a participar a las religiones tradicionales del país, a fin de recibir sus aportes y mantener viva la memoria espiritual de vuestro pueblo. En este sentido, tendré la oportunidad de encontrarme con el Supremo Patriarca Budista, como signo de la importancia y la urgencia de promover la amistad y el diálogo interreligioso, y como servicio además a la armonía social en la construcción de sociedades justas, sensibles e incluyentes. Quiero comprometer personalmente todos los esfuerzos de la pequeña pero viva comunidad católica, para mantener y promover esas características tan especiales de los Thai, presentes en vuestro himno nacional: pacíficos y cariñosos, pero no cobardes; y con el propósito firme de enfrentar todo aquello que ignore el grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que anhelan ser liberados del yugo de la pobreza, la violencia y la injusticia. Esta tierra tiene como nombre “libertad”. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad. Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral. 

A este respecto, deseo detenerme brevemente en los movimientos de migración, que son uno de los signos característicos de nuestro tiempo. No tanto por la movilidad en sí, sino por las condiciones en que esta se desarrolla, lo que representa uno de los principales problemas morales que enfrenta nuestra generación. La crisis migratoria no puede ser ignorada. La propia Tailandia, conocida por la acogida que ha brindado a los migrantes y refugiados, ha enfrentado esta crisis debido a la trágica fuga de refugiados de países vecinos. Hago votos, una vez más, para que la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión, pueda resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico, y promueva una migración segura, ordenada y regulada. Ojalá que cada nación elabore mecanismos efectivos a fin de proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias. No se trata sólo de migrantes, se trata también del rostro que queremos plasmar en nuestras sociedades. 

Y, en este sentido, pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso. Manifiesto mi reconocimiento al gobierno tailandés por sus esfuerzos para extirpar este flagelo, así como a todas aquellas personas y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar este mal y ofrecer un camino de dignidad. Este año, en el que se celebra el trigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, se nos invita a reflexionar y a trabajar con decisión, constancia y celeridad en la necesidad de proteger el bienestar de nuestros niños, su desarrollo social e intelectual, el acceso a la educación, así como su crecimiento físico, psicológico y espiritual (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático, 7 enero 2019). El futuro de nuestros pueblos está unido, en gran medida, al modo como le garanticemos a nuestros niños un futuro en dignidad. 

Señoras y señores: Hoy más que nunca nuestras sociedades necesitan “artesanos de la hospitalidad”, hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo integral de todos los pueblos dentro de una familia humana que se comprometa a vivir en la justicia, la solidaridad y la armonía fraterna. Ustedes, cada uno desde su lugar, dedican sus vidas a ayudar para que el servicio al bien común pueda alcanzar todos los rincones de esta nación; esta es una de las tareas más excelsas de una persona. Con estos sentimientos y deseando que puedan llevar adelante la misión encomendada invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre esta nación, sus líderes y sus habitantes. Y pido al Señor que guíe a cada uno de ustedes y a sus familias por los caminos de la sabiduría, la justicia y la paz. 

Volver arriba