Catorce meses desde la elección de León XIV, un fraile conventual y misionero
"Francisco tuvo la misma prudencia con Prevost que San Juan Pablo II la tuvo con el cardenal Ratzinger, su preferido sucesor"
"El catolicismo es esencialmente social. Social en el más sentido profundo del término: no solamente por sus aplicaciones en el dominio de las instituciones naturales, sino en sí mismo, en su centro más misterioso, en la esencia de su dogmática. Social hasta tal punto, que la expresión de “catolicismo social”, debería haber parecido siempre un pleonasmo".
Henri de Lubac. Catolicismo
A los catorce meses desde la elección papal de R.F. Prevost, parece conveniente reiterar lo que ya debería ser sabido, con las consecuencias inherentes, acerca del ser y estar del nuevo papa, un fraile conventual y misionero, pareciendo existir confusión, siendo este artículo, si Dios quiere, el principio de otros. Con permanencia, unos quieren y buscan situar a León XIV en el ámbito del anterior papado, el de Francisco, y otros distinto y distante, ajenos a él.
Fui consciente de la gran relevancia del misionero y fraile mendicante, Robert Francis Prevost, acaso tarde: fue en el en el momento en el que el papa Bergoglio, el 30 de enero del año 2023, le nombró Prefecto del importante Dicasterio para los Obispos, integrado en la curia romana, institución al servicio del romano pontífice en el ejercicio supremo del oficio pastoral. Tal dicasterio tiene competencia para la constitución y provisión de las iglesias particulares y el ejercicio del oficio episcopal en la Iglesia latina, incluyendo el nombramiento de obispos y la preparación de lo concerniente a las visitas al papa de los obispos ad limina apostolorum.
Hasta ese momento, el 30 de enero de 2023, el fraile agustino y norteamericano era obispo de una pobre diócesis de Perú, en tierra de misión, la de Chiclayo, desde el año 2015, habiendo sido el año anterior, administrador apostólico, en tiempos y por los nombramientos del papa Francisco. Y todo empezó mucho antes, cuando llegó Prevost, sacerdote agustino, a América Latina en 1985. Hubo muchos puntos de unión o de comunión con el argentino arzobispo Bergoglio, con destinos ambos en esa América, y con más relaciones con teólogos de la llamada “Teología de la Liberación” que con miembros destacados del Opus Dei (cardenal Cipriani, arzobispo de Lima y otros), del Camino Neocatecumenal y luego con El Sodalicio.
Pensé entonces en la gran categoría personal que debería tener el obispo agustino para el “salto” tan impresionante: pasar de la titularidad de una modesta diócesis en tierra de misión a ser prefecto de uno de los más importantes dicasterios vaticanos, “el de los Obispos”. Ciertamente que Francisco, desde su elección en 2013, ya nos había acostumbrado a nombramientos episcopales y elecciones un tanto fuera de la norma habitual y tradicional. Pero el nombramiento de Robert Francis Prevost fue “un salto” especial y cualitativo, que presuponía un conocimiento profundo por el papa acerca del ser y estar del nombrado, muy alejado de los modos y maneras de la Iglesia romana, de muchas pompas, oros y triunfos. El obispo Prevost fue designado para desempeñar un cargo curial, que exigiría un estrecho contacto con el Papa --mano derecha del Papa en la elección de Obispos--, y además, exigiría contactos con figuras poderosas e influyentes de la Iglesia universal. La llamada a Roma de monseñor Prevost fue consecuencia de mucha meditación, examen y valoración por el mismo papa Francisco, habiendo resultado, por lo ocurrido después, muy acertada.
Mi impresión fue también la de muchos otros escritores y articulistas sobre el Vaticano, en Roma y en el mundo, que en sus respectivos medios así lo destacaron. Pero parece que pronto se olvidaron, lo que se comprobó con ocasión del cónclave de mayo de 2025, a la muerte del Papa Francisco (un 21 de abril), pues muy pocos consideraron papable al cardenal Prevost. Creo que yo no lo olvidé en mis modestos escritos, en Religión Digital, pues sí le consideré, y siempre, un papable destacable.
En la ceremonia vaticana, en la Plaza de San Pedro, un soleado día, el 30 de septiembre de 2023, tuvo lugar la ceremonia del Consistorio Ordinario y Público, en el que fueron creados 21 nuevos cardenales por el papa Francisco, imponiéndoles, a vista del pueblo cristiano (con publicidad), la birreta cardenalicia, la entrega del título y el anillo. Entre los 21 nuevos cardenales estaba, y de manera destacada, monseñor Robert Francis Prevost. Escribo “de manera destacada” pues Prevost fue el primero o la cabeza en la procesión de los 21 purpurados o cardenales, que atravesaron la Plaza de San Pedro hacia el altar, cercano a la entrada en la Basílica, donde estaba el Papa; y también “de manera destacada” pues, en nombre de los nuevos purpurados, los cardenales creados, pronunció delante del Papa una alocución importante, en la que dio las gracias por la confianza recibida, proponiendo una radicalidad evangélica en el servicio a prestar y señalando su peso. (“Toda honra -citó- lleva un peso”). Se refirió el nuevo cardenal Prevost a la necesaria humildad e indicando que Cristo “llama” a través de la persona del papa, que recordó se debe aprender a escuchar. Finalmente monseñor Prevost señaló que la ceremonia del Consistorio tiene lugar apenas unos días antes de la inauguración del Sínodo, llamado de la sinodalidad, destacando su importancia.
Pudiera ser que tal preeminencia tuviera su razón de ser en la condición de arzobispo Prefecto del Dicasterio de los Obispos, siendo indudables, en cualquier caso, las muestras de afecto y satisfacción por parte del Papa respecto al nuevo purpurado. Ahora mismo también se da el caso de que el prefecto del Dicasterio de los Obispos, nombrado por León XIV, no es aún cardenal: monseñor Filippo Lannone, el cual acompañó al Papa en el reciente e importante viaje a España.
No debo omitir que, en el mismo consistorio en el que fue creado cardenal el obispo misionero y agustino, monseñor Prevost, también lo fueron otras personalidades de la Iglesia de notoriedad destacada. Fueron creados cardenales en el mismo consistorio, entre otros los monseñores Víctor Manuel Fernández, en la actualidad Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe; Pierbattista Pizzaballa, en la actualidad patriarca latino de Jerusalén; José Cobo Cobo, en la actualidad arzobispo de Madrid; Francois-Xavier Bustillo, en la actualidad obispo de Córcega; y Ángel Fernández Artime, en la actualidad pro/prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.
Otro hecho importante sobre la cercanía del papa Francisco a monseñor Prevost, ocurrió el 6 de febrero de 2025, meses antes de la muerte de Francisco y pocos días después del importante viaje a Córcega. En aquel día del año 2025, el papa promovió al ya cardenal Prevost al Orden superior de los cardenales-obispos, concediéndole el título suburbicario de Albano. Y esto último supone la existencia de tres órdenes dentro del Sacro Colegio de Cardenales. Si bien todos los cardenales son previamente ordenados obispos, se ha conservado en el Código de Derecho Canónico los tres Órdenes (Canon 350), al parecer por insistencia del Papa San Juan Pablo II. Dicho canon, el 350, dispone: “El Colegio cardenalicio se divide en tres órdenes: el episcopal, el presbiteral y el diaconal”. El orden episcopal, al que se incorporó Monseñor Prevost por decisión del Papa Francisco, comprende únicamente seis cardenales, que obtienen el título de una o de dos de las siete diócesis suburbicarias; el orden presbiteral comprende los cardenales a los que el Papa asigna el título de una basílica romana; y el orden diaconal comprende los cardenales a los que el Papa atribuye la diaconía de una basílica romana.
Cuando en 2023 el Papa creó cardenal a monseñor Prevost, le asignó la diaconía de Santa Mónica, privilegiándole el 6 de febrero de 2025 -reitero- con la inclusión en el Orden de los cardenales-obispos, lo cual fue otro dato muy importante, facilitado por el papa Francisco, indicativo de sus preferencias, lo que pasó casi inadvertido.
Y existe alguna otra prueba pública de la fijación papal en el cardenal Prevost con deseo de futuro, inevitablemente grandioso, y ello con los tradicionales tactos, prudencias y precauciones ante un cónclave próximo, de responsabilidad exclusiva de los cardenales electores. Francisco tuvo la misma prudencia con Prevost que San Juan Pablo II la tuvo con el cardenal Ratzinger, su preferido sucesor. Y llamó la atención en el último viaje apostólico del papa, a Ajaccio (capital de la isla francesa de Córcega), el domingo 15 de diciembre de 2024, con ocasión de la clausura del congreso sobre “La religiosidad popular en el Mediterráneo”, que el Papa estuviese acompañado por el cardenal Prevost –no llamó la atención la presencia del otro cardenal, Dominique Mamberti, el protodiácono, por sus vínculos con la isla, aunque nacido en Marruecos--.Este último viaje fue trascendente, quedando el papa extremadamente satisfecho por la masiva presencia de jóvenes, y en una diócesis bien gobernada por el muy apreciado y joven obispo Bustillo.
Se comprendió después el porqué de ese viaje a Córcega y la no presencia papal el 7 de diciembre de 2024, en París, con ocasión de la reapertura por reconstrucción de la catedral de Notre-Dame (sobre ese importante viaje del 16 de diciembre de 2024 en Religión Digital escribí: ”Papa Franciscu in Corsica. Piedad popular y laicidad).
Que el Papa León XIV, en su primera declaración como papa, después del Habemus Papam por oficio de monseñor Mamberti, se haya por dos veces referido al anterior Papa Francisco entra dentro de los usos y la tradición. Más chocante fue que en la primera Exhortación apostólica de León XIV, del 4 de octubre de 2025, denominada Dilexi te, sobre el amor hacia los pobres, se escriba en el número 3: “En continuidad con la encíclica Dilexit nos, el papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres”.
En el Mensaje del Santo Padre, León XIV, el 15 de junio de 2026, con motivo d la X Jornada Mundial de los Pobres, declaró: “Como recordé en la Exhortación apostólica Dilexi te, Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado”. Y en el número 103 de Dilexi te, escribe el Papa León XIV: “He decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que ésta forma parte esencial del camino interrumpido de la Iglesia”.
“Teología de los pobres”, la de Francisco, e idéntica teología la de León XIV, siendo de recordar la homilía del papa Prevost en la misa del Jubileo de los Pobres el 16 de noviembre de 2025, celebrada en la Basílica de San Pedro, con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres, resonando aún lo de “Iglesia, madre de los pobres”.
No se entenderá el Pontificado de León XIV sin tener en cuenta su condición de misionero en América Latina, donde vivió la pobreza, y no se entenderá su pontificado sin tener en cuenta su condición de fraile mendicante, que también remite a la pobreza, con promesa, votos o compromisos, de los tres “consejos evangélicos”, y que remite a una vida, lejos de soledades, sino comunitaria, lo que, naturalmente, no contraría su lema episcopal: “En Cristo, somos uno”. Y es arriesgado buscar identidades entre los papas, personas de destacada personalidad, especialmente en el caso de León XIV, que sorprendió al mundo leyendo la primera declaración desde el balcón vaticano y redactado el texto antes de concluir el cónclave. ¡Qué hecho para no olvidar y tender siempre en cuenta!
La condición de papa misionero en América Latina acerca sin duda el papa Prevost al Papa Francisco, con vida eclesiástica también en la problemática América latina, lejos ya la Iglesia del eurocentrismo (papa Ratzinger). Con Ratzinger concluyó un tiempo del papado europeo; Francisco fue el primer Papa de América del Sur y León XIV fue el primero de América del Norte y misionero en América del Sur (Perú). “América Latina --como escribió Jean Jacques Kourliandsky (La Vanguardia dossier, julio-septiembre de 2013) es una persistente prioridad de la Santa Sede”, no pudiéndose omitir el fenómeno de las conversiones de católicos hacia movimientos cristianos, y lo sigue siendo en junio de 2026 (importancia para América del Sur del viaje del papa a España). Para la elección de León XIV, en el cónclave de 2025, fue también muy importante y claves sus nacionalidades, la norteamericana y la peruana.
En el artículo del prestigioso teólogo y emérito catedrático de la Pontificia salmantina, Olegario González de Cardedal, publicado en Babelia el ya lejano 30 de abril de 2005, se concluye (Retrato de un Papa intelectual): “Joseph Ratzinger ha sido toda su vida un profesor de universidad para quien la búsqueda y servicio a la verdad del hombre y a la verdad de Dios fue la suprema pasión de su vida”. Y fue ese papa un 23 de septiembre de 2011 el que presidió una ceremonia ecuménica en la iglesia del antiguo convento de los agustinos, recordando al fraile agustino y reformador Martín Lurtero. En esa ceremonia, predicaría Benedicto XVI: “La unidad suprema no es la soledad, sino la unidad a través del amor”, lo que recuerda a predicaciones de León XIV.
Ratzinger empero fue más hombre de palacios que de conventos, más solitario que conventual, habiendo preguntado en un artículo el 1 de enero de 2016: “¿Podría Benedicto haber pertenecido a alguna orden religiosa? Y la respuesta fue que no”. Ratzinger más de estéticas y bellezas -de estética teológica y de lo Pulchrum, siguiendo al genio del teólogo suizo Von Balthasar- que de polvos al caminar en tierras lejanas y de misión; de uso de pectorales, de muchos oros y piedras preciosas, y con calzas rojas de marcas y otros lujos durante su pontificado, con sombrero y capa también rojas, pues quitando la sotana blanca, el resto de lo papal es de color rojo. La diferencia con León XIV es manifiesta, y a modo de sencilla muestra, véanse el uso de pectorales sencillos y mírense el empleo de ordinarios zapatos negros, que recuerdan al papa Francisco. Y todo ello no supone que se nieguen a Ratzinger atributos extraordinarios: sus encíclicas, especialmente las dos sobre la caridad, me siguen pareciendo inmejorables. Fue un papa esteta, de pies a cabeza, con un sentido profundo de lo bello y de la veritas splendor, habiendo llegado a escribir: “La belleza es una de las pruebas de la existencia de Dios”.
Y a todo papa, sea como Ratzinger o como León XIV, acecha un peligro: la papolatría, lo cual, como ha escrito Roberto Agemeau (Le Monde, 6 de mayo de 2025), antiguo sacerdote y hoy en el estado laical, “es asunto muy propio del catolicismo, pues el cristianismo es más amplio que la Iglesia católica”, culpando Agemeau al papado de los grandes cismas que rompieron la unidad de los cristianos. Sin duda que en el pensamiento de Robert Ageneau hay excesos, pero también asuntos a discutir, también la fundamentación teológica del primado de Pedro, cuando únicamente en el Evangelio de San Mateo se escribe: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra yo edificaré mi Iglesia”. Los restantes tres evangelistas nada escriben sobre ello.
Y termino con Henri de Lubac y su libro Catolicismo, que lleva un subtítulo importante: “Aspectos sociales del dogma”, que también es un libro para meditación, acordándome de León XIV, y aconsejando leer con detenimiento los capítulos XI y XII, titulados, respectivamente, Persona y Sociedad y Trascendencia. Siguiendo a Henri de Lubac sobre la importancia de lo social en la Iglesia Católica, se podrá añadir que la llamada Doctrina Social no es un complemento,sino que forma parte, intrínsecamente, del ser del mensaje cristiano. Acaso para entender ello haya que ser o haber sido misionero como el Papa Prevost.